lunes, 22 de junio de 2009

EL BOLIVAR DE CARLOS MARX

"Es justo y necesario que mi vida pública se examine con esmero, y se juzgue con imparcialidad". (Simón Bolívar)

Por JOSÉ MORALES MANCHEGO

La historia de América, el arte y la literatura nos han dado a conocer muchas facetas importantes sobre la vida de Simón Bolívar, el Genio de América Hispánica, que también tiene puesto de honor en los es­trados de la historia universal. Así mismo, se han difundido obras sobre el pensamiento oceánico del Libertador, analizado desde las posiciones de escuelas históricas diferentes. Pero falta más difusión y estudio sobre la po­sición fijada por Carlos Marx, ese genio espe­culativo y heurístico del siglo XIX, sobre la fi­gura cimera de Bolívar.

"El Caballero de la Lucha de Clases", en su ar­tículo escrito en 1858, titulado Bolívar y Ponte, intenta demoler históricamente la figura de Bolívar, centrando su análisis en el ámbito mi­litar y desconociendo otros aspectos, como la entereza revolucionaria y la actitud del Libertador frente a las clases sociales, en el proceso de independencia hispanoamericana. El padre del materialismo histórico, sin parar mientes en lo que es una personalidad histórica, y abandonando su llamado "hilo conductor", dice que Bolívar entregó a Puerto Cabello, la fortaleza mejor equipada de Venezuela; afirma que Bolívar en los combates salía huyendo, razón por la cual lo llama "el Napoleón de las retiradas", y lo acusa ante el mundo de haber traicionado a Francisco Miranda, conocido como el "Precursor de la Independencia Amer­icana". En este punto es preciso anotar, que la deformación que hace Marx del Libertador no es tan grande por lo que dice, sino por lo que omite.

Carlos Marx, olvidó que Bolívar, en la guerra de independencia, administraba los escasos re­cursos de las mal armadas tropas del ejército patriota, que en condiciones deplorables se enfrentó y derrotó a uno de los Imperios mas poderosos de la Tierra, cuyo ejército ostentaba una reconocida experiencia guerreando con­tra romanos, turcos, moros y contra las inva­siones de los llamados pueblos bárbaros. Carlos Marx pasó por alto que Bolívar no fue un ser sobrenatural, sino un hombre de carne y hueso, con sus grandezas, sus defectos y sus flaquezas. Un hombre que supo batirse glorio­samente, en combates fulgurantes, hasta al­canzar la libertad de un mundo. Bolívar fue el genio indiscutible de la guerra de independen­cia. Obviamente que en varios de sus combates fue arrinconado, pero en tales circunstancias luchó a muerte, y aunque algunas veces estu­vo a punto de perecer, pudo escapar milagro­samente, poniéndose a salvo de la furia del enemigo. El padre de América se retiró estra­tégicamente de algunos, combates, pero jamás se retiró de la causa de la independencia. Esa causa la llevó hasta el fin. Por eso la grandeza de Bolívar, como dice Lavretski, reside "en que durante la guerra de independencia supo ex­presar las esperanzas de la gentes sencillas, de los indios, los negros, los llaneros, quienes se habían levantado contra los colonizadores", hasta la victoria final.

El artículo de Carlos Marx tiene insuficiencias teórico-metodológicas y adolece de innumera­bles imprecisiones históricas y tergiversaciones, muchas de las cuales han sido aclaradas y explicadas por Pedro Scaron en las notas mar­ginales hechas al mencionado artículo, publi­cado en el libro Materiales para la Historia de América Latina, que es una compilación de textos de Carlos Marx y Federico Engels. Por demás, la Investigación histórica sobre los hechos de la Independencia ha demostrado que el doctor Marx estaba equivocado.

Los juicios históricos deben hacerse con base en pruebas doc­umentales, testimonios u otras fuentes confiables. En ese sen­tido, para que el lector se forme una idea objetiva sobre el Liber­tador, me permito relacionar lo que dicen algunos personajes que estuvieron muy cerca de él, información documental que en su mayoría se encuentra compilada en el libro de Aníbal Noguera Men­doza y Flavio De Castro, titulado Aproximación al Libertador. Testimonios de su época. He aquí los testimonios:

El General José de San Martín, en un documen­to fechado en Guayaquil, en julio de 1822 dice: "En cuanto a los hechos militares de este ge­neral (Bolívar), puede decirse que le han mere­cido, y con razón, ser considerado como el hombre más asombroso que haya producido la América del Sur".

El General José Antonio Páez asevera que Bo­lívar era "amigo del combate, acaso lo prodiga­ba demasiado, y mientras duraba, tenía la ma­yor serenidad". Además destaca en él, "la fuer­za intelectual que dirige y organiza los planes". En el mismo documento, el General Páez, ma­nifiesta que Bolívar "Hermanaba lo amable del cortesano con lo fogoso del guerrero".

El Capitán inglés José Andrews, dijo de Bolívar el 18 de octubre de 1825 lo siguiente: "Como hombre, a mi ver, había ganado más que Wa­shington... La ignorancia y completa falta de experiencia de quienes lo rodeaban, en asun­tos civiles y militares, echó todo sobre su genio; osó noblemente y tuvo éxito... Se le ha acusado de propósitos ambiciosos al poder absoluto; el tiempo solamente decidirá este punto. Hasta ahora no ha demostrado tal disposición, sino más bien la inversa."

James Thomson, pedagogo protestante, en septiembre de 1823 decía; "El rostro de Bolí­var, azotado por el tiempo, está diciendo que no fue perezoso. No hay hombre, creo, que haya llevado tanto de la carga o que haya tra­bajado tan arduamente en el calor del día a favor de la independencia de la América del Sur, como Simón Bolívar. Sus trabajos en su propio país están ya coronados de un éxito casi completo; Colombia puede considerarse libre e independiente".

El General Daniel Florencio O'Leary nos recuer­da que los últimos momentos de Bolívar "fue­ron los últimos rescoldos de un volcán expi­rante, con el polvo de los andes sobre su ropa".

Pablo Morillo, General español que se distin­guió en la guerra contra Napoleón, tronaba de la siguiente manera, refiriéndose al Libertador: "Nada es comparable a la incansable actividad de este caudillo. Su arrojo y su talento son sus títulos para mantenerse a la cabeza de la re­volución y de la guerra". El mismo Pablo Mori­llo, atalayando la amenaza que para el ejército español representaba el ser guerrero del Liber­tador, manifestaba: Bolívar "es más peligroso vencido que vencedor".

Por su parte, la prensa de París registró así la muerte del Libertador:

Le Courrier Francais del lunes 21 de febrero de 1831: “Aunque Bolívar por largo tiempo dispu­so de una manera casi absoluta de las rentas de tres estados, Colombia. Perú y Bolivia, mu­rió sin poseer un solo cuarto de los fondos pú­blicos; pero tampoco dejó deudas, no obstante haber sacrificado los nueve décimos de su grandísima fortuna al servicio de la patria y a la libertad de casi mil esclavos que servían en sus haciendas”.

Le Tribune del 21 de febrero de 1831: "calum­niado y maltratado, hay probabilidad de haber descendido al sepulcro víctima de la ingratitud de su país, en que había completado la más gloriosa carrera”.

Journal du Comerse del 21 de febrero de 1831: "Bolívar ha muerto y deja libre su patria... Dichoso hombre, sin embargo, porque habien­do sido grande en la guerra, y en su tiempo el más poderoso de su país, permaneció hijo obe­diente de la libertad!... Bolívar era sin disputa el primer personaje del Nuevo Mundo, y el an­tiguo no podía oponerle ningún rival que exis­tiese... Bolívar se adelantó mucho a su época; el pensamiento del grande hombre fue mal en­tendido en América y desatendido en Europa... Un grande hombre, un hombre a quien sus propios enemigos estaban obligados a estimar, Bolívar... acaba de morir".

Le Quotidien del 21 de febrero de 1831: "Muere Bolívar en la vigorosa edad de los 47 años, des­popularizado y pobre, después de haber sacri­ficado a la revolución un patrimonio considerable”.

­Le Temps del 23 de febrero de 1831 manifiesta: "La América ha perdido su antorcha, y por col­mo de dolor, ella la apagó con sus mismas ma­nos. ¡Bolívar no existe! La humanidad está pri­vada de uno de sus ornamentos, y Colombia de su salvador; de aquel que, después de haberla creado, era el único que podía conservarla". Más adelante dice el mismo artículo de prensa: "Bolívar falleció a los 47 años de edad. ¡Qué carrera tan plena y tan pura!... Guerrero, le­gislador, administrador, Bolívar ha llenado completamente todos los altos empleos de las sociedades; siempre semejante a si mismo, clemente, moderado, desinteresado, existien­do únicamente por la patria y por la gloria, esos dos ídolos de las almas sublimes, Bolívar ha si­do el hombre completo de nuestra era; ni una mancha se apercibe en toda su vida. Ninguna cabeza se ha elevado tanto como la suya... Cuantos amen la grandeza, la virtud, el patrio­tismo, el desinterés, tributarán sus lágrimas de sangre".

Le Courrier Francais del 23 de febrero de 1831: "La muerte acaba de cegar una de las más ilus­tres vidas de este siglo, tan fecundo en varones esclarecidos. El héroe suramericano ha dejado de existir... Bolívar, a la edad de 28 años, ex­puso su vida a los peligrosos azares de la gran lucha que debía arrancar la América del yugo español, y crear la independencia en unas vastas regiones, que por espacio de muchos siglos sólo habían conocido señores y escla­vos".

Le Fígaro del 22 de marzo de 1831: "La muerte de Bolívar, al cabo de quince años de combates por la libertad, deja sumergidos a todos sus compatriotas en el más profundo dolor. Él prohibió al expirar, que se tributasen a sus ce­nizas honores extraordinarios. Si se da cumpli­miento a este mandato, en lo que cabe mucha duda, no por eso dejará de tener un monumen­to indestructible en el corazón de sus compa­triotas y de todos los amigos de la libertad".

Estos son apenas unos pequeños fragmentos de la copiosa documentación confiable que existía sobre Bolívar, en el momento en que Marx escribió su artículo. Sin embargo, el pensador de Tréverls se dejó arrastrar por los documentos de la calumnia provenientes de autores hostiles al Libertador, como Ducoudray Holstein y Gustavo Híppleley. Se sabe que los autores Henry Ducoudray Holstein y Gustavo Hippisley, utilizados por Marx para escribir esa biografía de Bolívar, te­nían grandes desavenencias y resentimientos con el Libertador. El primero, Ducudray Holstein, se resintió con Bolívar, porque éste lo expulsó del ejército y no lo ascendió a General. Entonces escribió con odio sobre Bolívar, alejándose de toda objetividad y de la recti­tud del juicio histórico. Por su parte Hippisley se distanció de Bolívar, porque tenía ambicio­nes en las que el Libertador no podía complacerlo de buenas a primeras, como atender sus in­terminables reclamos de sala­rios y grados más elevados en la carrera mili­tar. Este inglés también escribió un libro de mucha virulencia contra el Libertador, en el cual dice que Bolívar "no tiene ni el talento ni la habilidad de un general, menos especialmen­te para ser un comandante en jefe... Táctica, movimientos y maniobras le son tan descono­cidos como a lo más bajo de sus tropas. Toda idea de regularidad, sistema o rutina común de un ejército o siquiera de un regimiento le son desconocidos. De ahí surgen todos los de­sastres que afronta, las derrotas que sufre y su constante retirada cuantas veces se opone al enemigo". Luego agrega: "Bolívar quiere de buena gana imitar al hombre grande. Aspira a ser un segundo Bonaparte en Suramérica, sin poseer el menor talento para los deberes en el campo o en el gabinete. Quiere ser rey de Nue­va Granada y Venezuela, sin ser genio para mandar...". Esto lo escribió Hippisley en 1818. Sin embargo, en 1826 se retractó y terminó elogiando al Libertador y asegurando que "a Washington le faltaban la grandeza y la firme­za de alma, la verdadera independencia de es­píritu, la liberalidad de sentimientos y la cons­tancia con que Bolívar ha inmortalizado su nombre, y se ha hecho sin par en los anales de la historia".

Sea que Marx haya leído o no, la importante documentación mencionada, de todas mane­ras en su escrito hay un vacío en lo que se re­fiere a la apreciación del papel que jugó Bolívar contra el sombrío pasado colonial. En el caso que nos ocupa, el autor de El Capital no pudo resolver la cuestión del papel del individuo en la historia.

Reconocer los méritos de un personaje históri­co no es caer en el culto a la personalidad. A Bolívar le gustaba reconocer los méritos y que a él se los reconocieran. Por eso decía: "El pre­mio del mérito es el acto más augusto del poder humano". En cambio, Marx parecía no estar dispuesto ni a reconocer sus propios méritos, tal como lo manifiesta en una carta fechada el 10 de noviembre de 1877, dirigida a Wilhem Bloch, donde dice lo siguiente: "...de mi repug­nancia contra todo culto a la personalidad habla la circunstancia de que durante la exis­tencia de la Internacional nunca permití las numerosas comunicaciones en donde se reco­nocían mis méritos y que me aburrían, prove­nientes de diferentes países; incluso ni siquie­ra contestaba y sólo muy rara vez las tenia en cuenta..."

Sin embargo, esa falla de Marx ha sido supera­da por otros escritores de su misma escuela, como Jorge Plejanov, con su libro El Papel del Individuo en la Historia, que no discurre sobre la personalidad de Bolívar, pero nos proporcio­na algunos elementos metodológicos para com­prender el papel del Libertador en el marco de las revoluciones hispanoamericanas.

Bolívar es un personaje histórico de talla uni­versal, que debe ser visto sin mistificaciones y sin el servilismo de los que también lo falsean con la lisonja v la alabanza afectada. Es un personaje histórico, no porque haya participa­do en más de 472 combates, sino porque supo comprender el momento histórico y desplegar la estrategia y las tácticas correctas en las gue­rras de independencia que sostuvo Hispano­américa contra el Imperio Español. Esa com­prensión del momento histórico, y el hecho de haber llevado a los pueblos de América Hispánica a una etapa cualitativamente nueva, es lo que le da a Bolívar la dimensión de una gran personalidad histórica y el puesto bien merecido al lado de los genios de la guerra, como Temuchín, Genghis Kan y Napoleón.




1 comentario:

javier pardo dijo...

eh buenas ¿alguien vende empanadas de pollo?