domingo, 14 de junio de 2009

LA MASONERÍA Y SU CONCEPCIÓN DEL HOMBRE




Por JOSÉ MORALES MANCHEGO


El Mundo Antiguo produjo un filósofo llama­do Diógenes de Sínope (413-327 A. C.), crítico ingenioso y mordaz de las costumbres y las creencias de su tiempo, pero más conocido por sus excentricidades. Según la historia, Dióge­nes caminaba por las calles de Atenas, a plena Luz del día, llevando una lámpara encendida y afirmando que buscaba un hombre. Sus ami­gos no entendían su extravagancia, puesto que la plaza pública de Atenas estaba repleta de hombres y él buscando un hombre. Enton­ces Diógenes les explicó: "Hay muchos hom­bres, pero muy pocos viven como hombres". En otras palabras: Diógenes buscaba un hom­bre probo, integro, recto, incorruptible. Un hombre que no sólo hablara de virtud, sino que la practicara. Por su parte la Masonería, independientemente de la cantidad de variantes que se han presen­tado en el decurso de su historia, también se ocupa de buscar hombres en el sentido lato de la palabra. En la Gran Logia del Norte de Co­lombia, con sede en Barranquilla, por ejem­plo, la Masonería que se practica le da, a cada iniciado, la luz de su antorcha para que en su propio ser trate de encontrar al ver­dadero hombre, tallando lo que metafórica­mente se llama la Piedra Bruta, acto que se eje­cuta conociéndose y perfeccionándose a sí mismo, para mostrarle a la humanidad el ca­mino de su regeneración. Este proceso se lleva a cabo mediante el trabajo constante y la per­severancia en el estudio, valores que deben proyectar al masón hacia la buena acción social. De ahí que en el primer grado se le diga al aprendiz: El hombre tiene para consigo mis­mo el deber de estudiar, de instruirse, de pro­curar su desarrollo físico, moral e intelectual. Luego, en el segundo grado, se reafirma esa idea con las siguientes palabras:"...la Masonería tiene por único fin de hacer al hombre instruido, bueno y valeroso...". En el tercer grado la sentencia es lapidaria: "entre nosotros nada valen y para nada sirven quienes no estudian, piensan, meditan y analizan".

En el grado IV se exalta el privilegio de la razón, como la facultad que le sirve al hombre para alejarse y defenderse de los prejuicios ancestrales, de la superstición y del fanatismo, y se definen los derechos y el cumplimiento del deber, considerando esto último como Ley Masónica inflexible, tan exigente como una necesidad, y tan imperativo como el destino. En este mismo grado se recuerda: "...que la vida es corta y que tenemos misiones que cumplir".

En el grado IX la Masonería asevera: "... Así como el Sol con su luz material libra al Universo de las tinieblas en que le envuelve la oscuridad de la noche, nosotros con el fanal de la Ciencia y la Virtud le libramos de la ambición, que con su falaz hipocresía extiende sobre él el negro manto de la ignorancia".

En el grado XVIII se aclara: "Nosotros tenemos 'Fe' en la ciencia que ha de traer la perfectibilidad: el bienestar humano". Más adelante se agrega: "... nuestra Caridad no tiene límites, y su beneficio es eterno. Es la educación que perfecciona al hombre, haciéndole la verdadera imagen del Creador"... "Tal es nuestra 'Caridad': enseñad al ignorante para que la justicia y el amor recíproco reinen en el universo". Y como si esto fuera poco, en el grado XXX se rinde homenaje "a la gloria inmortal de los que fueron hombres". En ese mismo grado se llama hombre, "... al que, libre de las preocupaciones de la infancia, sigue los dictados de la Razón, no es esclavo ni opresor, está resuelto a marchar con paso firme por el sendero de la verdad, y ningún poder ni consideración humana le harán cometer una bajeza". Más adelante se dice sin tapujos: "El hoombre instruido es libre, por más que duela a los astutos y ambiciosos".

Para no ser tan prolijo en el análisis de otros textos, también fundamentales de la Orden, bástame con afirmar que la concepción del hombre que propone la Masonería se basa en que el iniciado tiene que construirse a sí mismo con base en el trabajo y el estudio, buscando la perfección individual, la cual jamás podrá alcanzarse, "pues, como bien sabéis, en lo humano no cabe la perfección". Para la Masónería, el hombre debe todo lo que tiene y todo lo que es, a su trabajo, tanto físico como intelectual. Por eso, para esta Augusta Institución, el que estudia, el que descubre, el que inventa, el que produce y el que crea, son hombres y mujeres dignos de admiración. Para la Orden, el pensador y el investigador van de la mano del Creador.

Ahora bien, en los actuales momentos, en el mundo no masónico, hay un afán por el saber. Los centros de educación se multiplican. La gente se está dando cuenta que el conocimiento abre nuevas perspectivas, tanto laborales como intelectuales y sociales. Pero es importante anotar que los títulos no bastan para lograr el desarrollo humano. Todos sabemos que la indelicadeza con el tesoro público y la corrupción administrativa no son obras de simples analfabetos. es mas, el 'doctor' sin los valores éticos y morales es una amenaza para la sociedad, para la estabilidad de las instituciones republicanas y para la permanencia del género humano sobre la faz de la Tierra. De ahí que las entidades educativas deben empeñarse en formar hombres que no sólo dominen la ciencia, sino que sean modelos de virtudes. En ese sentido, la Maasonería propone una educación laica, que garantice una verdadera libertad de conciencia, para que la humanidad marche hacia una moral sin dogmas y pueda superar la "minoría de edad", según la expresión kantiana, iluminada por la intelligenttia surgida del portentoso avance de las ciencias.

Llegados a este punto, no es indispensable ser tan perspicaz para saber que Colombia y el mundo, en la encrucijada en que se encuentran, necesitan hombres y mujeres fecundos en la virtud, con capacidad para dirigir, para gobernar, para dialogar, y que a la vez sean honrados, amantes de la justicia, de la paz y de la libertad. El verdadero hombre necesita estudiar y tener una formación humanística. Pero no basta con que tenga un cúmulo de conocimientos. También es importante que se meta en el corazón que todos los hombres debemos vivir como una gran familia, bajo el mismo cielo que nos cubre y el mismo Sol que nos alumbra.

El verdadero hombre sabe que todos somos producto de la historia y que a cada momento estamos forjando una página de la gesta cotidiana. Por eso el masón se empeña en afrontar la aventura de la vida con razón, coherencia y dignidad. El verdadero hombre sabe que el conocimiento debe ser sólo para el beneficio de la humanidad. Por tal razón asume el compromiso de impedir que la ciencia sea utilizada por los inescrupulosos o por la mano criminal. De ahí que un verdadero masón debe ser un ser de alma grande, que en su trasegar por la vida sienta veneración por los hallazgos de la ciencia y por las elaboraciones del arte y el humanismo. Siempre tendrá presente que la historia lo juzgará por lo que haga. Por eso debe trabajar para darle buenos frutos a la sociedad; debe respetar a su familia y a su patria, y jamás olvidará que es mejor morir antes que deshonrarlas.

1 comentario:

boaz dijo...

Todo suena muy bien. Pero la naturaleza humana está coordinada con la del mundo en el que ha surgido, cuyo mejor conocimiento gradual conduce hacia una mística que no es la de Diógenes. En realidad, la Masonería es un mundo en el que a Diógenes le costaría mucho trabajo encontrar a "su hombre". Algunos llevamos décadas en masonería y aún no lo hemos encontrado, tal vez porque nuestra mirada quiere ir más allá de lo que es la triste verdad humana. Mirad a vuestro senadores, congresistas, financieros y comerciantes masones y ved cómo entienden esa caridad de la que se habla, sobre todo el gardo 18º (y no el 9º en particular). En el 30º no es la Caridad, sino la Justicia lo que se acentúa. Y por ahí deben ir los tiros masónicos...