miércoles, 3 de marzo de 2010

EL SENTIDO MASÓNICO DE LA TOLERANCIA



JOSE MORALES MANCHEGO
"El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende." (William Shakespeare)

El masón Iván Herrera Michel, en Una Mirada a la Masonería Actual, libro editado por la Sociedad Hermanos de la Caridad, afirma que del sentido etimológico del término Tolerancia proviene la mayor perversión de su acepción filosófica (1). En efecto, el Diccionario Etimológico General de la Lengua Castellana dice que la palabra Tolerar viene del latín tolerare, que quiere decir soportar, sufrir, aguantar, padecer(2). En el marco de esa definición escuchamos o leemos con frecuencia expresiones como: "tolerar la delincuencia", "no tolero insultos", "no tolero agresiones", "no vamos a tolerar el desmadre nuclear", "no vamos a tolerar más actos homicidas", "no toleramos la violación a los derechos humanos". Deviene así un concepto frágil, confuso y falsificado de tolerancia, que se emplea muchas veces donde debe usarse otro término.
Para los Masones y para la filosofía en general -y esto hay que recalcarlo-, es importante no confundir la tolerancia, a nivel filosófico, con tolerar, cuando se trata de resistir, soportar, sufrir, aguantar o permitir, porque se corrompe la palabra en su más elevada acepción.

El escritor Masón Lorenzo Frau Abrines, en su Diccionario Enciclopédico de la Masonería, conceptúa sobre la tolerancia de la siguiente manera: "Tolerantismo- Hábito de respetar las opiniones en cualquier materia. Opinión de los que creen que debe permitirse en cualquier estado el ejercicio libre de todo culto religioso, y respetarse la opinión y manifestación de todas las ideas político-sociales. Si la Francmasonería fuera una religión ningún nombre le cuadraría mejor, que el de religión del Tolerantismo, porque en él funda uno de sus más grandes y trascendentales principios(3).

Un ejemplo patético de tolerancia es el que se refiere al espacio de libertad concedido a las sectas religiosas de los siglos XVI Y XVII con miras a hacer posible la vida de sus adherentes en una misma comunidad. En ese momento histórico, la Masonería realizaba su fecundo magisterio, que dejaba perplejo y estupefacto al mundo no Masónico, sobre todo a las tropas de fanáticos e intolerantes. "Es sabido que a comienzos del siglo XVIII había en Europa, y especialmente en Inglaterra, una confusión religiosa en la cual deistas, teístas, puristas, protestantes y anglicanos se atacaban furiosamente. Pero lo más asombroso de dicho fenómeno está en que militantes de esas mismas corrientes de pensamiento, trabajaban en las Logias en el mayor sigilo, exaltando la razón en un ambiente de paz y de tolerancia ... "(4). He ahí el sentido filosófico y Masónico de la palabra tolerancia. Por tanto, no es tolerancia el hecho de aceptar "los insultos, agresiones o actos homicidas", según aseveración del filósofo Edgar Morin(5). El hecho de aceptar esos actos y otros de la misma índole se llama permisividad. Así mismo, como lo manifiesta el Q:. H:. Javier Otaola, "no debe confundirse la tolerancia con la simple indulgencia y el bobalicón indiferentismo de dar todo por bueno" (6).

La tolerancia nace y se desarrolla en el terreno de las ideas. El Masón Francois Marie Arouet le Jeune, más conocido como Voltaire, es claro cuando afirma: "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero estoy dispuesto a morir por defender su derecho a decirlo"(7). Siendo así, la tolerancia no debe tener límites. Limitarla en cualquier circunstancia es caer en el terreno de la intolerancia. Para una institución de librepensadores, como es la Masonería, la exposición de las ideas no tiene restricciones. El trabajo en Logia, que no sólo es fraternidad, sino sabiduría, democracia y libertad, se alimenta permanentemente de opiniones diversas. En nuestros Templos, una verdad singular puede ser abordada desde distintos puntos de vista, que pueden ser complementarios. En la Orden sabemos que nadie está en posesión de la verdad, sino que todos estamos ávidos de encontrarla, para lo cual nos preparamos diariamente con disciplina de trabajo, aprendiendo a pensar cada uno por sí mismo, mediante la vía de la reflexión y el discernimiento.

En esa búsqueda de la verdad, la tolerancia siempre será útil para los combates que debe librar la inteligencia en aras de construir las grandes y pequeñas obras, que debemos dejar en nuestro paso por la tierra. En ese viaje, los que no piensan como yo pueden representar un ensanchamiento de mi horizonte vital. Es más, juntos podemos realizar grandes obras en beneficio de nuestros congéneres, como sucedió en el siglo XIII cuando tres médicos se unieron en un lugar del golfo de Nápoles para llevar a cabo una magnífica labor. Uno de los médicos era musulmán, el otro era judío y el tercero era cristiano. De su consorcio nació la primera escuela de medicina. Ellos fueron tolerantes, porque supieron emprender el oficio de trabajar por la salud y curar al enfermo, independiente de su inclinación por Alá, Yavé o Jesús(8). Simplemente entendieron la medicina en su dimensión humana, como ejercicio profesional que debe estar al servicio de la humanidad.

Lamentablemente muchas personas, prevalidas de poder, restringen el concepto de tolerancia en detrimento de la convivencia y de la paz. En opinión de ellos, las ideas contrarias y sus voceros no tienen derecho a existir en sociedad. Semejante actitud es la intolerancia, contravalor que ha servido para perseguir y llevar a la hoguera a valiosos exponentes de la ciencia y la cultura a lo largo de la historia universal.

Esta noción restringida de tolerancia es ostensible en círculos políticos, religiosos y hasta fraternales. En el seno de algunas religiones, por ejemplo, no se permite ser miembro al que tenga otro sistema de valores o de creencias diferente a los valores que se pregonan en el grupo. Por eso muchos pastores, en su congregación, en un acto de intolerancia, no permiten los matrimonios religiosamente mixtos. Pero lo más insólito es que se hagan avisos vulnerando el sentido de la tolerancia, como se patentiza en la siguiente pauta publicitaria que dice: "Se necesita Auxiliar Contable o estudiantes de Contaduría últimos semestres, Cristiano(a), carta recomendación Pastor. Enviar hoja de vida Anunciador 83437 El Heraldo"(9). En la Masonería, por el contrario, la calidad de miembro se fundamenta en la tolerancia, que constituye el factor de unidad sin fisuras, que liga a todos los Masones por encima de los colores políticos o de los credos religiosos. En nuestra Orden, por principios, no se puede expulsar a un Hermano, ni impedir la entrada de un profano en razón a sus creencias o a sus ideas políticas. Sin embargo, esto no impide que un Masón, como es el caso de Ramón Martínez Zaldúa, exponga, con toda la libertad, pensamientos como este: "Sea cual fuere nuestro apego a la práctica de la tolerancia, bella virtud Masónica, ella no podría justificar la permanencia en nuestras filas de quienes se hallen adheridos a partidos o agrupaciones políticas o sectas religiosas, que han inscrito en sus respectivos programas la lucha contra la Masonería. Todo Hermano que aportara su concurso personal a tales organismos, debiera ser eliminado de los cuadros logiales, y si fuese recipiendiario, abstenerse de iniciarlo en nuestras prácticas y doctrinas"(11). No hay duda de que este planteamiento lleva en su esencia la impronta de la intolerancia; no obstante, en el seno de la Orden se permite exponer esta idea, porque la Masonería es la matriz de la tolerancia y porque consideramos que un Masón, por muy alta que sea su posición en la escala de gradación Masónica, siempre estará trabajando en el pulimento de su Piedra Bruta. En todo caso, se recibe con respeto la exposición de esa idea; pero si ella se pusiera en práctica en la Institución sería el desgarramiento de la tolerancia y por tanto la pérdida de la esencia de la Masonería.

La Masonería es pluralista. De ahí que en el seno de la Orden se utilice la denominación Gran Arquitecto Del Universo (G:. A:. D:. U:.), que tiene una connotación simbólica en la cual caben todas las concepciones del mundo y todas las posibilidades acerca del principio generador del universo. Esto es ejemplo de verdadera tolerancia. Surge entonces la siguiente inquietud: Si en la Logia se puede convivir en paz y armonía con personas de distintas creencias e ideologías, ¿por qué en las sociedades no Masónicas no se puede tolerar a un ser humano que piense diferente? La respuesta está en que el dogmatismo y el autoritarismo consideran que sus puntos de vista son absolutamente incuestionables y por tanto no se pueden permitir los argumentos contrarios. Para la Masonería, en cambio, todos los temas están abiertos a la discusión. Todas las opiniones están expuestas a la contradicción y a la duda. Lo único que la Masonería excluye es el empleo de métodos que riñan con el respeto al acto libre del conocimiento, y por tanto que traten de imponer una idea a los demás por la coacción física o mental. La Masonería tiene métodos adquiridos por la civilización para enfrentar las convicciones que consideremos erróneas. Ellos son: la persuasión, la acción de palabra y obra, la discusión, el diálogo y los argumentos. De esta manera, la tolerancia constituye un medio eficaz de convivencia y, por tanto, de posible eliminación de las violencias provocadas por la obcecación política y el fanatismo religioso.

CONCLUSIÓN

Entendida como el respeto a las personas por el derecho que tienen a expresar sus opiniones en cualquier materia, la tolerancia hace posible el diálogo, el pluralismo y la coexistencia de principios disímiles, constituyéndose en la condición indispensable para la convivencia de los seres humanos en el ámbito de la democracia y de la libertad.

Según esta apreciación, toda persona tiene derecho a profesar cualquier credo religioso o a expresar su pensamiento, ya sea de carácter político o ideológico. Así mismo, tiene derecho a criticar todas las ideas que no comparta, sin ofender los sentimientos de las personas que las profesan, para lo cual es preciso omitir toda palabra vana, ofensiva o destructiva, que pueda irritar a nuestro semejante. En este sentido, la tolerancia no introduce restricciones, sino que establece condiciones para la expresión.

Indudablemente, la tolerancia existe en el marco de un orden establecido y aceptado por la comunidad, en la cual es ineludible combatir, civilizadamente, las ideas y prácticas contrarias al orden democrático, moral y de las buenas costumbres. No obstante -y esto debe quedar muy claro- en un orden así establecido es imprudente tratar de imponer ideas a la fuerza frente al error. En cambio es saludable desarrollar la capacidad de diálogo para que de él salga la luz que ilumine los caminos de la verdad. En ningún momento la tolerancia significa aceptar los errores del otro. San Agustín decía: "perdonad a los que yerran, combatid, dadle muerte a los errores". Esto quiere decir que la crítica es para juzgar las ideas y las acciones de los hombres, mientras que el respeto es un atributo axiológico del hombre para el hombre, entendido éste en sentido genérico, es decir como homo sapiens, que debe mantener su mente libre y abierta, para pensar sobre sí mismo y sobre el maravilloso espectáculo del universo.
_________________

1. Herrera Michel, Iván y Otaola, Javier. Una Mirada a la Masonería Actual. Editorial Mejoras. Barranquilla, S. F. p. 26.
2. Corripio, Fernando. Diccionario Etimológico General de la Lengua Castellana. Editorial Bruguera. Barcelona, 1979. p. 467.
3. Frau Abrines, Lorenzo. Diccionario Enciclopédico de la Masoneria. Tomo 3. Editorial del Valle de México. S.F. p. 1898.
4. Morales Manchego, José. Iglesia y Masonería en la Costa Caribe Colombiana. En: Plancha Masónica No. 23. Barranquilla, junio de 2005. p. 34. Cfr. Martinez Zaldúa, Ramón. ¿Qué es la Masoneria? Costa -Amic Editores. México, 2000. p. 38.
5. Morin, Edgar. Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro. Ministerio de Educación Nacional, República de Colombia; ICFES; UNESCO. S. F. pp. 77-78.
6. Herrera Michel, Iván y Otaola, Javier. Op. Cit. p. 116.
7. Ridley, Jasper. Los Masones. Editorial Vergara. Buenos Aires, 2000. p. 91.
8. Sanín Echeverri, Jaime. La Universidad Nunca Lograda. Editorial Voluntad, Bogotá, 1971. p. 12.
9. El Heraldo. Barranquilla 6 de abril de 2006. Clasificados: Empleos 30. p. 4C.

No hay comentarios: