sábado, 9 de mayo de 2015

Aniversario de la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg







Hace 15 años, en una noche memorable, en el Salón Eusebio De La Hoz, se escuchó la palabra enjundiosa del entonces presidente  de la Sociedad Hermanos de la Caridad, Doctor Leonello Marthe Zapata, cuando su hablar pausado, anunciaba: “Esta Biblioteca que se inicia con aproximadamente 2.250 libros, está destinada a convertirse paulatinamente, en un foco de cultura para la comunidad barranquillera”. Ese día, el Hermano Leonello Marthe  Zapata, un masón  de entusiasmo intelectual siempre en llamas, encendió una velita, y la estamos cuidando, Querido Hermano Leonello , para que los malos vientos jamás la puedan apagar,  y siga calentando eternamente la magnificencia  espiritual de tus anhelos.

En aquella misma fecha, el doctor José Consuegra Higgins, distinguido miembro de la Sociedad Hermanos de la Caridad, calificó la noche como inolvidable. Es de anotar que el doctor José Consuegra, rector y fundador de la Universidad Simón Bolívar, de la ciudad de Barranquilla, inició la donación de libros, con la entrega de más de 200 volúmenes. La noche de la inauguración brilló la palabra estética de los poetas Jorge Valencia Jaramillo y Luis Bernardo Flórez, invitados especiales, provenientes de la capital de la República.

Años más tarde, cuando el Ilustre Hermano Leonello Marthe Zapata se marchó para el Oriente Eterno, nos dejó, a través de su esposa doña Josefina de Marthe Zapata, su biblioteca particular para engrosar los fondos bibliográficos de la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg, y seguir propagando la luz de la ciencia y el humanismo.

Una biblioteca como la nuestra es símbolo de concordia, de tolerancia y  de libertad. Aquí se respira un aire cultural  de paz y armonía, en el cual conviven sosegados, en un ambiente pluralista, sin dogmatismos inquisitoriales, los grandes pensadores masónicos, los liberales, los conservadores, los socialistas, los religiosos y los ultramontanos, todos entrelazados en un abrazo fraternal, en los mismos predios donde gravitan los medios electrónicos, que sólo han cambiado la forma de leer, pero el libro como tal permanece incólume, porque con disonancias o flaquezas, el libro impreso es el que nos brinda la mayor confianza y responsabilidad en el campo de la investigación.

No debemos olvidar que a lo largo de la historia, los textos han variado su forma de presentación: tablas, papiros,  electrolibros y toda la variedad de realidades virtuales. Leer letras impresas es solo una forma de leer.  Pero hay  más. Todos sabemos que el geógrafo lee mapas; el topógrafo lee el terreno; el antropólogo lee en los símbolos y signos los datos de la cultura en el tiempo; el músico lee sus partituras;  y todos los seres humanos podemos leer en el libro abierto de la naturaleza, como nos invita a hacerlo el filósofo francés Juan Jacobo Rousseau.

Las posibilidades de lectura están por todas partes. Cuando hacemos actividades como las tertulias y los cineforos en la biblioteca, lo que afloran son nuestras lecturas.

Claro que la lectura es una acción que tiene diferentes niveles y es de una gran complejidad.

Una manera de leer un libro es seguir los acontecimientos y los personajes por la superficie literal del texto. Otra más profunda es interpretar las estructuras de lo que se lee, para navegar en aguas más profundas, y si es posible aprender a hacer otro texto. De esta manera se penetra más profundo en las claves, en los signos y símbolos de la escritura. Por eso el buen lector cuando vuelve a leer el mismo libro es como si leyera otro libro.

La Biblia, por ejemplo, se puede leer de distintas maneras. Comúnmente, la gente la lee con el temor del más allá o pensando quizás en la forma de evadir el fuego eterno. Pero ese libro maravilloso, escrito bajo formas simbólicas, tiene diversas lecturas y aplicaciones.

Al respecto me permito recordar la narrativa bíblica de Jonás. Dicen que Jonás se le perdió a su esposa durante tres días. Cuando llegó a la casa se inventó el cuento de la ballena, y el cuento fue tan bien elaborado, que la mujer se lo creyó. Y todos los lectores de la Biblia se lo creímos. Ahí está el sentido estético de la literatura, que nos muestra la dimensión polifónica del mundo de la vida.

El sábado pasado, 26 de julio, el filósofo William Salgado Escaf  dictó una conferencia para los contertulios de La Oca, titulada El sacrificio de los elegidos en la Biblia. El ameno expositor encontró en la Biblia tres partes y tres morales distintas para tres economías diferentes, construidas alrededor de la misma receta y nacidas de tres respuestas diferentes a la pregunta: ¿Quién debe ser el elegido? Su planteamiento central es que la Biblia está hecha, no para hablar de dioses, sino para dar respuesta a la pregunta: ¿A quien le dejo mi herencia, es decir,  lo que he construido en mi tránsito por la Tierra? Esta lectura de la Biblia me entusiasmó, y ahora estoy leyendo de nuevo la Biblia, pero como un libro de economía.

Con esto quiero decir, no solo que la lectura tiene distintos niveles de complejidad, sino también que una conferencia nos puede conducir a la lectura o a la relectura de una obra o de varias obras. Por eso la Biblioteca de hoy es mucho más que una colección de libros, revistas y periódicos.  La biblioteca de hoy tiene diversos tipos de acciones tendientes a motivar todo tipo de lecturas.

En ese sentido, la biblioteca Pública Julio Hoenigsberg es el punto geométrico para la reflexión; para la música, que nos pone a disfrutar la bendición divina del ritmo; la biblioteca es el punto geométrico para las artes en todas sus manifestaciones;  para el ritual de la palabra estética y de las bellas letras; para la tertulia, en la cual se guarda altura y serenidad en la polémica. Aquí se convoca la ciencia, la filosofía, el humanismo y el entusiasmo patriótico, que hoy genera la carnavalización del fútbol. Pero lo más importante es que todas estas acciones, en la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg, están orientadas hacia la búsqueda de la lectura crítica y constructiva.

En la Biblioteca incentivamos la lectura, porque somos amantes de la libertad, y el acto de leer no sólo hace al ser humano más libre, sino que lo transporta y lo hace más feliz. Lastimosamente, en nuestro país, y especialmente en nuestra ciudad, hay mucha gente que no ha descubierto la importancia de la lectura para la salud mental, y por eso se neurotizan en las salas de esperas y en las filas, olvidando que un libro nos ilustra, nos refresca la mente y nos pone a disfrutar, porque el arte y las letras influyen poderosamente en la vida de las emociones.

Hoy estamos aquí reunidos para conmemorar, pero sobre todo para fraternizar y ganar más confianza.

A la Historia, a la música y a la poesía les encanta marchar juntas. Por eso este acto de conmemoración de un hecho histórico, será un encuentro de la música con la palabra henchida de sensaciones poéticas.

Solo me resta decir dos cosas:

Primero, agradecer a la Sociedad Hermanos de la Caridad, en cabeza de su presidente el Hermano Mario Morales Charris y su gerente, el Hermano Fulvio Viñas Ramos, su atención y su apoyo a la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg.

Segundo, quiero citar al valeroso escritor don Miguel de Unamuno cuando decía: “Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe…” y luego  agregaba: “Solo la cultura da libertad…”

Y como si esto fuera poco aseveraba: “La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura”.

Salud, Fuerza y Unión…
Reciban un abrazo fraternal y muchas gracias

José Morales Manchego

(Editorial de El Misionero No. 73. Barranquilla, diciembre de 2014)