sábado, 22 de mayo de 2010

MASONERÍA Y EDUCACIÓN




JOSÉ MORALES MANCHEGO


INTRODUCCIÓN

El presente trabajo tiene como objetivo general establecer la relación entre Masonería y Educación. Este objetivo, para cualquier iniciado en la Orden, es obvio. No obstante, hay aspectos del tema muy poco investigados en el contexto de las tendencias pedagógicas contemporáneas que hoy se vislumbran en el seno de la educación. El tema puede verse en dos vías: la vía exterior y la vía interior. Es decir, la Masonería en la Educación y la Educación en la Masonería. Este último se refiere a los elementos pedagógicos que contiene la Institución Masónica, los cuales constituyen una especie de currículo oculto, que al profundizarlo y extenderlo a la sociedad, puede permitir un desarrollo sostenible de los procesos educativos hacia el futuro. El trabajo no pretende agotar el tema en forma sistemática ni con pretensiones científicas. La finalidad es propiciar la reflexión crítica para que los trabajos Masónicos cobren fuerza y vigor.

1. LA MASONERÍA EN LA EDUCACIÓN

En Colombia, los ensayos sobre esta materia son considerables(1). En ellos se habla de los estadistas Masones que han fundado escuelas y universidades; se habla de los académicos Masones que a diario forjan las conciencias juveniles desde la cátedra; se habla de los planes de estudio y de las políticas educativas ideadas por Masones. Así mismo, se ha hablado con mucha propiedad del simbolismo Masónico representado en la Universidad Nacional de Colombia, patrimonio de la generación radical, en cuya arquitectura es patética la influencia de la Masonería. En esta institución de educación superior ya de por sí es diciente su denominación de «Ciudad Blanca», color de la pureza eterna del Masón, síntesis de todos los colores, que representa el conjunto de todas las virtudes. Las vías de la «Ciudad Blanca» representan un buho, ave que en heráldica simboliza el valor con que vence el caballero a un enemigo traidor y cobarde, que se vale de las sombras para las acechanzas. Esta ave consagrada a Minerva es símbolo de la inteligencia y el conocimiento. En los emblemas de la Francmasonería el buho figura como símbolo de la prudencia. Las aulas máximas de la Universidad Nacional están construidas de espalda al oriente; su arquitectura es cúbica; sus pisos son en mosaico blanco y negro y, como si fuera poco, dice Ciro Quiróz: «el aula máxima de Derecho es del mismo decorado y corte que el Templo Mayor de los Masones, recientemente refaccionado». Pero eso no es todo. «El Gran Consejo Superior -frase de gobierno masón- asume como identidad la Estrella Flamígera—símbolo de jerarquía masónica-envuelta por el círculo entrañable, de explicable y profundo significado en sus logias»(2).

El interés de la Masonería por incidir en la estructura de la educación de nuestro país se manifiesta claramente en 1985, cuando el Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia (R:. E:. A:. A:.) publica el Pronunciamiento de la Masonería Colombiana Sobre la Problemática Nacional. Este pronunciamiento se realiza con el ánimo de frenar el desbarajuste institucional que a la sazón se estaba apoderando de Colombia. El documento se ocupa en primer término del sistema educativo y de sus cambios urgentes y necesarios, señalando el despilfarro y su manejo mercantil por empresas comerciales que no les importa la suerte de sus graduandos. La razón de esta preferencia por la educación está en que la Masonería considera que la transformación del hombre es condición indispensable para la transformación del mundo y la incorporación de la humanidad a la vida civilizada.

Es importante anotar que toda esta incidencia de la Masonería en la educación colombiana se da en el contexto de un país que, desde los albores de la dominación colonial, hasta nuestros días, ha tenido que soportar una estructura educativa autoritaria y dogmática, desde el punto de vista de la conceptualización y del método. Para demostrar este aserto basta ver, grosso modo, la terminología usada en las instituciones educativas. Por ejemplo, a lo que debe llamarse Plan de estudio se le llama «Pensum», barbarismo que significa peso, gravedad, pesantez(3). A las horas de clase de un profesor se les llama «carga académica». Al respecto, el Pequeño Larousse Ilustrado dice así: Carga: Peso grande; lo que puede llevar encima un hombre o un animal; unidad de medida de la leña, el carbón, etc. Es decir, se usa una palabra de arriería para designar las horas que un profesor debe dedicar a la docencia o a la investigación. Y ¿qué decir de la inadecuada expresión «Mortalidad estudiantil», para designar a los estudiantes que por inadecuados y obsoletos métodos pierden las asignaturas y tienen que abandonar las aulas?. En muchas Universidades, la evaluación se ha tomado como medio de venganza. Y los estudiantes a la exigencia en el estudio le han llamado «represión académica". La palabra disciplina, estrechamente vinculada a la enseñanza, según su etimología latina, quiere decir azote. El mismo Diccionario de la Real Academia, en una de las acepciones de la palabra dice: Disciplina: «Instrumento, hecho ordinariamente de cáñamo, con varios ramales, cuyos extremos o canelones son más gruesos, y sirve para azotar». Por extensión, esta palabra ha tomado una connotación que la vincula con la represión. De ahí que se hable de disciplina militar o de disciplina religiosa. Esta jerga que no se usa en la Masonería, pero que se maneja cotidianamente en el medio educativo profano, no sólo es un problema de forma. Es también un problema de contenido, y de graves consecuencias para el desarrollo de la personalidad, si se tiene en cuenta que el terror educa en la confusión. El autoritarismo y el irrespeto contra una persona se proyectan hacia las demás. En un sistema educativo de esa naturaleza, el individuo no es considerado racional y libre, sino como oveja del rebaño que debe obedecer ciegamente los dogmas, sin ninguna capacidad de crítica. Un sistema educativo estructurado de esa manera no forma ciudadanos libres, sino regimientos de fanáticos.

2. LA EDUCACIÓN EN LA MASONERÍA.

El Taller Masónico fundamentado en el autoconstructivismo liberal tiene como base la libertad en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Nuestra Institución no admite esquemas. No admite los procesos repetitivos. Aquí se enseñan métodos. Los Maestros más versados enseñan la llave para entrar en ese mundo simbólico que contiene todos los significados. La Masonería no admite programas rígidos. En nuestros talleres se estudia lo que la gente quiere estudiar. Es un campo donde se discuten problemas. El Masón debe aprender a pensar, más que a repetir; a crear más que a copiar; y a decir la verdad sin temor a los resultados. Para un Masón «Es envilecedora la tarea de predicar principios o doctrinas que se reconocen falsas, por temor a las consecuencias de la verdad»(4).

Como grandes innovaciones, los cambios más importantes que hoy se están abriendo paso en la educación profana consisten en que se debe incorporar el arte como estrategia pedagógica, la interdisciplina como forma de llegar al pensamiento complejo, la formación de la personalidad y la humanización.
Estos elementos son connaturales a la Masonería.

El drama litúrgico que se da en las tenidas es una estrategia pedagógica. La Tenida Solemne nada tiene que envidiarle al drama litúrgico medieval, que dio origen al teatro moderno. Por su parte, las Tenidas Ordinarias son sociodramas representativos de la actividad laboral. Es el arte como estrategia pedagógica, y como forma de entendernos entre nosotros mismos, manteniendo el orden, la tolerancia y el respeto en las discusiones.

La verdadera intención del drama es la reflexión, en aras del desarrollo intelectual y de la moralización. El drama masónico no trata de ser un espectáculo como el teatro romano, cuyo fin era divertir y hacer reír a un público. Por eso los romanos prefirieron la comedia a la tragedia. El drama Masónico se parece más al teatro griego, que pretendía la catarsis o purificación de las pasiones. En este sentido, el drama Masónico se aproxima al teatro griego y no al romano. La Tenida no es para divertir. Es para transformar. Para perfeccionar. Para educar.

En cuanto a la interdisciplina para llegar al pensamiento complejo, la Masonería desarrolla la aptitud natural del espíritu humano para ubicar todas sus informaciones en un contexto y en un conjunto. En la literatura Masónica están presentes las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo en un mundo complejo. La propia Logia es una imagen o recreación del universo. «Simbólicamente, la logia se extiende a lo largo desde Oriente a Occidente, de anchura desde el septentrión al mediodía, y su profundidad es de la superficie hasta el centro de la tierra, siendo su altura hasta las estrellas»(5). Esas dimensiones incalculables que se le atribuyen, representan la imagen del mundo conocido de los antiguos. En ella podemos ver también «una imagen de nuestra mente o mundo causativo interior, que preside a las condiciones de la vida, las aprovecha constructivamente y las transmuta»(6). Para la Masonería, el hombre está inscrito en el mundo vivo y en el mundo físico, además de ser un ente social. En la educación profana hay una progresión del conocimiento de las partes, hay una especialización, mientras que paradójicamente hay un detrimento o ignorancia del todo. La Masonería ubica la condición humana en el mundo. No se puede concebir la condición humana, si no es en relación con el cosmos. La Leyenda de Hiram, tan esencial en la Masonería, tiene varios significados: 1. Un significado cósmico que ve en la misma algún aspecto del drama del mundo y de su origen, así como de la vida en las diferentes etapas. 2. Un significado humano individual. 3. Un significado social o colectivo(7). En esas interpretaciones está la clave. El hombre es resultado del cosmos, de la naturaleza y de la vida. Pero la educación profana nos ha vuelto extraños a ese cosmos que nos es secretamente íntimo.

Veamos, a manera de ilustración, lo que dice al respecto uno de los filósofos de la educación contemporánea, Edgar Morín, mentor de la UNESCO en materia educativa: «La vida es un moho que se formó en las aguas y en la superficie de la tierra. Nuestro planeta engendró la vida, que se desarrolló como un matorral en el mundo vegetal y animal, y nosotros somos una rama de una rama de esta evolución, en medio de los vertebrados, los mamíferos, los primates, portadores en nosotros de herederas, hijas hermanas de las primeras células vivas. Por nacimiento participamos en la aventura biológica; por la muerte participamos en la tragedia cósmica. El ser más rutinario, el destino más banal, participa de esta tragedia y de esta aventura»(8).

Más adelante continúa Morín: «Llevamos en el interior de nosotros mismos el mundo físico, el mundo químico, el mundo vivo, y al mismo tiempo nos hemos separado de ellos por nuestro pensamiento, nuestra conciencia, nuestra cultura»(9).

En verdad, el conocimiento profano es fragmentario. Es superdisciplinario. Y la susperespecialización y el fraccionamiento del saber producen la ignorancia, a la cual Morín llama la «ceguera del conocimiento». Por eso, la Masonería, sabia en sus fundamentos, considera que el profano cuando toca a las puertas del Templo viene envuelto en las tinieblas. En esas condiciones recibe la luz.

La educación profana enseña a aislar los objetos de su contexto, a separar las disciplinas. El Taller Masónico en cambio es multidisciplinario. Allí dialogan los distintos saberes, a través de las distintas profesiones. La Escuela Masónica tiene todas las bases para llevarnos al pensamiento complejo, que es el gran desafio de la educación contemporánea.

En cuanto al método autoconstrucíivo liberal, este tópico ha sido poco investigado en el seno de la Orden. Es cierto que, con mucha frecuencia, en los Talleres se habla de que la Masonería es una escuela. Escritores Masones también lo han afirmado. Ramón Martínez Zaldúa asevera que «La Masonería es considerada como una escuela de moral, de enseñanza que trata de desentrañar por medio del estudio, de la investigación racional, la verdad, meta y fin de la existencia»(10). Sin embargo, muy poco se ha profundizado sobre su método de enseñanza, que se encuentra disperso en todos los actos litúrgicos, ordinarios o solemnes. La misma ceremonia de iniciación constituye el primer esbozo de un proceso educativo. Allí los Hermanos más versados explican al neófito el significado oculto de algunos símbolos. Pero se le subraya la necesidad que tiene el neófito de desarrollar su observación y su capacidad de análisis, porque la esencia de las cosas no está a simple vista. La palabra sagrada que se da al neófito es, según Lavagnini: «un símbolo de instrucción verbal sobre los principios de la Verdad que cada Aprendiz tiene el derecho de esperar de los que se hallan más adelantados que él en el Sendero de la Iniciación»(11).

Más adelante dice el mismo Lavagnini: «La instrucción debe darse como se da la palabra... Con la activa cooperación del discípulo, cuyo progreso no depende de lo que reciba, sino de lo que encuentre por sí mismo, con sus propios esfuerzos, por el uso que hace de la primera instrucción recibida como medio e instrumento para descubrir la verdad»(12).

El día de la iniciación, el neófito recibe la luz. A partir de ese momento debe ser un constante buscador de la «luz inmortal que emana de la virtud y de la ciencia»(13). Este acto de recibir la luz es muy significativo en el ámbito de lo simbólico. En sentido figurado puede decirse que la corriente pedagógica que no entregue una lámpara al alumno, para que él mismo busque, es una pedagogía estéril y repetitiva, de la cual se puede decir que está enferma. De esa manera, para los sistemas educativos profanos, educar se ha convertido en domesticar, sometiendo todas las inclinaciones personales a una instrucción uniforme. Esa es la intencionalidad de los llamados estándares de calidad, que pretenden homogeneizar los aprendizajes en un país en el cual hay que educar para aprender a convivir con las diferencias. Para la Masonería, en cambio, la educación consiste en abrir horizontes a cada personalidad, respetando todas las diferencias, aprovechando todas las desigualdades naturales. De ahí que la escuela profana tenga que aprender mucho de la Masonería.


CONCLUSIÓN.


La Masonería no solo es un sistema de moral revestido de símbolos. Es una escuela completa, en la que se han formado hombres y mujeres, cuya incidencia en la vida social es evidente.

La Masonería, a lo largo de su historia ha combatido las estructuras educativas fundamentalistas y dogmáticas. Hoy, además del dogmatismo debe luchar, con nuevas armas, para superar la crisis que sufre la humanidad, cuando la razón se ha convertido en racionalidad instrumental, empobreciendo el mundo de la vida en las esferas de lo moral y de lo estético, y propiciando la ceguera del conocimiento por la superespecialización que no deja ver la complejidad de la realidad en toda su dimensión.

No olvidemos que la Masonería es la escuela mejor estructurada y más poderosa que produjo la modernidad para salvaguardar y desarrollar sus ideales progresistas. Por eso, para redefinir el sentido de la humanidad en las actuales circunstancias, es necesario reorientar la investigación en el seno de esta Augusta Institución, donde gravita una pedagogía que hemos denominado autoconstructivismo liberal, indispensable para abordar una educación sostenible en el futuro.

El compromiso en Logia es activar las herramientas para ubicarnos en la nueva situación, con la convicción de que un proyecto con tantas propuestas programáticas no puede quedar sin resolverse.

Los grandes ideales de la Masonería, como los ideales progresistas de la Modernidad, no se han cumplido. Por tanto, hay que extender esos ideales por la vía de una renovada Teoría Crítica de la Sociedad, aplicada a nuestras realidades concretas. En este sentido, cumplamos lo que decía el ilustre Masón, José Martí: «Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas»(14).
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1. Véanse los trabajos de: Álzate López, Augusto. La Influencia de la Masonería en la Creación de la Universidad Externado de Colombia. En; El Misionero. Año 9 No. 32. Barranquilla, marzo de 2000. pp. 36-39; Collante Stevenson, José. Juan Manuel Rudas: Filósofo, Educador y Masón, En: Perfiles Masónicos. Ediciones Sociedad Hermanos de la Caridad.. Barranquilla, 1999. pp. 27- 39; Ortegón Páez, Rafael. La Educación. En Revista El Misionero. Año 10 No. 36. Barranquilla, marzo de 2001. pp. 16-36; Viñas Ramos, Fulvio. La Masonería y la Educación Superior en Colombia. En: Plancha Masónica. Año4. No. 14. Or. de Barranquilla, Marzo del año 2003. pp. 39-45.
2. Quiroz, Ciro Alfonso. La Masonería en la Universidad Nacional: Paternidad Radical. En: Lecturas Dominicales. El Tiempo. 5 de octubre de 1997. p. 3.
3. Corripio Pérez, Fernando. Diccionario Etimológico General de la Lengua Castellana. Editorial Bruguera. Barcelona, 1979. p. 359.
4. Ingenieros, José. Las Fuerzas Morales . Editorial Losada. Buenos Aires, 1994, p. 100.
5. Daza, Juan Carlos. Diccionario de la Francmasonería . Akal Ediciones. Madrid, 1997, p. 237.
6. Lavagnini, Aldo. Manual del Aprendiz. Editorial Kier. Buenos Aires, 1991. pp. 128-129.
7. Lavagnini, Aldo. Manual del Maestro. Editorial Kier. Buenos Aires, 1993. pp. 37-38.
8. Morín, Edgar. La Mente Bien Ordenada . Editions du Seuil, 1999. p. 24.
9. Loc. Cit.
1O. Martínez Zaldúa, Ramón. ¿Qué es la Masonería ?: Costa-Amíc Editores. México, 200. p 79.
11. Lavagnini, Aldo. Manual del Aprendiz. Op. Cit. p. 87.
12. Loc. Cit.
13. Gran Logia del Norte de Colombia. Liturgia del Grado de Aprendiz. CAP Comunicaciones. Barranquilla,1998. p. 39.
14. Martí, José. Nuestra América. En: Escritos de un Patriota. Editorial Cumbre. México, i 969. p. 11.

1 comentario:

richard baquiano dijo...
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