miércoles, 30 de agosto de 2023

"Sálvate tú", libro de Hernando Fernández Armella

 

PRÓLOGO

Todo retrato que se pinta con sentimiento es un retrato del artista, no del modelo. Oscar Wilde. “ El Retrato de Dorian Gray”.

 

Hernando Fernández Armella, “El Tato”, como le decimos cariñosamente, es un ser humano insumiso y rebelde, pero de buen juicio; observador con inquietudes y procedimientos creativos; inteligente y de un maravilloso gusto por la estética y la euritmia. Estas virtudes serían suficientes para consagrarlo como personaje de una historia que todavía no se ha escrito. A estas certezas hay que agregarle otra: Tato es un soldado que desconoce el miedo. En la batalla contra el nuevo coronavirus, cuando la gente dejaba los zapatos fuera de la casa para lavarlos con alcohol, y el pánico se apoderaba del mundo, Tato demostró su valor y su decisión voluntaria con el objeto de salvar algo cuyo valor para él es inestimable: Sus seres queridos. Él, en ese mar de incertidumbres, de dificultades y de miedos, sentía la necesidad de protegerlos. En esa labor puso su vida en riesgo, para ayudarnos a salir del oscuro y agobiante túnel. En este punto es digno de anotar, que desde muy niño se escapaba de la casa para darle a una gata callejera la comida de su propio tetero. Más tarde descubrieron que en un rincón de la casa, debajo de la escalera, tenía siete gatos recién nacidos.  Esa vocación de ayudar al necesitado y tenderle su mano amiga, sin titubear ante el peligro, se fortaleció con el amor ígneo de su querida madre cuando de niño le enseñó el versículo 1:9 de Josué, que a la letra dice así: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Dios estará contigo en donde quiera que tú vayas”. Él destruirá a tus enemigos y te librará de todo mal. Y luego esa madre, en su tono de oratoria, le dice al niño con vehemencia: “Y oye bien hijo mío. ¡Todas tus victorias serán obras del Señor!”. Desde entonces su espiritualidad lo ata con el Pensamiento Superior, y en medio del conflicto sale adelante con su tenacidad y con su fe.

Pues bien, las grandes osadías de Tato y sus intensidades están plasmadas en su obra titulada Sálvate tú, donde la voz narrativa es la de su propio autor que cuenta sus experiencias existenciales. En el libro están las representaciones de su mundo literario, que devienen de ese mundo real maravilloso donde todo puede suceder.

Sus relatos no sólo alumbran la mente del lector, sino que expresan la manera de ser de un escritor que agita con sus actos la tierra donde pisa. Son episodios de una vida desbordante que nos deja historias de una insólita extrañeza; historias inusitadas, inauditas, pero fascinantes, expresadas a través de un lenguaje sencillo y sin piruetas narrativas. El escritor disuelve su estilo en la lógica de los acontecimientos. Para él lo importante es contar historias con el fin de darle salida al sentimiento y a la nostalgia de lo insólito. Por eso la narración fluye en un lenguaje coloquial, sin aderezos retóricos ni de pesados academicismos. Pero eso sí, dulcificada con gotas de humor en medio de las tensiones y las travesuras. En esta obra, el virtuosismo del narrador para atrapar al lector está fundamentalmente en el corazón del argumento. El escritor no camufla para nada su presencia en los relatos. Al contrario, la claridad de sus actos y decisiones están presentes en toda la obra, donde en varias ocasiones el personaje se debate en los predios de la muerte. En ese sentido, el autor vive el drama como si dijéramos dos veces: primero en los hechos y luego cuando los escribe y los plasma en el universo literario que ha edificado como manifestación de su voluntad creativa.

He aquí, pues, 25 relatos y un personaje retozando en medio del mar de las incertidumbres, donde él es el principal héroe de aventuras en las  que, encandilado con la belleza de una dama, flirtea con ella y al final la deja ir, por sus  exigencias de perfectibilidad; ese mismo personaje es el que conduce un carro sin saber manejar, y es el mismo personaje que pone en juego su existencia en actos de osadía para vivir realidades que lo acercan a la muerte, como le sucedió en medio de las aguas procelosas del Caribe, que un día lo pusieron al borde de beberse el mar.

JOSÉ MORALES MANCHEGO

Prólogo al libro: Sálvate tú, de Hernando Fernández Armella. Ediciones Puerto Arena. Barranquilla, agosto 2023

 

 

martes, 20 de diciembre de 2022

El ojo que purifica el verso

 

 

EDITORIAL

Atenuados los rigores de la pandemia, que con su dureza conmovió al mundo contemporáneo, la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg de la Sociedad Hermanos de la Caridad ha venido reordenando sus actividades para seguir con la tarea de poner su granito de polen sobre los vergeles de la cultura en Barranquilla y el Caribe colombiano.

Todos sabemos que la pandemia de COVID- 19 fue una especie de viacrucis por la que atravesó la humanidad en su viaje de incertidumbres hacia nuevos horizontes. En aquel momento aciago, cargado de tristeza y dolor, las luces del entendimiento se apagaron, las tinieblas y la consternación cubrieron toda la tierra, las columnas y las herramientas simbólicas cayeron destruidas y la palabra encantada se ausentó de los templos de la razón y de la inteligencia. Más tarde, con las elucubraciones de la ciencia y la tecnología, volvió a despuntar el alba, se encendieron las luces, la palabra de vida fue encontrada y con la alegría de una resurrección, el 15 de junio del año 2021, abrimos un escenario frente al mar Caribe, donde la alegría de los vientos agita las olas y la espuma del Océano en un sempiterno idilio se besa con la playa. La decisión de sacar el Gran Recital de su escenario natural se debió a la necesidad de proteger a los intelectuales, a los poetas y a los artistas, y mantenerlos a cubierto de las inclemencias del virus. Ahí, en las arenas de Puerto Colombia estaba Margarita Galindo. Y con ella encendimos la fiesta.

Pero la muerte rondaba sigilosa. De un momento a otro el mar parecía un huracán. Sus aguas procelosas se estrellaban con furia sobre la playa. Querían impedir que a su poeta se la llevara la parca. Las aguas iracundas buscaban espantar a la muerte, pero Margarita Galindo Steffens, con su esplendor verbal, ya la tenía vencida. La muerte quería dar su zarpazo, pero la poeta en una salida luminosa se le va por el camino de la lírica; se planta en el terreno de la armonía y de la cadencia; la mira de frente y con ese tono de voz dulce que conjuga el valor y la ternura le dice:

Hablemos muerte mía, 

desconocida mía, 

oigamos caer la lluvia. 

A su lado

tranquilo pasa el viento. 

Humedece mis manos

su rauda cabellera

finísima de gotas

y la brisa le deja

sus cánticos azules

al silencio. 

 

Hablemos, 

te he encontrado

en la frente pequeña

del rocío

y bien pudiera amarte. 

 

Quiero esperar la noche

hablando de la vida

contigo, muerte mía, 

mientras la lluvia cae. 

La tozuda realidad, como telón de fondo en el poema, es tenebrosa (la noche, la lluvia, el viento que pasa, el silencio). Es un ámbito de terror, pero el arte y la estética literaria de Margarita Galindo hacen soportables los horrores de la muerte, que se vuelve en retirada porque el verso elevado y trascendental de una mestiza infatigable trastornó sus planes.

Dice Federico Nietzsche, en “El ocaso de los ídolos”[1], que “La embriaguez apolínea excita principalmente a los ojos, de forma que éstos adquieren la fuerza suficiente para ver visiones”. En ese estado de embriaguez apolínea algunas voces tienen el privilegio de profetizar hasta su propio destino.

La poeta, como una iluminada, esa noche atisba el tiempo por venir y sabe que a veces el agua refleja la situación de su alma. Por eso, frente al mar, ahora más tranquilo, su visión poética se hace más honda y es capaz de vislumbrar el más allá, donde vivirá con la conciencia plena del interés supremo. De ahí que ella no quiera detener el tiempo. Al contrario, en este momento en que la palabra se enfrenta con la muerte, le pone el acento culminativo a su paso por la Tierra y con intensidad lírica declama ante sus amigos su poema “Aurea”.

Las claves del poema muestran cómo la poetisa del agua, de pie como las palmeras frente al Mar Caribe, suelta la mariposa de su espíritu, buscando con sus versos la Esencia Divina, y ya se siente segura ante la presencia de Dios.

Entonces la poeta se transfigura. Parece poseída por un dios.   Se vuelve más radiante, y con esa confianza en la palabra encantada dice:

Señor, licor de miel, 

solo déjame estar

como si fuera

una danza del sol. 

 

En el amanecer

he salido de mí, 

cristal y saeta, 

para sentir

tus hojas verdecidas

en las maneras frescas

de la umbría

y para ser

la haetera que te asume

en la corola dulce 

de las flores. 

 

Déjame conocer

las otras caras tuyas

sin esta dimensión

que me abre apenas

las puertas de la luz. 

En un canto infinito

multiplicado, vario, 

he buscado el sonido

de tu cuerpo descalzo, 

río continuo

coronado de peces. 

 

Con estos versos previos y tan divinos se cierra el telón.

 

Queridos amigos, Margarita Galindo ha levantado el vuelo hacia la inmortalidad.

 

La Sociedad Hermanos de la Caridad, la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg y la Gran Logia del Norte de Colombia, hoy 17 de diciembre de 2022, le brindan este Gran Recital titulado “El ojo que purifica el verso”, donde fluirán las distintas manifestaciones del arte y la literatura, recogidas en el poemario No. 14, que en su honor llega vestido de azul, “el tono del intelecto, de la paz y de la contemplación. Representa agua y frescor, y simboliza el cielo, el infinito, el vacío del que surge y al que retorna la existencia”[2].  Por su parte el ojo es símbolo de conocimiento, de búsqueda, de sabiduría, y representa el poder de un ser superior que la mira desde las alturas y la espera con los brazos abiertos para realizar un Gran Recital en el Valle de la Eternidad.

JOSÉ MORALES MANCHEGO

Barranquilla, 17 de diciembre del 2022

Editorial del poemario No. 14 Gran Recital Arte in Memoriam. Barranquilla, 17 de diciembre del 2022.

 

 



[1] Friedrich Nietzsche. El ocaso de los ídolos. “Incursiones de un intempestivo”. Aforismo 10.

[2] David Fontana. El lenguaje secreto de los símbolos. Círculo de lectores. p. 66.


domingo, 19 de junio de 2022

Las armas que nos depara la Orden


Una plancha para reflexionar

 

José Morales Manchego[1]

 

La iniciación es la vía activa de la perfección. Para acceder a ella el iniciado debe estar dispuesto a conocerse a sí mismo, conocer el mundo exterior y dominar sus propios instintos. Con la iniciación masónica empieza la búsqueda al interior de uno mismo con el objeto de sacar la obra maestra de la especie, a fin de que le sirva de ejemplo a la humanidad y ésta aprenda a observarse y mejorarse a sí misma en la metáfora del viaje hacia la virtud. De ahí se deduce que la masonería “no es contemplación pasiva del bien sino activo combate contra el mal”[2].

En virtud de lo anterior, para el iniciado que ha alcanzado la comprensión del Arte Real, actuar sobre las circunstancias es sinónimo de estar vivo. En ese sentido, el masón que actúa sobre el mundo circundante tiene el deber de aprender a reflexionar, meditar y ensimismarse con el fin de afianzar su perspectiva de hombre libre y de buenas costumbres y orientarse en el sendero de la vida. Para ello la Masonería le da una antorcha con el ánimo de alumbrar el camino en el viaje por este mundo henchido de pasiones, odios, celos, traiciones, conflictos, tensiones, insatisfacciones y calamidades de toda clase, generadas por los mezquinos impulsos del interés y el egoísmo, contra los cuales ha de luchar sin tregua el hombre virtuoso. Pero el hombre virtuoso no ha de luchar de manera instintiva en un mundo de brumas y borrascas.  A guisa de ilustración recordemos la Tenida de iniciación, sobre todo en aquel momento pedagógico cuando el Venerable Maestro ordena “sentar al candidato en la PIEDRA BRUTA para que medite sobre lo que él acaba de pasar”[3]. Esa enseñanza en el contexto de la iniciación significa que frente a los estímulos a veces poco agradables que nos depara la interacción social, no debemos responder mecánicamente. En este ámbito no aplica la tercera ley de Newton o principio de acción y reacción entre las partículas o los cuerpos físicos. En una fraternidad de constructores espirituales nada se justifica con ese principio que dice: “Toda acción trae una reacción igual y de sentido contrario”. Es más, en los momentos de crisis y tensiones, el masón tiene la oportunidad de esgrimir las armas que le da la Orden, las cuales simbolizan virtudes y poderes interiores, como fuerzas equilibradoras del espíritu que lo llenan de serenidad para que su razón pueda impedir que el instinto tome el rumbo que le dé la gana. La ofensa que nos hagan debe utilizarse para crecer espiritualmente. Si alguien me insulta, esa ofensa no está bajo mi control. Lo que está bajo mi control es mi respuesta.  Recordemos que, en situaciones de crisis, la conquista de la serenidad[4] es condición indispensable para el desarrollo del Masón. Así se pule la piedra bruta. Esos son los momentos de mostrar el talante, reflexionar y ensimismarse para actuar con lucidez y brillo en la inteligencia[5]. El hombre tiene la capacidad de “Transformar la ira en calma interior”, como lo enseña Mike George, maestro de meditación y de desarrollo espiritual, en una interesante obra[6], donde nos da las claves para recuperar el equilibrio emocional en caso de alteración. En eso nos diferenciamos de los animales. El animal no medita ni se puede ensimismar. En otras palabras, el animal no puede entrar en sí mismo y luego volver al mundo exterior con un arsenal de ideas y argumentos para enfrentar las circunstancias. El animal es pura reacción instintiva y pura alteración.

Surge entonces una pregunta: ¿Qué es el hombre alterado?

Para el filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset, el hombre alterado es el hombre vertido al exterior, “fuera de sí”, “enajenado”.  En ese contexto, y sin cándidos titubeos, nos dice Ortega: “El hombre alterado y fuera de sí ha perdido su autenticidad y vive una vida falsa”. “La alteración es la perpetua estafa de nosotros mismos”. “En la alteración el hombre pierde su atributo más esencial: la posibilidad de meditar, de recogerse dentro de sí mismo para ponerse consigo mismo de acuerdo… La alteración le obnubila, le ciega, le obliga a actuar mecánicamente en un frenético sonambulismo”[7] . En otras palabras, la alteración lo lleva a cometer errores en medio de su propia irritación[8]; pero recordemos también que el hombre es el único animal que se equivoca y, por tener esa capacidad de reflexión, es el único que tiene la posibilidad de enmendar el error. El Masón se desarrolla entonces en esa lucha, y es en esa misma lucha donde tiene la responsabilidad de someter a juicio crítico lo que hace, y si es necesario pararse con valentía sobre sus errores para sentir que los superó. Toda esta enseñanza, si reflexionamos, nos hace cada vez mejores masones; masones capaces de pulir la piedra bruta, echar un poco de luz sobre nuestro propio destino, y ensanchar las perspectivas de progreso y unidad de la Augusta Institución, consagrada a la ciencia y a la virtud, pero jamás al odio, la ambición o la hipocresía.

La Masonería nos enseña que solo cultivando la inteligencia y haciéndola prevalecer sobre los instintos primarios, podremos merecer la inmortalidad[9]. Por tanto, con el cultivo de la inteligencia, y usando las armas que nos depara la Orden, podremos desarrollar la aptitud de nuestra mente para resolver problemas y enfrentar las incertidumbres en un mundo cambiante y alterado, donde los valores son ambivalentes y las fuerzas de la vida se enfrentan a las fuerzas de la muerte.

JOSÉ MORALES MANCHEGO

(Artículo publicado en la revista Plancha Masónica. Año 20 No. 44. Barranquilla, diciembre 2021).

 



[1] Ex Gran Maestro de la Muy Resp:. Gran Logia del Norte de Colombia.

[2] Liturgia para el Grado de Aprendiz Masón. R:. E:. A:. A:.  Edición de la Gran Logia del Norte de Colombia. Or:. de Barranquilla, 2006. p. 30.

[3] Liturgia para el Grado de Aprendiz Masón. R:. E:. A:. A:.  Op. Cit. p. 34.

[4] “El signo más seguro de una vida sabia es la serenidad”, dice EPICTETO. El arte de vivir. Editorial Norma. Bogotá. Colombia, 200. p. 32.   

[5] La Cámara de Reflexión simboliza esa capacidad de ensimismamiento que nos aísla del mundo exterior y nos incita a la reflexión íntima para que brote el pensamiento independiente y acercarnos a la verdad. “He ahí el “Conócete a ti mismo” de los iniciados griegos. Véase: LAVAGNINI, Aldo (Magister). Manual del Aprendiz. Editorial Kier. Buenos Aires, 1991. p. 52.

[6] GEORGE, Mike. Transformar la ira en calma interior. Editorial Oniro. Barcelona, 2013. Segunda edición. 205 pp.

[7] ORTEGA Y GASSET, José. Ensimismamiento y alteración. Edición digital. Tomo V. pp. 362 y ss,

[8] “Si alguien nos irrita, es sólo nuestra propia respuesta lo que nos irrita”, dice Epicteto. Op. Cit. p. 42.  

[9] Liturgia del Grado XIV. En: Frau Abrines Lorenzo. Diccionario enciclopédico de la Francmasonería. Editorial del Valle de México. Tomo V. pp. 768 y 769.

lunes, 1 de noviembre de 2021

El maltrato infantil y su huella existencial

 

 

En el ámbito jurídico colombiano los intereses del niño son de alta consideración, como se puede apreciar en el conjunto de normas y preceptos legislativos que en principio están en pleno vigor y observancia. Así tenemos que según el artículo 44 de la Constitución Política de 1991, los niños gozarán de los derechos consagrados en la Carta Fundamental, en la leyes y en los tratados internacionales ratificados por la República de Colombia. El mismo artículo manifiesta elocuentemente: “Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás. Por su parte, el Código Penal, en lo pertinente al castigo para los delitos contra la familia, expresa en sus Artículo 229, Título VI, Capítulo Primero, lo siguiente: “La pena aumentará de la mitad a las tres cuartas partes cuando el maltrato recaiga sobre un menor”.

En realidad, no se puede negar la existencia en Colombia de una bella normativa que trata de proteger al niño de distintas formas de maltrato, tales como el abandono, el acoso sexual, las fracturas, quemaduras y heridas intencionadas, la inasistencia alimentaria, la falta de alojamiento, de vestido, de asistencia médica, etc.  Sin embargo, en la vida cotidiana el maltrato a los menores continúa en todos los sentidos y de manera indolente por parte de muchos padres o tutores y principalmente por la falta de garantías estatales para satisfacer las necesidades básicas de la población infantil, lo cual está generando, en varios lugares de la patria, situaciones funestas como lo demuestra el caso patético de los niños del departamento del Chocó, que mueren de hambre con la piel pegada a los huesos, mientras el alimento que les pertenece lo saborean los cerdos de propiedad de los funcionarios inescrupulosos o de sus dilectos camaradas.

Pero también hay un tipo de maltrato que se lleva a cabo sin intención de hacerle daño al niño. Por ejemplo, la costumbre de lanzar al bebé al aire para recibirlo o apararlo, lo cual puede causar vértigos y trastornos nerviosos momentáneos. En casos extremos este juego puede causar el síndrome del “bebé zarandeado”, caracterizado por “lesiones cerebrales que se producen al sacudir o zarandear severamente al bebé, generalmente menor de dos años, sin que evidencie lesión física externa y en el cual se presenta hematoma subdural o hemorragia interhemisférica”, según la doctora Laura Marcela Pardo Moratto, profesora e investigadora de la Corporación Universitaria del Caribe, CECAR. Otro tipo de maltrato tiene que ver con la impresión causada por temor en el ánimo del niño, propiciada por personas adultas que quieren hacerse obedecer del pequeño. Verbigracia, cuando se le dice al niño: “Me voy y lo dejo”; “Viene el lobo y se lo come”; “Te va a coger el loco”; “Te va a llevar el diablo”, y otras amenazas de la misma naturaleza, que le infunden miedo hacia seres imaginarios y fantasmagóricos. Es de anotar que esta es una de las peores torturas que se le puede infligir a un niño, porque el temor, que es una forma de dominación, socava las bases de la personalidad y deja huellas que debilitan moralmente al individuo. El mundo está lleno de seres martirizados por temores infundidos en la infancia. Por esa razón hay hombres y mujeres que no encuentran cómo calmar su angustia existencial.  Son personas que temen estar solas, e ignoran el placer de hallarse con sus pensamientos en su propia celda conventual o en su propia cámara de reflexiones, para hacer un balance de sus actos, elaborar un proyecto de vida y servirse de su inteligencia para hacerlo realidad. Esas personas atormentadas por el miedo cargan una vida desgraciada y, si no logran vencer su conflicto con la ayuda de un siquiatra, van a constituir la legión de los seres humanos que atraviesan el mundo como simples espectadores que no se atreven a buscar un mundo mejor.

Por eso tenemos que preservar al niño, del miedo. No asustarlo para que crezca libre y actúe, cuando adulto, inspirado en las normas de las buenas costumbres, y sea capaz de reclamar sus derechos y cumplir con sus deberes. Para ello tenemos que empezar por respetar la libertad del niño. No utilizar la violencia física ni la coacción psíquica para imponer nuestros gustos y obligarlo permanentemente a que obre como nosotros quisiéramos.

En este sentido, si bien el pequeño debe estar vigilado constantemente para protegerlo, debe tener la sensación de estar solo. De esa manera obrará con libertad y sus padres o tutores tendrán la ocasión de conocerlo mejor para orientarlo en el difícil, pero ameno tránsito por el planeta que habitamos. No se puede olvidar que el maltrato infantil, por un lado, y la sobreprotección, por el otro, crean más tarde en el adulto cierta imposibilidad de dirigir sus actos y de obrar de acuerdo con su propio criterio. Es en ese contexto donde se reproduce la ideología de la dominación. Esa es, en parte, la razón de la existencia de muchos adultos que no pueden superar la  “minoría de edad” -según la expresión Kantiana- conformándose con vivir apegados a determinados personajes, que son los que les administran las ideas para mantenerlos en la desgracia e impedirles la búsqueda de una vida mejor, mediante la libre elección de sus representantes, que serán los encargados de ejecutar la voluntad popular en el marco de la democracia con justicia social, donde los niños, al decir de José Ingenieros, puedan “aprender a trabajar jugando, entre caricias y sonrisas, entre pájaros y flores”.

JOSÉ MORALES MANCHEGO

Publicado en la revista EL Misionero No. 62. Barranquilla, septiembre de 2007 

domingo, 12 de septiembre de 2021

Entre las nubes y el cielo de la libertad

 

 

Desde los albores de la humanidad el hombre fue seducido por el deseo de elevarse y moverse, por medio de alas, sobre el flujo de los vientos.  En aras de ese anhelo el ser pensante miraba con envidia el ánsar indio que volaba por encima del Himalaya; el cisne cantor, llamado el jumbo de las aves acuáticas; la chova piquigualda que aleteaba sobre el Everest; el cóndor andino, la más grande de las aves voladoras, o cualquier ave capaz de surcar el firmamento. Esa obsesión de volar le abrió al hombre caminos imaginarios para dominar los aires y navegar entre las nubes y el cielo de la libertad.

Dice la historia que el pionero de la aviación fue el genio florentino del Renacimiento, Leonardo Da Vinci con sus máquinas voladoras; sin embargo, en los relatos mítico encontramos al ingenioso Dédalo que fabricó unas alas, se las pegó con cera en el cuerpo e hizo lo mismo con su hijo Ícaro, quien se elevó demasiado en el espacio sideral, con el infortunio de que el calor del Sol le derritió la cera, se le desprendieron las alas y se precipitó al mar en lo que podría llamarse el primer accidente aéreo de la historia universal.

Como se puede apreciar, los sueños que precedieron a la aviación nacieron en la mente de hombres intrépidos, como intrépidos fueron los que el 5 de diciembre de 1919 fundaron la Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos (SCADTA), la primera empresa de aviación de Barranquilla y América Latina, que se perfiló como agente del desarrollo comercial. Sus fundadores fueron: Werner Kaemmerer, Albert Tietjen, Arístides Noguera, Cristóbal J. Restrepo, Rafael María Palacio, Stuart Hosie, Jacobo Correa y Ernesto Cortissoz “El conquistador de utopías”, ungido como presidente de la compañía y frater de alto grado en la Francmasonería.

Al recordar ese feliz momento en que Barranquilla vio volar las gaviotas del ensueño, recuerdo también que en el Cementerio Universal, ataviado de lirios y cayenas, hay un monumento funerario para honrar la memoria de los mártires de la aviación, que entregaron su vida en aras de una causa decisiva para que el progreso de nuestro país se posicionara en el cuadrante de la historia y pudiera franquear los umbrales de la modernidad. En el accidente aéreo acaecido el 8 de junio de 1924 perdieron la vida: Ernesto Cortissoz, Albretch Nikisch Von Roseneck, Cristian Meyer, Fritz Trootst, Hellmuth von Krohn y Guillermo Fitcher.  Ese día la radiante utopía se transformó en dolor y llanto, pero ellos, los navegantes del martirio sellaron con su muerte la culminación de sus ideales. Entonces sus almas se elevaron al cielo después de regar por el mundo las auroras de una empresa promisoria, que en el año de 1939 se transformó en AVIANCA.

Este poemario es una edición conmemorativa de los 100 años de SCADTA, que en sus páginas guardará para siempre el recuerdo del homenaje que le brindó la Sociedad Hermanos de la Caridad el 5 de diciembre de 2019, en una noche de intensidad lírica y artística, donde brilló la fulgurante poesía a cargo de Gustavo Taboada Mendoza, Lucía Armella González y Eduardo Berdugo Cuentas. El “Gran Recital Arte in memoriam” esta vez se llamó, “Entre las nubes y el cielo de la libertad”. La programación fue la siguiente: 1. Himno Nacional de la República de Colombia e Himno de Barranquilla; 2. Presentación de la “Marcha Turca” de Wolfang Amadeo Mozart, ejecutada por la niña Ana Sofía Lasso Morales; 3. Proyección de dos videos: uno sobre el accidente del hidroavión Junkers F13 “Tolima”,  elaborado por el Grupo de Investigación Hangar Colombia, y el otro sobre la aviación en Barranquilla, elaborado por la Universidad del Norte; 4. Palabras de Jorge Cortissoz; 5. Peregrinación al mausoleo en honor a los pioneros de la aviación en Colombia y colocación de un arreglo floral; 6. Lectura de poemas; 7. Palabras del Gran Maestro de la Gran Logia del Norte de Colombia, Álvaro Cañavera Zapata; 8. Entrega de pergaminos a las familias de los pioneros de la aviación en Colombia; 9. Presentación musical a cargo del Colegio Alemán; 10. Clausura. Es de anotar que el 2 de diciembre de 2019, en el marco de la conmemoración, se llevó a cabo en la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg, la conferencia: “Ernesto Cortissoz en el centenario de SCADTA”, a cargo de Jaime Cortissoz.

Finalmente, mis agradecimientos a la Sociedad Hermanos de la Caridad, lumen de la educación y la cultura, que nos facilita el lápiz y el papel, y nos presta los espacios con todo lo divino y lo humano que brilla en el escenario teatral, para que el Gran Recital Arte in Memoriam llene, con sus resplandores, la atmósfera del “Camposanto de la Libertad”.

Gracias a los familiares de los fundadores y mártires de la aviación, que nos honraron con su presencia, al igual que la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles. Todos ellos visitantes ilustres, imposible de nombrarlos sin caer en el riesgo de incómodas omisiones.

Gracias a los poetas y artistas, que con su palabra encantada y la rapsodia de sus versos llenaron el aire con el sublime aroma de la libertad.

Gracias al Gran Arquitecto de la euritmia universal por crear a esos seres de pico y pluma, que con su vuelo inspiraron a hombres intrépidos para que surcaran los espacios, sintieran el placer de las alturas y nos dejaran un mundo poblado de historias y recuerdos, de triunfos y naufragios, pero que al final se salvaron del olvido y ganaron con su obra el sueño de la inmortalidad.

JOSÉ MORALES MANCHEGO

Barranquilla, marzo del año 2021

Editorial del poemario "Gran Recital Arte in Memoriam" No. 13