martes, 8 de abril de 2014

La realidad de los hechos derrota a los fantasmas




José Morales Manchego


Cuando se habla de la Sociedad Hermanos de la Caridad no es necesario llegar a deliquios intelectuales para saber que la idea inicial  de sus fundadores no sólo se ha mantenido a  lo largo de su historia, sino que se ha desarrollado proyectivamente en medio de los desafíos y las incertidumbres de la sociedad contemporánea.

De antemano es importante aclarar que la Sociedad Hermanos de la Caridad, a diferencia de otras empresas del sistema mercantilista, no se agota en el cálculo y la simple ganancia, sino que gran parte de su producción es empleada para fomentar la caridad y auxiliar a los más necesitados, con el ánimo de ser útiles a la asociación universal del género humano.

En ese sentido, los grandes espíritus fundadores de la altruista entidad, desde sus inicios en el siglo XIX, propendieron por la construcción de una Iglesia católica y propiciaron  la creación de un Hospital de Caridad y el Cementerio Universal, obras que se adelantaron con los auxilios de la Nación, el Estado de Bolívar, el municipio de Barranquilla, las donaciones voluntarias de sus miembros y el concurso de distinguidas personalidades de ese entonces.[1]

Así mismo, el 15 de octubre de 1870, por iniciativa del Hermano Eusebio de la Hoz, se creo El Misionero, periódico pequeño, tamaño un cuarto, de cuatro páginas, que circulaba quincenalmente, pero que sólo alcanzó a llegar al número  5, el cual salió el 15 de diciembre del mismo año de su nacimiento[2].

Después de largos años de congelamiento sobre los cristales de sus glorias, nos encontramos en la segunda época de la Sociedad Hermanos de la Caridad, que irrumpe en medio de un mercado mucho más competitivo, manteniendo el altruismo como principio fundamental. En estas circunstancias, vemos a la nueva generación de dirigentes de la noble Institución, realizando la reorganización de la misma, con una conciencia autorrenovadora, poniéndola a funcionar con sus propios esfuerzos, sin tener que recurrir a los auxilios oficiales. Estas nuevas generaciones han sabido desarrollar la constelación de sueños de los fundadores, manteniendo su libertad y su autonomía, para evitar que sea penetrada por intereses mezquinos y heterónomos, que le impidan el libre desarrollo de su naturaleza.

En los últimos 20 años, también se han realizado obras de interés material,  como la Funeraria Universal y el Horno Crematorio, lo mismo que obras de implicaciones intelectuales, como la donación de becas a niños pobres de preescolar y a estudiantes de bachillerato y Universidad. Dentro de esa pretensión de educabilidad se creó el Liceo del Norte de Colombia, colegio gratuito para la infancia, que estaba ubicado en la comuna suroccidental de Barranquilla. En 1992, la sociedad barranquillera presenció la refundación de El Misionero, ahora en formato de revista, la cual ha llegado al número 72.  El 15 de julio de 1999, en  medio de un arsenal de intencionalidades educativas, siendo presidente de la Sociedad Hermanos de la Caridad el ilustre médico ginecobstetra Leonello Marthe Zapata, se inauguró oficialmente la Biblioteca Pública julio Hoenigsberg.  Esta Biblioteca tiene como objetivos: prestar apoyo a la educación, fomentar la lectura, la investigación, la recreación, proporcionar información, distribuir en forma gratuita las publicaciones de la Sociedad Hermanos de la Caridad. En fin promover la cultura en sus distintas manifestaciones.

Hoy nos complace presentar el No. 72 de El Misionero, con la siguiente cascada de autores:


Ángela Marcela Morales, antropóloga de la Universidad de los Andes, en su artículo Miradas interdisciplinarias, plantea las incertidumbres de quienes hoy se arriesgan a navegar en el insondable mar de la información, en busca de la verdad como base de la vida material y espiritual. En ese contexto, el camino a seguir es la interdisciplina, enfatizando en la capacidad humana de amar y de soñar en este mundo globalizado, donde los objetos tienen tonos multiculturales y variopintos.

Betty Córdoba Arrieta, en Teorías del diseño curricular, se refiere a las propuestas que se están discutiendo en los foros internacionales sobre la problemática de la educación en América Latina. En su artículo analiza las tendencias curriculares en el marco de la globalización, matizadas por el humanismo y la ética de la comprensión.

Jorge Álvarez Hernández, con su artículo titulado Carlos Marx y el objeto de la Filosofía como conciencia histórica, nos evoca la doctrina de ese pensador del siglo XIX, que le dio sentido a la crítica y a la rebeldía en el ámbito social. Fue tal la fuerza de su ideología,  que cuando ésta se prendió en las masas, produjo las grandes revoluciones sociales de la Historia Contemporánea.


Carlos Perdomo Cueter, en su artículo sobre Francisco Miranda, considera que el precursor de la independencia hispanoamericana, fue el primero que universalizó los conflictos coloniales del Nuevo Mundo.

Por su parte, en su artículo El pensamiento de Miranda y el mundo de hoy, Asdrubal Díaz, un economista fungiendo como historiador, busca proyectar la Historia más allá de sus límites tradicionales.

Rafael Fulleda Henríquez, médico pediatra, escribe Mis vivencias sobre el río Magdalena, artículo en el cual nos lleva a una maravillosa aventura, matizada con ribetes autobiográficos, como destellos históricos, que nos permiten pensar en esa historia dormida que se encuentra latiendo en su memoria.

José Gabriel Coley, filosofo y escritor, en su artículo titulado Julio Enrique Blanco y la Universidad del Atlántico, nos muestra el rango intelectual y creativo de este personaje, al que fue dedicado el X Gran Recital “Arte in Memóriam Día de los Difuntos”, realizado el 8 de noviembre de 2013 en el Cementerio Universal, donde  el fundador de nuestra Alma Mater, duerme tranquilo bajo el cielo estrellado de Barranquilla.

Ángel Otazua Pacheco, con un enfoque microhistórico que se inscribe dentro de la Nueva Historia, nos entrega un artículo titulado El teatro Apolo de Barranquilla, en el cual destaca actores sociales poco conocidos y olvidados, como el doctor Alberto Reinel Osorio, nacido en Soledad y gestor de este proyecto sociocultural, tan significativo para la ciudad de Barranquilla.

David De Aguas Urrego nos brinda una reseña sobre la película “Los olvidados”, una historia trágica y realista sobre la vida de los niños en los barrios marginales de la ciudad de México.  Es la tragedia de la infancia, de los mendigos, de los niños abandonados, los horrores de la promiscuidad sexual, la miseria. Es el drama humano de dolor y lagrimas en que se debaten los olvidados de siempre. Es decir, aquellos que esperan las hondas transformaciones sociales para que les den lo que en justicia les corresponde. Pero mientras llegan las soluciones, la gran catarsis está en el arte y la literatura.

En ese sentido, esta nueva edición de El Misionero cuenta con un ramillete de temas literarios firmados por escritores e investigadores de enaltecedoras referencias, que  hacen un valioso aporte a la cultura letrada y al desarrollo del pensamiento crítico. Ellos son: Rosa Peñaranda, Alberto Contreras, Orlando Logreira, Edgardo Ponce Sandoval, Mayra Mola, Gustavo Taboada y Betty Fulleda, quien nos presenta una reseña de las actividades culturales de la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg realizadas en el año 2013, en la cual se incluye un resumen de las tertulias del grupo Episteme, que abre un espacio semanal en la Sede Cultural José “Pepe” Stevenson Collante para el discurrir intelectual en Barranquilla.

El Rincón Poético, bajo el enfoque periodístico de Betty Fulleda Fandiño, está dedicado a Cristo García Tapias,  un escritor que juega con las palabras para darles música y convertir el dolor en versos. La lírica de Cristo García, en toda la gama de su expresividad, nos lleva al roce con la naturaleza y nos da la sensación de su infinito. Es una poesía cargada de pasión bucólica, de filosofía, de música, de ternura y de las fantasías eróticas subyacentes, necesarias para aliviar el desgarro de una sociedad que se debate entre el horror y el desamparo.


Finalmente, a nombre de la Sociedad Hermanos de la Caridad y de su revista El Misionero, me permito decirles que desde ya y para siempre, recibiremos con beneplácito los juicios que el soberano tribunal de la crítica nos endilgue. Eso si, desde las diáfanas trincheras de la legalidad, sin parar mientes en los fantasmas que expelen un siniestro fuego fatuo desde los abrevaderos oscuros de la clandestinidad.


____________________________
[1] Para ampliar esta idea, léase: Stevenson Samper. Barranquilla y el legado del padre Carlos Valiente. Universidad del Norte. Barranquilla, 2013. 130 pp.
2 Véase: Marte Zapata, Leonello. Historia de la Sociedad Hermanos de la Caridad.

 (Editorial de El Misionero No. 72. Barranquilla, Colombia, marzo de 2014)





El simbolismo y el sentido filosófico del Grado XVIII de la Masonería




José Morales Manchego 33º

“La divinidad atribuida a Jesús de Nazareth no es para nada tomada en cuenta en este grado, ni la Masonería se ocupa en atribuirle ni negarle tal o cual carácter.  Es para nosotros el símbolo del maestro, la alegoría que representa el poder del amor y la virtud. En él vemos el luchador que combate la ambición con las armas de la Tolerancia y la Caridad, y como éstos son los únicos medios que debemos emplear para realizar la obra masónica, se deduce que Jesús es para los masones un símbolo de abnegación, un emblema de la Sabiduría, extirpando el error con la razón.” Lorenzo Frau Abrines. (Diccionario enciclopédico de la Masonería. Tomo 5. P. 795)

Por su simbolismo y su ceremonial, el Grado de Soberano Príncipe Rosacruz  (Grado 18) ha sido interpretado por algunos masones, como un grado de tipo religioso, dedicado a conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Cristo, y la doctrina compendiada en los cuatro evangelios.

Frente a esa interpretación es preciso anotar que la Masonería que se practica en este Oriente y en este Valle, auspiciada por el Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia, del R:. E:. A:. A:., no establece en ninguno de sus grados las creencias religiosas. Al contrario, advierte al iniciado que todas las religiones fueron creadas por el hombre[1], enmarcadas en el contexto económico, político, literario, lingüístico e histórico de la coyuntura que las vio nacer.

En esa misma secuencia de ideas es importante anotar que los principios de la Orden se fundamentan en el racionalismo, médula filosófica de la Edad Moderna, de cuyas entrañas surgió la Masonería. La Masonería, es entonces una escuela de formación moral e intelectual de corte racionalista.  Por eso, ante la triada religiosa que enseña: fe, esperanza y caridad, la Masonería dice: caridad, esperanza y fe[2].

Dicho esto es necesario aclarar que la posición teológico-religiosa es congruente con el pensamiento de San Agustín, cuando dice: “Creo para comprender”.  En cambio, el racionalismo de la burguesía naciente, que más tarde será recogido por la Masonería, comienza a balbucear por boca de Abelardo, quien invertía la frase de San Agustín y decía: “Comprendo para creer”. Es importante recabar sobre estos planteamientos: Si San Agustín decía: “Creo para comprender”, Abelardo manifestaba: “Comprendo para creer”[3].

Con estos prolegómenos vamos a entender mejor por qué la teología dice: Fe, esperanza y caridad; mientras que la Masonería dice: “Caridad, esperanza y fe”.

Ahí está la diferencia entre el fanatismo y la razón, entre la astucia que engaña y la verdad que enseña.  En otras palabras, en esa simple transposición de palabras que son la base del Grado XVIII, está la diferencia sustancial entre religión y Masonería[4].

La Masonería empieza con la caridad.  Pero en este punto también es preciso hacer otra aclaración: para nosotros la Caridad no es la limosna, que consuela un día para hacer más angustioso el día siguiente, tal como la entienden las religiones.  Para nosotros la caridad es la educación que perfecciona al hombre y lo forma como trabajador digno, para que la justicia y el amor recíproco reinen en el universo[5].

La religión dice: “Fe es creer lo que no entendemos y no vemos”[6]. Apreciación que se opone a la razón.  Para la Masonería la fe es la certeza de lo que se espera. Es la “Confianza en avanzar en el progreso y mejora de la humanidad”[7]. En ese sentido, la Masonería tiene Fe en la ciencia que ha de traer la perfectibilidad y el bienestar al género humano.

Por eso el Grado XVIII debe enfocarse con los criterios y la metodología que nos depara la ciencia y la perspicacia que nos dan las enseñanzas iniciáticas. Con esas guías para analizar los hechos, nadie puede entender cómo para salvar a la humanidad se tenía que sacrificar a un hombre justo, como fue Jesús.  En cambio, desde el punto de vista iniciático podemos entender que la muerte y resurrección en los libros sagrados es un simbolismo de la iniciación.

La resurrección de Lázaro, por ejemplo, es el simbolismo de una iniciación. Los exégetas de la Biblia, como Eduardo Shure, dicen que la muerte y resurrección de Lázaro es una simbolización de la iniciación de Juan, el discípulo amado. En una dimensión más profunda, “La escena del Gólgota no es otra cosa que una Iniciación transportada sobre el plano de la historia Universal”[8].

Entonces tenemos que la resurrección ha sido entendida de dos maneras:
1.             La interpretación que tienen las religiones, la cual es una resurrección material.  Es decir, es un acto mediante el cual “todas las almas de los hombres, tanto buenos como malos, se juntarán con sus cuerpos en la segunda venida de Cristo.”[9] En otras palabras, es la vuelta a la vida, con carne y todo, del cuerpo material que dejó de existir hace mucho tiempo.
2.             La interpretación que tiene la Masonería de la resurrección es diferente. Para nosotros la resurrección es espiritual, y no es más que la profunda idea de la iniciación.  Para el Masón, la resurrección significa la purificación y regeneración espiritual, hechos que comienzan con la iniciación y deben continuar con el pulimento permanente de la piedra bruta.

Un verdadero masón, que razone sobre el simbolismo de sus grados, y que use bien las herramientas y la antorcha que le da la Orden, no puede ver el espectro religioso en el contenido esencial del grado XVIII, ni puede dejarse engañar por las mentiras de las sectas fanáticas y supersticiosas.  No olvidemos la enseñanza Masónica: “No serás verdadero masón mientras no sepas distinguir la verdad de la mentira y hacer la demostración.”[10]

En el simbolismo del grado XVIII se reafirma que la muerte de Jesús constituyó una catástrofe que estremeció el templo de la libertad, la justicia y la fraternidad. Es el momento en que el Hijo del Hombre cayó victima del despotismo político y religioso, que le dio un suplicio de esclavo, al sublime redentor de la humanidad, al amigo de los pobres e infortunados, al modelo inmaculado de las más  excelsas virtudes.

Por eso la hora del Capitulo Rosa Cruz es: “La que nos recuerda el instante en que el velo del Templo se rasgó, en que las tinieblas y la Consternación cubrieron la tierra, en que desapareció la Estrella Flamígera, en que se oscureció la Luz del día, en que las CCol:. y los instrumentos Mmas:. cayeron destruidos; en que la Piedra cúbica sudó sangre y agua, el instante, en fin, en que se perdió la Libertad de la Palabra, y la censura, la delación, el despotismo y el envilecimiento, fueron la Ley Universal de las naciones”[11].

Cabe preguntar: ¿Qué significan estos fenómenos para la Masonería?

Para la Masonería estos acontecimientos no son sobrenaturales, sino que poseen una trascendencia simbólica y una significación mística. Ellos representan las intangibles consecuencias de la muerte del Maestro. En palabras más explicitas: la muerte de Jesús es la luz perdida o la palabra perdida. Es la destrucción de los instrumentos masónicos que simbolizan las excelsas virtudes. Es el momento en que la piedra Cubica, que representa el alma del que aspira alcanzar su fuente -en este caso Jesús- sudó sangre y agua en la angustiosa noche de Getsemaní. Es la desaparición de la Estrella Flamígera, que simboliza al Hombre o microcosmos[12], como expresión del espíritu que anima al universo y se constituye en principio de toda sabiduría.

En síntesis, he aquí la verdad punzante: el Maestro ha desaparecido, y con él desapareció la esperanza de libertad, igualdad y fraternidad. Sin embargo, un rayo de luz rasga las profundas tinieblas. Jesús ha resucitado y con la antorcha de su ideario alcanzaremos la victoria. Por eso, la emancipación que plantea la Orden en el Grado 18 está clara cuando dice: “Pues si la Mas:. Conmemora tal catástrofe, EExc:. CCab:. VVig:. pedid a los HH:. que decoran nuestros VVall:., que nos ayuden a continuar los TTrab: del Sob:. Cap:., para tratar con renovados esfuerzos de volver a poseer esas libertades incomparables”[13].  En efecto, la Masonería recupera la doctrina diáfana de Cristo, simbolizada en la Ceremonia del domingo de pascua de resurrección en el que se encienden las luces apagadas el jueves santo.  En ese sentido, “se restaura el reino de Jesús, para lo que el iniciado debe prepararse, convirtiéndose en sabio universal.”[14]

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1 Liturgia del Grado XXX. Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia (Fundado en 1833). R:. E:. A:. A:..Barranquilla, febrero de 2006. p. 12.
2 Liturgia del Grado XVIII. Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia (Fundado en 1833). R:. E:. A:. A:. . Barranquilla, noviembre de 2004. pp. 35-36
3 Véase: Ponce, Aníbal. Educación y lucha de clases. Pp. 151-152
4 Liturgia del Gr:. XVIIIOp. Cit. p. 36.
5 Ibíd. Pp. 36-37.
6 Catecismo Católico Explicado del P. Gaspar Astete y el P. Eliecer Salesman. Editorial centro Don Bosco. Santafé de Bogotá, 1983. P. 199
7 Diccionario Akal de la FrancMasonería. Ediciones Akal. S. A. Madrid, 1997. P. 148. [1] Shure, Eduardo. Iniciaciones Secretas de Jesús. Editorial Solar. Bogotá, 1993. p. 168.
8 Sagrada Biblia. (glosario). Traducción de la Vulgata Latina al Español (1884) por el Ilmo. Señor Félix Torres Amat. Editorial: Impreandes Presencia S. A. Santafé de Bogotá, 1999. Pp.1290-1291.
9 Sagrada Biblia. (glosario). Traducción de la Vulgata Latina al Español (1884) por el Ilmo. Señor Félix Torres Amat. Editorial: Impreandes Presencia S. A. Santafé de Bogotá, 1999. Pp.1290-1291.
10 Liturgia del Grado XXX. Op. Cit. p. 12.
11 Liturgia del Grado XVIII. Op. Cit. p. 59.
12 Daza, Juan Carlos. Diccionario Akal de la Francmasonería. Op. Cit. P. 141.
13 Liturgia del Grado XVIII. Op. Cit. p. 3.
14 Daza, Juan Carlos. Op. Cit. p. 332.















sábado, 16 de noviembre de 2013

La Filosofía bajo el cielo estrellado de Barranquilla





Hace más de una década, en una memorable noche de noviembre, el poeta Ricardo León De las Salas y sus amigos de fogoso arrebato lírico, auspiciados por la Sociedad Hermanos de la Caridad, llegaron al Cementerio Universal y osaron interrumpir el apacible silencio de los muertos. De tumba en  tumba deambulaban recitando sus versos, para dejar a los difuntos la expresión trascendental del encanto indefinible que todo artista pretende alcanzar. Se abrió así la ventana por donde se podía observar el maravilloso destello de la inteligencia y la osadía. Sólo faltaba propiciar nuevos encuentros y socializar, con un selecto auditorio, la maravillosa experiencia, con el fin de darle un nuevo rumbo a la aventura. Así se hizo y así nació una nueva forma de conmemorar el día de los muertos, para significar que aquí, en este camposanto de la libertad, no sólo es posible el dolor, sino la creatividad que nos llena de alegría y de resonancias existenciales.

Hasta la fecha han recibido el homenaje póstumo del  Gran Recital Arte Inmemóriam “Día de los Difuntos”, los siguientes personajes que decoran el Valle de la Eternidad: Gabriel Escorcia Gravini, Leonello Marthe Zapata, Jorge Artel,  Gloria Logreira, Celia Cruz, Alvaro José “el Joe” Arroyo y Alejandro Obregón.

El recital que hoy inauguramos se titula “La Filosofía bajo el cielo estrellado de Barranquilla”, y es un homenaje póstumo al filósofo y fundador de la Universidad del Atlántico Julio Enrique Blanco, “un Catón de la cultura”, como dijera Alfredo De La Espriella”. Julio Enrique Blanco fue un lector infatigable y un autodidacta consumado. Su mejor escuela fue él mismo. Estudioso del genio especulativo del siglo XIX, Emmanuel Kant, y del padre de la Escuela Heroica de la Historia, Thomás Carlyle, quien decía que “La verdadera Universidad en nuestros días consiste en una colección de libros”.

Esta vez, al frente de la tumba de Julio Enrique Blanco, nos convoca la palabra, la música y la acción dramatúrgica.

La palabra poética, con el encanto de la armonía y el equilibrio que le da elevación y gracia al lenguaje, estará representada por: Tito Mejía Sarmiento, Getulio Vargas, Edgardo Ponce Sandoval, Frank Pereira, Rosa Peñaranda Castillo, Billie Jean Madera, Orlando Logreira, Alberto Contreras Mercado, Janeth Gómez Eljaude, Gustavo Taboada, Emmanuel Villegas, Hugo León Donado y William Renennberg.  Ellos, como poetas, son los cantores del gozo placentero y de los dolores cósmicos.

El arte sonoro, que nos recrea el oído, nos produce deleite y nos conmueve la sensibilidad, estará representado por el cantautor Cristian Rojas, el Grupo Marzúa y la Sinfónica Metropolitana, que dirige el Maestro José Elías Yepes Olivero.

La acción dramatúrgica estará a cargo de Mayerlis Beltrán y Fernando Cárdenas, dos cóndores que han emprendido el vuelo sublime hacia la inmortalidad.

Señoras y señores:

Bienvenidos al contexto cultural del Cementerio Universal, donde no sólo contemplamos mármoles rodeados de corales, acacias y cayenas, sino que sentimos la música y la alquimia de la palabra encantada, que se transmuta para que la fantasía tome cuerpo en la poesía.

José Morales Manchego


Editorial. Poemario No. 9.  X Gran Recital “Arte in Memóriam Día de los Difuntos. Barranquilla- Colombia, 8 de noviembre de 2013.

miércoles, 14 de agosto de 2013

El Dios de la Masonería




José Morales Manchego


La idea nuclear de este artículo gira en torno al concepto de Gran Arquitecto del Universo, el símbolo más importante de la Francmasonería moderna, no sólo porque es el fundamento de la tolerancia, que permite la libertad de tendencias ideológicas en el seno de la Orden, sino porque brilla en todas las Liturgias del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, que dirige el Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia, además de que es un requisito previo de todos los trabajos del masón, los cuales se dedican a la gloria de este principio cardinal.


De entrada es necesario recalcar que en Masonería, Gran Arquitecto del Universo es un principio simbólico y no necesariamente teológico, que nos debe servir de modelo en el pulimento permanente de la piedra bruta, porque el ser humano es un proyecto inacabado, con perspectivas de perfeccionamiento, idea ésta consustancial con el planteamiento de Serge Hutin cuando dice que ““El hombre es un Dios en potencia que puede desarrollar sus poderes de manera ilimitada” .


Entendida de esa manera, la dimensión simbólica de Gran Arquitecto del Universo trae como consecuencia que en la Augusta Institución caben todos los seres humanos libres y de buenas costumbres, sin distingos ideológicos o de creencias, incluyendo a los materialistas filosóficos, que consideran que la causa primera es la materia. Es decir, la sagrada energía que generó al mundo y generó la vida.


Es de anotar que cada masón tiene la libertad de interpretar este símbolo acorde con sus ideas filosóficas o religiosas. De tal manera que esa es la razón por la cual en la Augusta institución conviven fraternalmente los deístas, los teístas, y los ateístas, “considerándose en este último caso el Gran Arquitecto como expresión abstracta de la Ley Suprema del Universo”.


El principio simbólico Gran Arquitecto Del Universo permite que el masón profundice cada vez más en sus propias convicciones y creencias, que deben ser toleradas por los demás hermanos de otras creencias. En ese proceso se va nutriendo la independencia de criterios, como forma que utiliza el libre pensador para pulir la piedra bruta, trabajo éste que se realiza penetrando intelectualmente en los distintos niveles de significación de los símbolos, los cuales se van comprendiendo en la medida en que nuestros ojos espirituales se abren frente a la luz masónica, que es la luz que debe iluminar al mundo profano y no viceversa.


Pero la realidad práctica de la masonería nos enseña que “el Gran Arquitecto no es únicamente un símbolo abstracto, sino un dios viviente, la Causa del ser, Creador o constructor del mundo…” , según el diccionario Akal de la Francmasonería.


La argumentación de esta tesis está basada en ejemplos y explicaciones fundamentadas en las Liturgias, las cuales determinan la forma y el contenido de las ceremonias dramatúrgicas de los grados masónicos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, que van del 1° al 33°.


Veamos algunos ejemplos:


Una de las condiciones para que un profano ingrese al Templo Masónico es que responda a la pregunta: “¿Creéis en la existencia de un Principio Creador?” . La respuesta a esta pregunta no puede ser negativa, porque quien se inicia en la Masonería debe construir el templo espiritual bajo las leyes de su Maestro Constructor o Gran Arquitecto del Universo . Además, si la respuesta es negativa, entraría en contradicción con las palabras del Venerable Maestro, que complementan la respuesta del profano. Dice entonces el Venerable Maestro: “El convencimiento de que lo creado es el efecto de una CAUSA PRIMERA, parece un hecho irresistible al espíritu humano, hijo de la razón.” Y más adelante agrega que los hombres de las primeras edades o algunas tribus salvajes no tenían idea de esa causa primera o Dios, en lenguaje profano; “…pero el hombre civilizado, de modo casi universal, se ha creado la convicción, que es ya una necesidad de su espíritu, de que existe un PRINCIPIO ABSOLUTO Y ETERNO, que rige las leyes de la naturaleza y al cual llamamos los MMas:. G:. A:. D:. U:.”.


Pero la Masonería no sólo habla de Gran Arquitecto del Universo. También nos habla directamente de Dios.


En la Liturgia del IV Grado, el Orador de esta Cámara Capitular dice: “Yo, el Señor tu Dios, te he sacado de Egipto, donde permanecías prisionero. No adorarás otros Dioses, ni harás otros Dioses, ni harás imágenes de barro, ni nada que lo represente en la tierra, en el cielo ni en el mar, ni le rendirás adoración ni les servirás”. El masón acucioso, movido por el deseo de aprender y por tanto de pulir la piedra bruta, debe confrontar estas palabras de la Liturgia del 4° Grado. p. 19, con las palabras del Éxodo. Cap. 20, versículos 2-4.


Más adelante dice el Orador: “No venerarás ídolos, ni harás ídolos de oro, ni profanarás el santo nombre de Dios jurando en vano”. Estas palabras, que se encuentran en la página 19 de la misma Liturgia Masónica, deben confrontarse con las del Éxodo. Cap. 20, vers. 7.


En la Liturgia del Grado 30, el presidente de esta Cámara filosófica dice: “Dios omnipotente que nos miras en todas partes; tú a quien debemos la existencia y la razón; tú, que has querido que goce el hombre de todos los bienes que pusiste a su alcance, dígnate ayudarnos, porque nuestra esperanza está en Ti” .


En el Grado 33 la Liturgia dice: “¡Oh Grande y Eterno Dios! ¡Padre de la Luz, de la vida y de los mundos! Arquitecto Supremo que desde tu trono de celestial pureza ves a todos los pueblos de la tierra: Oye y acepta las plegarias y súplicas de tus indignos siervos… graba en nuestros corazones el conocimiento de tu palabra, y permite que el objeto de nuestra Institución pueda ser dirigido por los principios de la virtud y de la justicia” .


Y como si esto fuera poco, en el ceremonial de Pompas Fúnebres masónicas, el Ven:. Maestro dice: “El hombre viene de Dios, vive en Dios y vuelve a Dios” . Todos los hermanos que toman parte en la ceremonia repiten esas palabras.


No se puede negar que la masonería tiene un Dios, pero la masonería no es una religión. Es de resaltar que las religiones no son más que formas ideológicas que han producido los hombres como una necesidad histórica del medio en donde han florecido, orientadas a la búsqueda incesante de Dios. De esa búsqueda de Dios, condicionada por las circunstancias, han surgido todas las religiones positivas, las cuales consideran que los dogmas que constituyen su doctrina son producto de la revelación. Hablar de revelación implica dogma, porque la revelación en teología es la manifestación de Dios a los hombres para comunicarles un conjunto de verdades inmutables o de mandamientos. En cambio la masonería, como escuela de formación de tipo racionalista, no contempla la revelación, ni los conceptos de pecado, redención o resurrección material, por considerarlos de carácter irracional. El Dios de la Masonería, como causa primera, se basa en la razón. Pero este concepto es solamente trascendental, es decir es un ser real, pero que no se puede determinar de manera específica como hacen las religiones. En este sentido, la masonería tiene afinidad con los deístas , mientras que las religiones son teístas. Los deístas representan este ser meramente como causa y principio del universo, mientras que los teístas, lo reconocen como autor del mundo. De ahí que el Gran Arquitecto puede llegar a identificarse por algunos masones como una Ley en el sentido natural del término. Ese sería su principio creador.


Ahora bien: reconocer la existencia de un principio creador no impide para nada que la masonería se apoye en la ciencia y el humanismo, como lo dice la Liturgia del Grado IX cuando afirma: “Porque así como el Sol con su luz material libra al Universo de las tinieblas en que le envuelve la oscuridad de la noche, nosotros con el fanal de la Ciencia y la Virtud le libramos de la ambición, que con su falaz hipocresía extiende sobre él el negro manto de la ignorancia” .


Conclusivamente se puede afirmar que la masonería tiene un Dios al que los masones llaman Gran Arquitecto del Universo. Este símbolo permite que en la Augusta Institución puedan convivir seres humanos de todas las creencias, incluso los ateos, porque se entiende que un ateo si es apasionado por el saber, el bien y la virtud, y no se mezcla con la maldad de este mundo, sino que la combate, ese ateo está puliendo la piedra bruta con el modelo de su Dios. Por eso la Masonería es tolerante, por eso lucha contra el oscurantismo y el dogmatismo, ofreciendo toda la libertad para que cada masón penetre el símbolo según su propia capacidad intelectual y sus convicciones individuales. En consecuencia, la masonería no puede ser dogmática y mucho menos una secta, porque siendo una Escuela Racionalista de Librepensadores, nadie está obligado a seguir las ideas de otro de manera irreflexiva, como sucede en las sectas religiosas.























domingo, 26 de mayo de 2013

Obregón - Universal: La majestuosidad del arte entre las tumbas y los versos



EDITORIAL
Hemos llegado al No. 8 del Poemario, una publicación de la Sociedad Hermanos de la Caridad, donde se recoge la producción poética que aflora en el Gran Recital Arte in Memoriam, “Día de los Difuntos”, certamen anual que se realiza para rendir homenaje póstumo a un personaje destacado de nuestra región, con las elucubraciones del arte y la literatura.
El personaje escogido para este año es el pintor Alejandro Obregón, genio de inmensas capacidades artísticas, que traduce de manera contundente el calor y la luminosidad del Caribe.
Su pincel estampa en las telas no sólo su amor por la naturaleza, sino sus vivencias, su temple ideológico y sus destellos por la libertad. Al analizar sus obras se palpan sus dolores íntimos y sus íntimas esperanzas. En uno de los momentos históricos difíciles de nuestra patria, cuando el autoritarismo y la violencia se ensañaban sobre Colombia, Obregón lanzaba latigazos a color sobre el lienzo y las paredes de espléndidos murales, produciendo obras desafiantes de denuncia y de altísimo vigor estético. Tal es el caso de su obra “Masacre del 10 de abril”, que contiene una valerosa crítica política y social. En la misma línea está la obra “El estudiante muerto” (1957) y “Luto por un estudiante”.
Hoy estamos aquí para rendirle homenaje a este ilustre hijo del universo.     Y me atrevo a decir que ningún lugar del mundo es más apropiado para hacerle un homenaje a Obregón, que el Cementerio Universal. Primero, porque estamos al frente de su tumba, un hermoso mausoleo de esa familia que tanto lustre le ha dado a la República de Colombia. Segundo, porque este camposanto guarda un acervo histórico y una belleza arquitectónica, que le sirve de entorno próximo al genial artista, que partió glorioso para el valle de la eternidad. Todos sabemos que el Cementerio Universal es el panteón de mayor trascendencia histórica de la ciudad y de una belleza artística sin igual, donde, paradójicamente “cobra vida la imponente serenidad de la muerte”, según palabras del historiador Alfredo de la Espriella.
Este Gran recital está engalanado con distinguidas personalidades de la poesía como Margarita Galindo, Nora Carbonell, José Manzur, Betty Brunal, Pedro Mata y Dina Luz Pardo, seguidos por aquellos que están levantando vuelo como Alberto Cervantes, Wilmar González, Tito Mejía, Orlando Logreira  y Rosa peñaranda, quienes abren sus alas y buscan horizontes de diáfanas claridades para posarse en las cumbres de la creatividad.
Este poemario que está en tus manos, recoge, además, un opúsculo de Evaristo Bejarano, titulado El color del trópico,  nombre que le hemos dado a esta versión del Gran Recital “Arte in Memoriam día de los Difuntos”,  que pone a todos los amantes del arte y las bellas letras, a transitar por el ámbito del afecto, prendidos de la vida para buscar la victoria final frente a la muerte.

José Morales Manchego

Poemario No. 8. IX Gran recital "Arte in Memóriam Día de los Difuntos". Barranquilla, 9 de noviembre de 2012.