domingo, 15 de julio de 2012

EL MISIONERO, 70 EDICIONES ACOGIENDO LOS EFLUVIOS INTELECTUALES DE QUIENES BUSCAN UN MUNDO MÁS HUMANO





La revista El Misionero ha llegado al número 70.  El primer número salió a la luz pública el 15 de octubre de 1870 con la intención de circular cada 15 días. Fue una velita encendida por el doctor Eusebio De la Hoz, la cual se extinguió antes de cumplir un año.
Tras un período de inactividad, que duró mas de un siglo, El Misionero reapareció como el ave fénix el 9 de mayo de 1992, por iniciativa del médico Leonello Marthe Zapata, con un nuevo formato y esgrimiendo contenidos diferentes en el campo de las ideas.
La edición No. 70 circula en una etapa de la civilización humana, denominada sociedad del conocimiento, donde el fundamento del nuevo orden social es la producción intelectual, que hoy se difunde con velocidad impresionante por todos los rincones de la Tierra Patria. Por tal razón abrimos las páginas de esta revista de la Sociedad Hermanos de la Caridad a todas las personas interesadas en el progreso de la humanidad, basado en la educación y el humanismo.
Sentado este preámbulo, iniciamos nuestro diálogo con el lenguaje plástico del Maestro Antonio I. Caro, quien pone a triunfar la pintura sobre el cartón para entregarnos una obra de técnica mixta, cuyo mensaje visual tiene un sentido estético, que envuelve una idea de contenido social. Caro nos conduce a las puertas del humanismo, a través de la aventura de la imaginación, plasmada en el díptico que ilustra la carátula y contracarátula, titulado “Haz y envés” en el cual cada pincelada encierra una multiplicidad de contenidos.
La cascada de artículos se inicia con Jairo Soto Hernández, quien nos muestra el trabajo: Diablos africanizados recorren San José de Uré, en el cual se recrea la religiosidad de un pueblo que se mueve entre el fervor religioso y la superstición, dejando aflorar elementos importantes de la mentalidad colectiva de Uré, municipio del departamento de Córdoba, en el Caribe colombiano.
Marta Morales Manchego, redactora del diario El Tiempo, nos envía desde Bogotá una entrevista, exclusiva para El Misionero, titulada: Director de la Dian, un hombre honesto a toda prueba. Se trata de Juan Ricardo Ortega, uno de los pocos funcionarios que lucha para que en este país se desmonte la corrupción generalizada y el sistema de complicidades, que pone en duda la existencia del Estado de Derecho.
Rachid Nader Orfale, un “liberal de hueso colorado”[1], como dijera Gabriel García Márquez de su abuelo, nos ilustra con un artículo titulado: El Estado social de derecho como manifestación revisionista del liberalismo clásico. Nader Orfale sostiene que el Estado Social de Derecho es producto de una clara visión revisionista del liberalismo clásico, que valoró el aporte de doctrinas como el marxismo, cuyas ideas de justicia social, de igualdad, así como los flagelos que hoy azotan al mundo, como el hambre y la miseria, la concentración de la riqueza en pocas manos, el marginamiento y las falencias en el sistema de salud, deslegitiman y muestran las limitaciones del sistema liberal.
Jeisson Ramírez analiza el artículo Wall Street Socialista, bajo el enfoque de Peter F. Drucker en su libro La sociedad post capitalista, examinando  varios elementos como la teoría de la administración responsable (incluidos aquí los fondos de pensiones), la transformación del capitalismo, y el paso hacia la era del conocimiento.
José Morales Manchego aplicando los elementos de la poesía a los Cuentos infantiles para adultos y seniles, de Simón Orozco, encuentra que el libro tiene música, contiene pensamiento y está henchido de emociones.
El reconocido escritor cordobés, Nelson Castillo Pérez, nos envió dos textos inéditos titulados: La Directora,Isabel y los espejos, los cuales constituyen dos piezas literarias de su próximo libro, Textículos, que se encuentra en  proceso editorial.
Adolfo Villadiego Roso analiza críticamente el Cantar de los Cantares, ese diálogo poético de los enamorados, que se encuentra en el Libro de la Ley Sagrada. El Cantar es una crítica al actuar de Salomón como rey.  Villadiego maneja intertextualidades bíblicas que corroboran los desafueros de Salomón, quien violó las leyes civiles y religiosas,  establecidas por la teología deuteronómica, al entablar relaciones amorosas con mujeres extranjeras, dejando al descubierto los manejos monetarios dudosos y los abusos que hacía desde el poder.
Jorge Álvarez Hernández, con la alquimia de la palabra filosófica nos pone en contacto con el pensamiento griego, estudiando en Sócrates, Platón y Aristóteles uno de los conceptos cruciales de la antigua Grecia, cual es la areté, equivalente a la virtus latina, para designar la excelencia o la perfección humana en el campo de la ética. La adquisición de la areté era el eje de la educación del joven griego para convertirse en un buen ciudadano.
El artículo de Jairo Soto Hernández, titulado: La enseñanza de las ciencias sociales en una sociedad multicultural y pluriétnica, aporta ideas para una educación  que navega en la incertidumbre, como barco a la deriva, en las aguas procelosas del mar de la información. Hoy los estudiantes pueden estar bien informados  a través de los medios de comunicación de masas, pero carecen de competencias para interpretar, relacionar y contextualizar esa información. Por tanto, la enseñanza de las ciencias sociales reclama una nueva mirada para que los estudiantes se encaminen a leer bien nuestra realidad social.
Ángela Marcela Morales en su artículo Intervencionismo y biodiversidad en las políticas de etnicidad nos plantea las contradicciones y los problemas que se generan a partir de los discursos ambientalistas y multiculturalistas, que proliferan a nivel internacional y que están presentes en la Constitución Política de la República de Colombia.
Álvaro Cañavera Zapata nos entrega el discurso que leyó en las pompas fúnebres del médico Luis Emilio Carrasquilla Cruzado, miembro activo de la Sociedad Hermanos de la Caridad. En esa misma ceremonia, la esposa del finado, doña Emilse de Carrasquilla, improvisó unas palabras que fluyeron de su mente, de manera fulgurante, para buscar el encuentro con lo extraño, porque la esperanza de su eterna compañía se ha trocado en certidumbre de la ausencia. Con estas dos piezas oratorias rendimos un homenaje póstumo al ilustre Hermano, que emprendió el sublime vuelo hacia el Valle de la Eternidad.
Un fusilamiento en las paredes del camposanto es un documento contenido en el libro: Historia de la Sociedad de Hermanos de la Caridad, de Leonello Marthe Zapata, que registra un episodio de la historia patibularia del país, acaecido en los albores del siglo XX en los paredones del Cementerio Universal. La pena capital en Colombia  obnubiló a eminentes personalidades de nuestra historia política, que desconocieron la protección del derecho fundamental a la vida, y cometieron irreparables injusticias como la plasmada en el texto mencionado.
Rafael Fulleda Henríquez, médico pediatra, escribe un artículo sobre El maltrato infantil, en el cual se refiere al síndrome de Munchausen, una forma particular del maltrato infantil, en la que el niño es víctima de un adulto, quien le provoca o simula la existencia de una enfermedad, poniendo en peligro la vida de ese niño, muchas veces en aras del interés particular. En su artículo, Rafael Fulleda, cuenta que el maltrato infantil ya estaba presente desde las primeras civilizaciones, tanto de Oriente como de Occidente,  hallándose casos patéticos en los registros que nos depara la Biblia.
Fernando Llano Toro, en su artículo Neutrinos versus Teoría de la Relatividad sintetiza la polémica que aflora de los laboratorios en el campo de la Física de las partículas. Por un lado están las conclusiones del experimento OPERA que informó haber detectado neutrinos que supuestamente viajaban más rápido que la luz; por otro lado el Centro Europeo de Física de partículas (CERN) considera que los neutrinos no son más veloces que la luz.
Francesco Vitola Rognini entrevista al escritor Antonio Mora Vélez, pionero de la ciencia ficción  en Colombia. Mora Vélez nació en Barranquilla, en 1942 y desarrolló sus inteligencias múltiples en los  feraces valles del Sinú y el San Jorge. Desde ese punto geométrico, con el universo en su conciencia, fue capaz de crear mundos alternos en la literatura, y proyectarse internacionalmente como un intelectual polifacético que ha sido traducido a varios idiomas.
Ricardo Varela Consuegra, Gran Maestro de la Gran Logia del Norte  de Colombia, con sede en Barranquilla, nos entregó el expresivo discurso sobre el Joe Arroyo, que leyó en el VIII Gran Recital Arte in Memoriam día de los Difuntos, llevado a cabo el 25 de noviembre de 2011, en el parque – jardín de la Funeraria Universal, en homenaje a ese gran maestro del arte musical.
Mario Morales Orozco et al, en el trabajo titulado: Redescubrimiento radicular en el sector estético, empleando una técnica de túnel con injerto de tejido conectivo, nos demuestran, en el esplendor de esta revista de carácter humanístico, que la creatividad, ya sea en el arte, la ciencia o la tecnología, por el mismo hecho de serlo presupone la belleza.
El Rincón Poético, bajo el enfoque periodístico de Betty Fulleda Fandiño, está dedicado a la aventura estética de Margarita Galindo, cuyos poemas brotan del fondo de su alma, para cantarle a la naturaleza, al amor y a la divina esencia, mediante una “poesía intemporal, pura, universal”, según apreciación del bardo José Manzur. En otra dimensión, el yo poético de Margarita Galindo trasciende las perspectivas convencionales, con el fin de llevarnos a disfrutar un mundo de ensoñación, bañado de ternura y de una suave claridad, que nos hace más amable la vida y nos ayuda a resistir con serenidad los embates de las fuerzas nihilistas en su intencionalidad disolvente.
Finalmente, mis agradecimientos a todos los colaboradores, invitándolos a redoblar sus esfuerzos reflexivos en torno  a los múltiples problemas nacionales y regionales, para que siga prosperando el pensamiento creativo de lo nuestro.
A nuestros lectores, la más grata bienvenida a las páginas de El Misionero, elaboradas con dedicación y desvelo, con la esperanza de  entregar en sus manos, los mejores frutos  de nuestra labor intelectual.

JOSÉ MORALES MANCHEGO

Editorial de El Misionero No. 70. Barranquilla, junio de 2012.


[1]Expresión de Gabriel García Márquez En: Yo no vengo a decir un discurso. Literatura Mondadori. Bogotá, 2010. pg.99.

miércoles, 6 de junio de 2012

VIDA EJEMPLAR





JOSE MORALES MANCHEGO

En el Hospital de Montería hay un busto que honra la memoria de un esclarecido militante del Arte Real de la Vida, hombre trabajador y estudioso, ejemplo para que las futuras generaciones transiten por los caminos de la ciencia y la virtud, que él, como caballero del espíritu, contribuyó a despejar en los feraces valles del Sinú y el San Jorge.
Pero ¿quien era ese hombre? ¿De dónde venía?Se trata de Alejandro Giraldo Sánchez (q. e p. d.), nacido en Sahagún, Córdoba, en 1881. Estudió Medicina en la Universidad Nacional de Colombia, con sede en Bogotá. Más tarde recibió, durante dos años, entrenamiento clínico y quirúrgico en la prestigiosa Clínica Mayo de los Estados Unidos.Con esa formación profesional tan alta, Alejandro Giraldo regresó a su patria a servirle a su pueblo, a sabiendas de que le tocaba moverse en un medio geográfico difícil; pero eso no lo amilanó pues su temple lo acompañaba siempre a entregarse con alegría en procura de ayudar al que lo necesitaba.Uno de sus descendientes directos, el doctor Rodrigo Giraldo, decía el 23 de octubre de 1986 en una mesa redonda convocada por la Casa de la Cultura de Montería: "Todavía me asombra y no alcanzo a comprender por qué un hombre que dominaba cuatro idiomas y que recibió en­trenamiento clínico y quirúrgico en Rochester, prefirió ejercer la profesión de la medicina y nada más que la medicina, en un medio rústico, primitivo y hostil, cuyos únicos medios de comunicación no eran otros que el caballo y la canoa, la brida y el remo."Particularmente soy del sentir, que Alejandro Giraldo dejó los amplios horizontes de Estados Unidos para ir y venir sobre el lomo de la mula en el país de los zenúes, porque él, a pesar de su formación intelectual, jamás perdió la identidad con su familia ni con su pueblo, en cuyo seno encontró también una gozosa manera de ampliar sus conocimientos, alternando la lectura y la investigación con el trato afable de la gente.Cuentan quienes lo conocieron, que —en la época de los "baluartes" del campesinado sinuano, inspirados en la triunfante Revolución Rusa— una noche lluviosa venía el doc­tor Giraldo a caballo, extenuado pero satisfecho de una larga jornada profesional, cuando una avanzada de Vicente Adamo, con el jefe rebelde a la cabeza, lo intercepto y le gritó en la jerga castrense: ¡Haga alto! De inmediato el doctor Giraldo se detuvo, y cuando los alzados en armas lo identificaron en la tenebrosa pe­numbra le dijeron: ¡Ah! es el doctor Giraldo...¡Siga, que a usted lo queremos mucho!Este medico fue un defensor de la paz, crítico de todo procedimiento de fuerza para resolver los problemas entre los seres humanos. No obstante, lo respetaron  tirios y troyanos por su sabiduría y por su entrega al estudio y al servicio desinteresado de sus conciudadanos. Para mas señas, con otos personajes cimento los ideales de la masonería en lo que hoy es el departamento de córdoba  fundado en 1936 la logia estrella del sinù, en la cual fungió como su primer presidente o venerable Maestro, activado de los principios masònicos de libertad, igualdad y fraternidad.  Vale la pena anotar que para esa época  al celebrar una de las fiestas solsticiales ( la del 24 de junio dedicada a San Juan bautista patrono de la Mas..), la francmasonería monteriana acostumbraba sacrificar una res, cuya carne se repartía a la gente mas necesitada y se regalaban juguetes a los niños pobres.

Personas como ésta, son las que Colombia y el Gran Arquitecto del Universo necesitan y reclaman. Su vida ejemplar debe servir de guía en la formación intelectual y moral de los estudiantes, no sólo del departamento de Córdoba, sino de todo el país. Al ponerlo como ejemplo, hago referencia al profesional sencillo, transparente, sólida columna de la Gran Obra, que puso su vida al ser­vicio de la humanidad, sin anteponer el beneficio personal. El doctor Ale­jandro Giraldo Sánchez murió en Montería, en paz con Dios, consigo mismo y con sus semejantes, el 9 de junio de 1941 sin dejar grandes riquezas materiales, y sus hijos, en el crepúsculo de sus vidas, todos ellos formados con el código moral que les deparó su padre, sólo viven de los frutos que les ha dado el ejercicio limpio de su profesión; pero, eso si, cuentan con un corazón grande y un espíritu generoso. De su descendencia puedo afirmar que me plugo haber trabajado por más de un lustro, en la Logia Estrella del Sinú, al lado del doctor Gustavo Giraldo Revueltas (q. e. p.d.) —hijo de Alejandro— de quien disfruté su gentileza, su caballerosidad, su ingenio, su talento y su actividad en la Masonería, institución que guardará para siempre, como en el caso de su padre, un capítulo inmenso de su biografía.(Publicado en la revista El Misionero. Año 10. No. 36. Barranquilla, marzo de 2001)


sábado, 24 de marzo de 2012

LA UNIDAD EPISTEMOLÓGICA Y METODOLÓGICA DEL RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO



JOSÉ MORALES MANCHEGO

El hombre debe aceptar como verdad sólo aquello que él puede probar por sí mismo, porque ninguna verdad es verdad para uno, mientras no pueda probarla por su propia experiencia”. Luis Umbert Santos[1]



Con este pensamiento de Luis Umbert Santos trataré de probar que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, que dirige el Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia, tiene 33 grados que desarrollan las esencias arquetípicas de la Masonería, las cuales en los diferentes grados encuentran una aplicación y una cristalización unitaria y coherente en torno a los grandes objetivos de la orden. Esta hipótesis parece una perogrullada; pero deja de serlo, si tenemos en cuenta que hay muchos masones e instituciones masónicas en el mundo que dicen ser 30 los grados del Rito, dejando a muchos iniciados con la mente fluctuando ante una disyuntiva: Rito Escocés Antiguo y Aceptado, 30 ó 33 grados.


En efecto, la Liturgia de la Muy Respetable Gran Logia Nacional de Colombia, en su parte preliminar, manifiesta lo siguiente: “El simbolismo, que es lo único que nos viene de la Antigüedad, no forma parte de ningún Rito. Son los llamados Grados superiores –fundados recientemente, pudiera decirse - los que han venido a constituir los Ritos, y es sobre estos grados, únicamente, que un Supremo Consejo tiene jurisdicción”[2].


Con ese planteamiento se pretende abogar por la autonomía absoluta de las Grandes Logias, y señalar la acción de los Supremos Consejos exclusivamente sobre los grados que van del 4º al 33º. Pero antes de entrar en materia propiamente dicha, es importante aclarar lo que es un rito y la importancia de mantener la consistencia intrínseca del rito.


La palabra rito en Masonería se usa en dos sentidos diferentes[3]:


En primer lugar, rito hace referencia al conjunto de reglas, preceptos y elementos simbólicos repetidos invariablemente, con los que se practican las ceremonias y se confieren y comunican los signos, toques, palabras y secretos de cada grado. El rito (con minúscula) incluye los diversos actos ceremoniales, como el despojo de los metales, recepción de dignatarios, iniciación, adopción de luvetones, consagración del templo, banquete ritual, honras fúnebres, etc.


Ahora bien: El trazado o despliegue de los símbolos hay que hacerlo en determinada forma, con sujeción a normas estrictas; es decir, en condiciones que le confieren el carácter de un rito. Por ejemplo, en el trazado del cuadro logial, cada dignidad y cada uno de los oficiales tienen su determinado puesto en logia. Los puestos no se pueden ocupar arbitrariamente, sin sujeción a la lógica del rito. Por eso, el Estatuto No. 6, Capitulo II de los Estatutos de la Gran Logia del Norte de Colombia nos ilustra acerca de cómo deben ubicarse los masones en una tenida. Por esa misma razón, el Venerable Maestro, antes de abrir los trabajos le dice al Maestro de Ceremonias: “Servíos ver si todos los QQ:. HH:. están en sus respectivos puestos y con las decoraciones propias de sus GGr:. y OO:.”[4]. Si los Hermanos no están en sus puestos y con sus decoraciones respectivas, nos estamos apartando del rito. Igual sucede con el respeto al deber del Primer Vigilante, que es: “Cuidar de que la Log:. esté a cubierto…”[5]. Si no cumplimos con el deber de estar a cubierto, también nos estamos apartando del rito. Hoy, el Hermano que se encuentra en Logia y usa el teléfono celular para comunicarse con el exterior del Templo, está violentando el rito, al poner la Logia al descubierto.


Con todo esto quiero decir que hay una estrecha relación entre símbolo y rito. Una vez finalizado el rito, muchos símbolos pierden su razón de ser. Por eso cuando se lee una plancha de grado superior en Cámara de Aprendices[6], se omiten las partes pertinentes a los grados superiores. No obstante, esa misma plancha puede publicarse completamente en cualquier revista masónica para que la lean todos los Hermanos Masones y los no iniciados que quieran y puedan leerla. El contexto del símbolo en Masonería es el rito. Por eso se dice que los ritos son “símbolos puestos en acción”[7]. Los 33 grados del Rito Escocés, Antiguo y Aceptado simbolizan la edad de Jesús, personaje éste que, visto en su dimensión histórica, constituye uno de los modelos que tenemos los masones que trabajamos en este Rito.


Hasta aquí hemos hablado de rito con minúscula. Pero la palabra rito tiene otra acepción, la cual suele usarse con mayúscula para distinguirla de la acepción que se explicó en los renglones precedentes.

Rito (con mayúscula) hace referencia a cada rama o sistema particular de la Masonería. En Masonería existen muchos Ritos. Pero es necesario resaltar que es común a todos los Ritos la aceptación de los tres grados del simbolismo: aprendiz, compañero y maestro. Esa es la base de toda doctrina masónica. Luego siguen los grados filosóficos. En el filosofismo (los restantes grados) el número de sus grados, nombres, enseñanzas y ritos (con minúscula) varían. Cada Rito masónico reconoce diversos grados en la carrera hacia la perfección.


En el documento titulado: "Grandes Constituciones de 1786", que aparece publicado en el libro de los Estatutos Generales del Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia R:. E:. A:. A:.[8], se afirma lo siguiente: “Existen varios Ritos del Régimen Escocés. Las doctrinas de estos Ritos son casi las mismas. Todas están dirigidas al mismo fin. Todas provienen de un mismo tronco. En consecuencia, no difieren en puntos que sean difíciles de conciliar. Esos Ritos son: “Rito Antiguo, de Heredóm o de Hairdom, del Oriente de Kilwinnig, de San Andrés, de los Emperadores de Oriente y Occidente, de los Príncipes del Real Secreto o de Perfección; Rito Filosófico, y finalmente Rito Primitivo, el más reciente de todos”[9]. A renglón seguido asevera el mismo documento: “Adoptando, pues, como base de nuestra saludable reforma el título del primero de esos Ritos y el número de Grados de la Jerarquía del último, los declaramos de ahora para siempre reunidos en una ORDEN que profesando el Dogma y las puras Doctrinas de la antigua FRANCMASONERÍA, abra todos los sistemas del rito escocés bajo el nombre de RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO”[10]. Luego dice: “La doctrina será comunicada a los Masones en treinta y tres Grados, divididos en siete Templos o clases. Todo Masón estará obligado a recorrer sucesivamente cada uno de esos Grados antes de llegar al más sublime y último”[11], que es el grado 33, según el siguiente texto: “El primer Grado estará sometido al segundo, éste al tercero y así sucesivamente hasta el Grado sublime –el trigésimo tercio y último- que inspeccionará, dirigirá y gobernará todos los otros”[12]. Ahí está clara la articulación entre el simbolismo y los grados filosóficos, y la subordinación de los grados inferiores a los superiores, lo cual se complementa con el Artículo 196 de los Estatutos del Supremo Consejo, que a la letra dice así: “Toda sentencia, suspensión o pena impuesta en las Cámaras simbólicas para que afecten al Masón en sus grados superiores, debe ser revisada por el Supremo Consejo y, si la hallare justa, este alto Cuerpo o la Cámara subordinada correspondiente, proferirá fallo definitivo. Pero a un Gran Inspector General no se le puede acusar en una Cámara inferior, y sólo el Supremo Consejo o el Soberano Gran Comendador conocerán de la acusación o queja que en el simbolismo o en cualesquiera otra Cámara le sea formulada”[13].


Por otro lado, la Constitución Masónica de la Gran Logia del Norte de Colombia se sancionó y promulgó en representación de las Logias del R:. E:. A:. A:., según reza en su Preámbulo[14]. Así mismo, la Muy Respetable Gran Logia del Norte de Colombia “podrá aceptar bajo su jurisdicción a Logias Regulares con sede en otros Orientes, para facilitarles la práctica de Masonería, siempre que éstas reconozcan el Rito escocés Antiguo y Aceptado”(Artículo Segundo. Título I. p. 25).


De todo lo anterior se puede concluir que el Rito Escocés, Antiguo y Aceptado es un sistema de 33 grados, en los cuales los tres primeros (Aprendiz, Compañero y Maestro) corresponden a las logias simbólicas que se federan y constituyen una Obediencia, llamada Gran Logia, regida por un Gran Maestro. Ahora bien, independiente de estos tres grados, desde el punto de vista administrativo, pero estrechamente ligados en el Rito, se hayan los grados filosóficos que comprenden del 4° al 33°, constituyendo la Masonería Filosófica, la cual está regida por un Supremo Consejo del grado 33, cuyo presidente es el Soberano Gran Comendador.


UNIDAD EPISTEMOLÓGICA ENTRE EL SIMBOLISMO Y EL FILOSOFISMO


Quienes elaboraron el R:. E:. A:. A:. supieron mantener la unidad epistemológica entre el simbolismo y el filosofismo. Esto quiere decir que hay un hilo conductor desde el punto de vista de la teoría del conocimiento en todos los grados de la Masonería escocista.

El profano que se inicia en la Masonería del R:. E:. A:. A:. comienza un proceso de formación que tiene 33 grados. Equivocadamente algunos Hermanos llaman iniciación a la recepción en cualquier grado. Eso da pie para crear fisusras en la unidad monolítica del Rito. Un Maestro no puede volver a iniciarse en el cuarto grado. El Diccionario Akal de la Francmasonería dice: “En masonería se designa con el nombre de “ceremonia de iniciación” a los acontecimientos que se desarrollan en el Templo, por los cuales una persona pasa del estado de profano al de hermano y aprendiz masón…[15]”. En ese sentido, la iniciación se hace una sola vez. Iniciarse es nacer para volver a vivir. La iniciación introduce al profano en un mundo nuevo. La cualidad iniciática se recibe al unirse un profano a la cadena de una organización iniciática. La Masonería en general es una comunidad iniciática. El que entró en su seno no tiene que volver a iniciarse. Más bien tiene que seguir el proceso de iniciación, que es una cosa diferente. Y eso es lo que hace un masón cuando entra a los grados filosóficos.

Si revisamos las Liturgias del Grado cuarto al noveno, podemos observar que epistemológicamente son la continuación de los tres primeros grados llamados simbólicos. Al respecto dice Aldo Lavagnini: “Es indudable que estos nueve grados forman el ciclo completo en el cual se concluyen los desarrollos ulteriores de la Leyenda Hirámica”[16]. Los demás grados no se refieren directamente a la leyenda de Hiram, pero se ocupan de problemas filosóficos, metafísica y de formación en general, que preparan al iniciado para la realización de la Gran Obra. Juan Carlos Daza, autor del Diccionario Akal de la Francmasonería, dice: “De forma general, los altos grados también pueden considerarse como extensiones o desarrollos del grado de Maestro”[17]. La razón de la existencia de estos grados complementarios nos la da René Guenón cuando manifiesta: “Si el grado de Maestro fuera más explícito, y también los que son admitidos a él estuvieran verdaderamente cualificados, sería en su interior donde tendrían que producirse los diversos desarrollos, sin que fueran necesarios otros grados nominalmente diferentes de éste”[18].


La continuidad epistemológica entre simbolismo y filosofismo se observa también en el siguiente requisito, que en el papel es de gran exigencia y de mucho rigor intelectual. En efecto, una de las Liturgias de la Augusta Orden, asevera que la condición indispensable de ingreso al 4° Grado del R:. E:. A:. A:. es que el candidato esté preparado y haya comprendido las enseñanzas de los tres primeros grados, y que demuestre su eficiencia en esos tres primeros grados[19].


Es innegable que los grados del simbolismo son básicos para seguir la carrera masónica. Por eso, para entrar al 4° Grado, en el filosofismo se procede de la siguiente manera: En la Cámara 18 se presenta la solicitud. Los HH:. presentes en la Ten:. examinan dicha solicitud. Se pone a la consideración del Sob:. Cap:. la personalidad del solicitante y se decide sobre su aceptación o no al Capítulo. Si la decisión es favorable, se designa la tesis que debe sustentar el candidato para su calificación definitiva. De inmediato se convoca una tenida para oír la exposición del aspirante. Luego de abiertos los Ttrab;, en el Gr: 18, se bajarán los Trabajos a Cámara de Maestros, para que el candidato haga su exposición y sustentación. Todos los HH:. presentes en la Cam:. 18 pueden hacerle preguntas sobre el tema desarrollado[20]. Esta exigencia de conocimiento sobre el simbolismo indica que hay una continuidad epistemológica con el filosofismo.


Así como hay unidad epistemológica entre el simbolismo y el filosofismo, también encontramos unidad metodológica entre esas dos instancias del Rito. Las Tenidas en el simbolismo y en el filosofismo son psicodramas. En ambos se utiliza el simbolismo. En ambos se pone en acción el símbolo. En el simbolismo y en el filosofismo, los símbolos actúan como guías. Ellos son los que marcan la orientación en el camino. Este punto es importante, porque algunos piensan que el filosofismo masónico no es simbólico, sino solamente filosófico. Y eso no es cierto. Admitamos que no hay herramientas, pero si hay símbolos. En el Grado 9°, dedicado al hecho simbólico de la venganza, encontramos una cabeza cortada, asida por los cabellos, que simboliza uno de los enemigos del hombre , la ambición, representada por Jubelón, el cual al ser vencido, con las armas de la virtud y de la verdad, nos permite orientarnos hacia los fines constructivos de la institución. En el Gr:. de Cab:. Rosa Cruz (Gr:. 18), la rosa abierta, por su corta existencia, “simboliza la muerte prematura de la Fraternidad, de la que es emblema, cuando le faltan sus elementos de vida, que son el amor y la tolerancia”[21]. Por su parte, la Cruz, según reza la Liturgia, “Es el símbolo principal del grado Rosa Cruz y resalta la analogía de este grado con el de Maestro, cuyas enseñanzas se desarrollan en los grados capitulares”[22]. Otros símbolos de este grado son: el pelícano que se abre el pecho para dar a sus hijos alimento cuando ese alimento no se encuentra. En ese sentido, el pelícano “Simboliza la Caridad del Masón hacia todos sus semejantes”[23]. Si desentrañamos el simbolismo de la Cámara XVIII, en términos generales, encontraremos que el grado de Cab:. Rosacruz tiene un sentido y una esencia diferente a lo que nos muestra la simple percepción, que no profundiza en las complejidades filosóficas del símbolo. Es decir, estamos hablando de un grado de esencia simbólico. Por su parte, el Grado 30 está lleno de símbolos: el águila, símbolo de la audacia, de la investigación y del genio; el águila bicéfala, que duplica el simbolismo del águila y representa los dos poderes en un solo cuerpo; la tiara papal, símbolo de la tiranía religiosa; la corona real, emblema de la tiranía dinástica; el cráneo con la corona de siempre vivas, símbolo de los que han perecido defendiendo los derechos del hombre. Se puede afirmar entonces que en Masonería todo es símbolo y todo en Masonería encierra un sentido filosófico.

Hasta este punto se ha tratado de demostrar la articulación jurídica, epistemológica y metodológica del R:. E:. A:. A:.

Ahora bien: Las propias Liturgias del Simbolismo y del Escocismo reconocen la unidad del Rito. Según la Liturgia para el Grado de Aprendiz Masón, los trabajos se abren “…en el Prim:. Gr:. Simb:. del R:. E:. A:. A:.” (p. 9). Lo mismo sucede en el segundo y tercer Grado, según la Liturgia del Grado de Compañero (p. 10) y la Liturgia del Grado de Maestro (p. 15).

En la Liturgia del Grado 30 el Presidente de la Cámara dice al recipiendario: “El grado que voy a conferirte es el trigésimo y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Los restantes son gubernativos”(p. 21).

En la Liturgia de Aprendiz Masón, al consagrar al candidato dice el Ven:. Maest:. :”…os declaro y constituyo Apr:. Mas:. del R:. E:. A:. A:. y os consagro en este primer Gr de la Mas:. Simb:., por los… golpes MMist:. De los H:. D:. L:. V:.” (p. 40).


CONCLUSIÓN


Los grados del R:. E:. A:. A:. son eslabones de una misma cadena. La diferencia entre simbolismo y filosofismo es de tipo administrativo. Pero entre ambos dominios no hay diferencia sustancial (epistemológica o metodológica).


El Sup:. Consejo delega en el Gran Maestro de una Gran Logia, la administración de los tres primeros grados. En otras palabras,: otorga a la Gran Logia la regencia de los tres primeros grados del simbolismo. En cambio los grados del 4° al 33° del filosofismo están regidos por el Sup:. Cons:.. Ambos, el simbolismo y el filosofismo, trabajan en la misma dirección, profundizando en los símbolos, conocimientos y género de vida del proceso iniciático, que busca convertir al hombre en una obra maestra de la humanidad.

(Este artículo fue publicado en: Revista Escocismo 1833. Barranquilla, marzo de 2012).
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[1] Umbert Santos, Luis. El catecismo Masón. Editorial Pax México. México 13, D. F., 1989. p. 9.

[2] Baena, Francisco E., P:. G:. M:., Maanning, Isaac y Baker, H. W., fundadores de la Muy Respetable Gran Logia Nacional de Colombia, 1918.
[3] Véase: Daza, Juan Carlos. Diccionario de la Francmasonería. Akal Ediciones. Madrid, 1997. pp. 323 y ss.
[4] Liturgia para el Grado de Aprendiz Masón. p. 7.
[5] Loc. Cit.
[6] Daza, Juan Carlos, en su Diccionario de la Francmasonería, dice: “Cámara. Generalmente recibe este nombre toda reunión de una Logia en un grado concreto, simbólico, filosófico o de carácter administrativo, recibiendo la reunión el nombre de Cámara de…(según el trabajo): Cámara de aprendiz, cámara de instrucción, cámara de hacienda, cámara de consejo y apelación, etc.” Op. Cit. p. 71.
[7] Daza, Juan Carlos. Op. Cit. 324.
[8] Grandes Constituciones de 1786. En: Estatutos Generales del Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia. R:. E:. A:. A:. (Fundado en 1833). p. 74. Este documento es reconocido y proclamado por el Supremo Consejo, según el Art. 2 de estos Estatutos, como base inconmovible y reguladora del Rito. P. 19.
[9] Estatutos Generales del Supremo Consejo... Op. Cit. p. 74.
[10] Ibid. p.p. 74 y 75.
[11] Ibid. p. 75.
[12] Loc. Cit.
[13]Ibíd. p. 67.
[14] Constitución Masónica de la Gran Logia del Norte de Colombia. p. 25.
[15] Daza, Juan Carlos. Op. Cit. p. 209.
[16] Lavagnini, Aldo. Manual del Maestro Elegido. p. 16.
[17] Daza, Juan Carlos. Op. Cit.
[18] Guenón, R. Citado por Daza, Juan Carlos. Op. Cit. p. 170.
[19] Liturgia del IV Grado. pp. 16 y 17.
[20] Liturgia del Grado XVIII. p. 6.
[21] Liturgia del Grado XVIII. p. 48.
[22] Loc. Cit.
[23] Ibíd. p. 49.

sábado, 26 de noviembre de 2011

EN BARRANQUILLA ME QUEDO

EDITORIAL
Poemario. VIII Gran Recital Arte in Memoriam Día de los Difuntos. Barranquilla, 25 de noviembre de 2011

Desde la segunda mitad del siglo XIX, Barranquilla se perfilaba en el mundo, como un sitio favorable para el comercio, la industria, la educación y la cultura. Diversas circunstancias de orden geográfico y cultural contribuyeron a su desarrollo acelerado, hasta colocarla en un puesto privilegiado entre las principales urbes del país. La gente llegaba a La Arenosa buscando mejores posibilidades. La ciudad, que aflora del mar Caribe, bella y encantadora, con mar y río, y una gran sociedad, se fue constituyendo en una especie de imán que atraía oleadas selectivas de inmigrantes, entre ellos: fabricantes, comerciantes, estudiantes, intelectuales, y, en general, un variado elenco de nacionales y extranjeros.

El ambiente citadino de fraternidad estaba envuelto por el aire fresco de la libertad. De esa manera, hasta los postreros lustros del siglo XX, Barranquilla era el centro estelar del disfrute sano: una buena orquesta, un salón de postín, una exposición de pinturas, obras de teatro, un museo, un zoológico, grandes centros comerciales, bancos, buenas universidades, bibliotecas, y todo lo maravilloso que la mente humana podía imaginar. La atracción era inmensa. La gente llegaba de todas partes a disfrutar la paz y el jolgorio de una ciudad engalanada con robles, cayenas y trinitarias, bajo un cielo luminoso, que inspirador de artistas y escritores.

Sobre ese contexto de ciudad encantadora, llegan los efluvios de una canción titulada: En Barranquilla me quedo, caracterizada como un poema de gratitud y de amor, de un negro cartagenero, por su patria adoptiva, que lo acogió en su seno y le brindó el apoyo necesario para que emprendiera el vuelo anhelado hacia la inmortalidad.
Todo el mundo sabe que estoy hablando del Joe Arroyo, baluarte del orgullo afrocaribe, autor de la Rebelión, pieza musical de alto contenido social e impacto universal, en la cual la lírica se convierte en arma que pone a resonar la denuncia sobre el manto gris de la dominación colonial y sus 300 años de explotación esclava, semiesclava y feudal del hombre, y los desmanes cometidos contra la mujer, hechos históricos que avivaron la combustión del alma del cantante y compositor, para producir una epopeya de colores, envuelta en dibujos melódicos que se desdoblan en ideas.

En esa Barranquilla idílica, “El Centurión de la noche” logró que el sonido y la palabra poética se unieran en una visión sublime de una realidad social, que nos deslumbra y nos llena de emoción en las tardes de arreboles, y en las noches de plenilunio. En el esplendor de aquella época, nuestro pueblo vivía y dormía tranquilo, sin temores y sin tener que sellar las puertas con candados, ni levantar valladares metálicos alrededor de las viviendas.


Pasaron los años y a las distintas esferas de poder de la gran ciudad, fue penetrando la ambición, pasión que desvía a los hombres de sus posibilidades superiores, y los lleva a pensar solamente en su recompensa personal, en detrimento del bienestar de sus conciudadanos. En esas circunstancias llegaron los negocios oscuros. Entonces la ciudad afable y grata comenzó a mostrar sus rasgos agrestes, sus contrastes, su vida subterránea y soterrada, sus parias y sus haraganes. La ciudad fue creciendo al garete, sin que se pensara en el desarrollo humano o en las necesidades básicas insatisfechas de nuestros coetáneos. Hoy, por las calles deambula un número considerable de los que carecen de oficio, conformando una tropa gigantesca de desheredados de la fortuna, que dependen de la limosna, de la prostitución, del trabajo eventual, del rebusque o simplemente de la viveza. Muchos han llegado en las últimas oleadas de inmigrantes, que ya no son los huéspedes ilustres del pasado. Para los nuevos inmigrantes, la vida es difícil en la ciudad; pero ellos prefieren ese modus vivendi, con un ingreso pequeño e inseguro, a la vida rural basada en una agricultura de subsistencia, que apenas da para comer y que, para colmo, tiene como telón de fondo una violencia fratricida que los está sacando de su medio natural.

Es decir, a la situación económica deteriorada en los campos, se agrega la violencia que desaloja a los campesinos, quedándoles como único refugio la gran ciudad, donde van a contribuir al crecimiento de los problemas de desempleo, hacinamiento, salud pública en deterioro, contaminación ambiental, servicios públicos insuficientes, explosión de asentamientos suburbiales, problemas de transporte y todas las pesadillas que trastornan la convivencia social. En fin, lo que antes era un paraíso de libertad, con aire de tranquilidad, se va transformado en un admitido tormento. Un aire enrarecido se respira en la ciudad. La dulce melodía en que galopan las ilusiones y las esperanzas, se silencia con mantos de humo. Los cantos por la vida de quienes honrada y laboriosamente tejen la cotidianidad de la existencia, se acallan con interludios de llantos y clamores, que se levantan a diario por las honras fúnebres de los hombres y mujeres de paz, a quienes un hierro infame les apuntó, les disparó y los mató. En tales circunstancias, se disuelve la posibilidad de los encuentros, porque la muerte nos puede sorprender anticipadamente en cualquier esquina, en franca rebelión contra la lógica de la naturaleza, convirtiéndonos en polvo que reposa bajo un tétrico silencio.

En medio de esa situación, que agobia a la ciudad y al país en general, nadie se inmuta, nadie protesta, nadie dice nada, por temor a ser incluido en las macabras listas de los criminales. En ese nuevo contexto surge la voz festiva que celebra la vida, para enfrentar las fuerzas brutales de la violencia, y nos entrega una canción titulada: La guerra de los callados, la cual es un testimonio de quienes sufren en silencio la opresión y la injusticia. La guerra de los callados es un grito de combate contra los terroristas y narcotraficantes que han regado con sangre el suelo de nuestra patria.

Esa voz, que canta por los subyugados de la historia, es la de Álvaro José Arroyo, el “Joe”, personaje escogido este año, por el Comité Cultural de la Sociedad Hermanos de la Caridad, para que la poesía y las distintas manifestaciones del arte, le rindan tributo en la octava versión del Gran Recital Arte In memoriam Día de los Difuntos, que en su honor se titula: “En Barranquilla me quedo”.

Así es: En Barranquilla me quedo, porque “mi patria chiquita”, como decía el Joe, tiene una belleza enigmática, una inmensa capacidad de sobrevivencia, una realidad carnavalizada, y una alegría que entusiasma al forastero. Corresponde entonces al buen ciudadano salvar este emporio. Para ello hay que llevar a las distintas esferas de poder, a la gente pura e incorruptible. No se necesita escoger a los sabios, basta que tengan honor, conciencia y suficiente capacidad para comprender sus obligaciones(1). Además, es necesario vigilar más de cerca, y con entereza, el acto de gobernar, para que los funcionarios asuman en serio el compromiso de planear, controlar y dirigir con transparencia y pulcritud, el desarrollo urbano, señalando nuevas rutas en la dimensión humana y en la realidad cultural, para que la Puerta de Oro de Colombia siga su trayectoria histórica, en eterna floración, transformando los horizontes cotidianos, sin dañar el bello mundo de sus relaciones sociales.

JOSÉ MORALES MANCHEGO


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1. Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia (Fundado en 1833). Liturgia del Grado IX. R. E. A. A. p. 25

martes, 16 de agosto de 2011

EL 20 DE JULIO DE 1810


JOSÉ MORALES MANCHEGO


«La justa comprensión del pasado enseña a militar en el presente y a prever el porvenir». José Ingenieros[1]


Esta reseña bibliográfica fue leída, con ampliaciones al margen, el 19 de julio de 2010, en Tenida Solemne de la Respetable Logia Nueva Alianza No. 2, presidida por el Venerable Maestro David Esmeral Ojeda, para conmemorar los 200 años del 20 de julio -que no de la Independencia- con una visión crítica de los hechos, diferente a las celebraciones de ideología colonialista y ultramontana, que al parecer desconocen la Historia y a veces deliberadamente ocultan la realidad de los acontecimientos y de los personajes, como hicieron con José María Carbonell, muy poco conocido en Colombia, y a quien la perspectiva del análisis histórico muestra como uno de los más excelsos próceres de nuestra Independencia, que debe ser estudiado en escuelas y Universidades, como el verdadero héroe del 20 de julio de 1810.

El 20 de julio es el día en que llega a su punto culminante la contradicción entre criollos y españoles. Es decir, entre el poder económico y el poder político, que se manifestaba en las frecuentes discrepancias del gobernador y el cabildo, convertido en feudo político de las familias representativas de la oligarquía criolla. Ese mismo 20 de julio también se reabrirá el conflicto entre la oligarquía criolla y el montón anónimo de los humildes y los desheredados, cuyos personeros serán Simón Bolívar y Antonio Nariño, el más grande prócer de Colombia, según palabras de Indalecio Liévano Aguirre, historiador que para esta reseña me ha servido de mentor[2].


El 20 de julio de 1810, la oligarquía criolla estará representada por los descendientes directos de los personajes que entregaron el movimiento de los comuneros de 1781 y sacrificaron fríamente a José Antonio Galán, el caudillo popular que hizo temblar la estructura política colonial. Ese cuadro de acoso a los dirigentes populares lo completarán más tarde con la despiadada persecución de que serían objeto los grandes voceros de nuestro pueblo, como el precursor don Antonio Nariño y José María Carbonell, llamado el «Chispero de la Revolución».


Del 20 de julio de 1810 surge la «Patria Boba», merecedora del título por la insensibilidad social y las mediocres aspiraciones históricas de muchos de sus personajes, pero cruel y despiadada con las reivindicaciones y anhelos de nuestro pueblo y con los desesperados esfuerzos que realizaron sus grandes voceros (entre ellos, Nariño y Carbonell) a fin de darle a la República, desde sus albores, un contenido social justo y más acorde con las necesidades de la nacionalidad en formación.

Veamos qué pasó el 20 de julio de 1810, momento histórico en que España se encontraba en dificultad por el derrumbe de su autoridad, la embestida de Napoleón Bonaparte y la ocupación de su territorio por el ejército francés. Esa ocupación, por las tropas francesas, llevó a que se desbandara la Junta Central de Sevilla y surgiera la necesidad de crear el Consejo de Regencia de España e Indias, el cual convocó las Cortes del Reino para que ellas afrontaran la histórica crisis que vivía la península.
En esas circunstancias, el Consejo de Regencia buscaba un entendimiento con los dominios, razón por la cual decidió enviar comisionados regios al Nuevo Mundo, los cuales eran escogidos entre los criollos residentes en España, a fin de facilitar su aproximación a los grupos disidentes de las colonias y negociar algunas reivindicaciones con ellos. Para el virreinato Granadino el Consejo de Regencia delegó a don Antonio Villavicencio, quiteño, educado en Santafé.

Esta política de la Regencia no era del agrado de las autoridades coloniales, las cuales querían resolver los problemas por medio de la represión. De ahí la resistencia de los peninsulares a los comisionados regios. Al virrey, señor Amar y Borbón, no le causaron ninguna gracia las condescendencias de Villavicencio con los americanos (Cartagena y Mompós) y decidió anticipar las medidas represivas que había ideado para reducir a la impotencia a los criollos. Su plan era procesar por traidores a la Corona, a las principales personalidades del estamento criollo, para que no se siguieran dando las negociaciones con el comisionado regio.


Los criollos, por su parte, como ignoraban el plan del gobierno, preparaban el banquete para recibir a Villavicencio. Las reuniones preparatorias se hacían en la torre del Observatorio Astronómico, cuyo director era Francisco José de Caldas. De estas reuniones fueron excluidos quienes no compartían la idea de reducir el movimiento a las simples reivindicaciones de los notables del Cabildo de Santafé. El problema fundamental en las reuniones fue el de encontrar la manera de utilizar al pueblo de la capital, cuyo concurso se consideraba necesario, para contrarrestar una posible intervención de las milicias, sin tener que adelantar campañas de agitación social, que los magnates criollos, recordando la experiencia de los Comuneros, consideraban singularmente peligrosas, y sin adquirir compromisos políticos con la «plebe», tan menospreciada por ellos. Libres del estorbo de Nariño (el Precursor se encontraba preso[3]), quien insistió siempre en la necesidad de deponer a las autoridades con un auténtico levantamiento popular, los principales personeros de la oligarquía criolla, -José Miguel Pey, Camilo Torres, José Acevedo y Gómez, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Antonio Morales, etc.- pudieron consagrarse a idear la táctica política de que se servían para provocar una limitada y transitoria perturbación del orden público, que habría de permitir al Cabildo capturar el poder por sorpresa y tomar a continuación las medidas indispensables para el pronto restablecimiento del orden, de manera que el pueblo no pudiera desviar el movimiento de los rumbos que la oligarquía trataba de darle, pensando sólo en sus mezquinos intereses.


En ese contexto puede entenderse el asunto del florero, jugada de laboratorio preparada de la siguiente manera: Antonio Morales ideó un incidente para crear la agitación. En efecto, manifestó a sus compañeros que ese hecho podía provocarse con el comerciante peninsular don José González Llorente y se ofreció gustoso a intervenir en el altercado, porque profesaba, por cuestiones de negocios, una franca animadversión al español. La fecha que se decidió para el altercado fue el viernes 20 de julio, día en que la Plaza Mayor de Bogotá estaría colmada de gente de todas las clases sociales y de pueblos circunvecinos, por ser el día habitual de mercado.


Para evitar la sospecha de provocación deliberada se convino en que don Luis Rubio fuera el 20 de julio a la tienda de Llorente a pedirle prestado un florero para decorar la mesa del anunciado banquete a Villavicencio y que, en el caso de una negativa, los hermanos Morales procedieran a agredir al español. A fin de garantizar el éxito del plan, si Llorente convenía en facilitar el florero o se negaba de manera cortés, se acordó que don Francisco José de Caldas pasara a la misma hora por frente del almacén de Llorente y le saludara, lo cual daría oportunidad a Morales para reprenderlo por dirigir la palabra a un «chapetón», enemigo de los americanos y dar así comienzo a la trifulca. Lo importante era conseguir que el virrey, presionado por una intensa perturbación del orden, constituyera ese mismo día la Junta Suprema, presidida por el mismo señor Amar e integrada por los regidores del Cabildo de Santafé. Todos los esfuerzos de los notables se dirigían a evitar que dicha perturbación se prolongara más de lo necesario, para no correr el riesgo de que el pueblo tomara conciencia de su fuerza y exigiera más de lo que quería la oligarquía criolla, como sucedió en el movimiento de los comuneros.


La oligarquía criolla no estaba interesada en la independencia, sino en las reivindicaciones para su propio beneficio. Veamos lo que decía Camilo Torres refiriéndose a la decisión tomada por los patricios criollos en aquella hora crítica del 20 de julio de 1810. Torres escribió entonces: «En tal conflicto recurrimos a Dios, a este Dios que no deja perecer la inocencia, a este nuestro Dios que defiende la causa de los humildes; nos entregamos en sus manos; adoramos sus inescrutables decretos; le protestamos que nada habíamos deseado sino defender su santa Fe, oponernos a los errores de los libertinos de Francia, conservarnos fieles a Fernando, y procurar el bien y la libertad de la patria[4]. Este pensamiento está muy lejos de servir a un verdadero proceso de independencia.


Pero dejemos que los hechos hablen por si solos. El 20 de julio hacia las 11 de la mañana, la Plaza Mayor estaba colmada. Hacia las 10 de la mañana habían convocado el Cabildo. De ese Cabildo salían emisarios a pedir al virrey la conformación de la Junta Suprema. El virrey se negó rotundamente. En vista de esa actitud, los cabildantes se dispersaron por la plaza a fin de dar cumplimiento a lo acordado en el observatorio astronómico. Poco antes de las 12 del día se presentó don Luis Rubio ante Llorente. Este negó el florero de manera decente y hubo que aplicar el plan B, o sea la intervención de Francisco José de Caldas. En ese sentido, mientras unos golpeaban a Llorente, los otros conjurados se dispersaron por la plaza gritando: están insultando a los americanos. ¡Queremos Junta». ¡Abajo el mal gobierno! ¡Mueran los bonapartistas!

El movimiento popular creció y luego se desbordó, porque no se le señalaron objetivos políticos claros. Más tarde la gente se fue dispersando. Hacia las cuatro de la tarde, los patricios criollos, asustados, se habían ocultado en los retretes más recónditos de sus casas, pensando los unos en salvar sus vidas y los otros en proteger sus bienes.


A las 5 de la tarde, hombres y mujeres de los pueblos de la sabana se dispersaban hacia sus casas. Es el momento angustioso de José Acevedo y Gómez, el más firme y valeroso jefe de la oligarquía criolla, quien manifestó desde la tribuna a las pocas personas que permanecían en la plaza: «Si perdéis este momento de efervescencia y calor; si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes; ved (señalando las cárceles) los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan»
[5].


La derrota del movimiento parecía inevitable. Pero surge aquí uno de esos personajes que frecuentemente varían el rumbo de la historia. Se trata de José María Carbonell, quien sacó a los habitantes de los barrios pobres de Bogotá, los cuales llegaron a la Plaza Mayor, como león rugiente, pidiendo Cabildo Abierto y un no rotundo a la Junta de Notables. Los acontecimientos toman ahora un cariz distinto. Los ánimos están caldeados y el movimiento cobra fuerza y vigor.


Pero no bien el pueblo puso la cara, la oligarquía volvió nuevamente a reclamar sus privilegios. Salieron como hormigas de los retretes recónditos de sus casas para el cabildo, pero no para convertirse en voceros de ese pueblo, ni adalides de la Independencia, sino para discutir en Junta de Notables, las prebendas y privilegios que esperaban derivar de una victoria que no les pertenecía.


Esa noche Carbonell pedía Cabildo Abierto, para que el pueblo, en uso de su capacidad deliberante y soberana, nombrara las nuevas autoridades del reino. La oligarquía criolla, en cambio, pedía Junta de Notables. El Señor Amar se negó a autorizar el Cabildo Abierto, que prácticamente transfería el poder al pueblo, y dándose cuenta de la grave situación, decidió acudir al mal menor, o sea negociar a puerta cerrada con la oligarquía criolla y no con Carbonell, que frente al pueblo, representaba la voz animadora de la libertad.


Así salió airosa la idea de la Junta de Notables; en el conciliábulo se impuso la destreza de los patricios criollos, quienes utilizaron al gobierno a favor de sus propios y egoístas intereses. Luego, para que se tranquilizara la élite criolla le pusieron el parque de artillería a sus órdenes, en cabeza de José de Ayala. En los siguientes días se descubrirían las abominables consecuencias que, para el pueblo y para la Independencia, tendría la captura del poder militar por los mandatarios de la oligarquía criolla. Es de anotar que estas prebendas las consiguieron porque nunca se cansaron de ofrecer garantías y de explicar al virrey, que ellos, los criollos eran los más leales y celosos defensores del trono.


Los apetitos personales malograron los grandes ideales de la revolución. De ahí que el acta llamada de la Independencia, en nada se parece a una declaración de independencia. En ella se nota que en ningún momento la oligarquía criolla rompe los lazos de dominación con el imperio español. Por tanto, el 20 de julio no hay independencia, no hay autonomía. Al contrario, se reconoce la soberanía de la Corona española sobre nuestro territorio y se abre la persecución a los verdaderos héroes de lo que en Historia se llama el proceso de Independencia de nuestra patria.


Por esa razón, el 23 de julio, la Junta de Gobierno, inspirada por José Miguel Pey y Camilo Torres tomó la iniciativa, resuelta a poner término a los «desmanes del pueblo» y a impedir las actividades de don José María Carbonell, verdadero héroe nacional en la lucha por la Independencia. Ese día, desde muy temprano, se colocó en los balcones de las Casas Consistoriales, un enorme retrato del Rey Fernando VII, y se situaron las milicias regulares en la plaza, como guardia de honor de la «imagen de nuestro Amado Soberano», según refiere el «Diario Político», citado por Liévano Aguirre.


Hacia las diez de la mañana se inició la ceremonia. Del Palacio Virreinal salió un desfile, encabezado por el propio señor Amar, don José Miguel Pey, don Camilo Torres y los vocales principales de la Junta de Gobierno, desfile que rindió honores al retrato de Fernando VII
[6], mientras una banda militar tocaba aires marciales de España y las tropas presentaban las armas. Poco después se dio a conocer el primer bando de la Nueva Junta de Gobierno, cuyo texto decía: «Convencido este Cuerpo de los sentimientos con que el pueblo ha excitado su lealtad a favor de su justa causa, ha resuelto, como fundamento de la Constitución a que prestará todo el lleno de su energía, se observen los puntos siguientes: 1° Sostener y defender la Religión Católica Apostólica y Romana, universalmente recibida por nuestros mayores… 2°. Defender los derechos de nuestro amado soberano don Fernando VII, conservando este reyno a su augusta persona hasta que tengamos la feliz suerte de verlo restituido a un trono de que le arrancó el tirano del mundo (Napoleón). 3°. A favor de la tranquilidad pública se prohíbe absolutamente todo espíritu de división como perjudicial en un tiempo en que la Junta Suprema se ocupa en reposo y quietud general; exigiendo muy particularmente el amor que debe tener el pueblo a los españoles europeos, reconociendo en ellos a sus hermanos y conciudadanos, y entendiendo que sobre puntos de tan alta consideración, la misma Junta tomará las providencias más activas y vigorosas…Con este objeto de la tranquilidad se prohíben también los toques de campanas extraordinarios, y cualquier otra alarma que no se haga de orden de la Junta»[7].


El 6 de agosto la Junta organizó una insólita ceremonia: Conmemoración de la Conquista. La conmemoración de la Conquista, a los 15 días del 20 de julio explica el sentido profundo de la política criolla, muy poco liberal y más bien ultramontana y antipatriótica
[8].


El 13 de agosto de 1810, José María Carbonell, el verdadero prócer, repitió la hazaña del 20 de julio. Con una inmensa multitud llegó a la Plaza Mayor, metió en la cárcel al virrey y de la virreina, llamada doña Francisca Villanova, se ocuparon las mujeres
[9], quienes la llevaron al Divorcio, que era la cárcel destinada para las mujeres de la plebe.


Conseguida la prisión del virrey y de la virreina, el pueblo se dedicó a celebrar en las calles su triunfo, mientras los patricios criollos y los españoles se ocultaban temerosos en sus residencias.


El 14 de agosto a las 11 de la mañana, ya la plaza estaba militarizada. La nobleza le pidió entonces a la Junta que sacara a los virreyes de las cárceles. Los miembros de la Junta, encabezados por don José Miguel Pey, don Camilo torres, los vocales de la Junta y los «caballeros de la nobleza», se dirigieron a la cárcel para liberar al virrey y presentarle las disculpas del Gobierno y de la sociedad, por el «afrentoso atentado» cometido el día anterior. Mientras tanto las damas distinguidas de Santafé, encabezadas por doña Francisca Prieto Ricaurte de Torres, esposa de don Camilo y doña Rafaela Isasi de Lozano, Marquesa de San Jorge, se dirigieron a la cárcel del Divorcio, la sacaron y la llevaron a palacio.


El 16 de agosto apresaron a José María Carbonell, por hablar en imperio y haber sido causa de que metieran al virrey en la cárcel y a la virreina en el Divorcio. En consecuencia, le pusieron precio a la cabeza de Carbonell para desagraviar a los virreyes ofendidos.


El 19 de junio de 1816 fue ajusticiado José María Carbonell. Dice un cronista que «lo soltó el verdugo y lo dejó penar (al caerse de la horca), que fue menester que un soldado le tirase un balazo»
[10] para rematarlo. De esa manera, gran número de hombres y mujeres de nuestra patria fueron victimas del morbo terrorista de Pablo Morillo, quien llegó en plan de reconquista por la chatura política de la «Patria Boba».

Así se desbanda una revolución, fenómeno en el cual maniobró la élite criolla, compuesta en su mayoría, como dice Enrique Santos Molano
[11], por «ambiguos y pusilánimes», quienes, aprovechando la situación de España y la del virreinato, buscaban un acuerdo amistoso con el virrey para establecer en Santafé una junta de gobierno presidida por Amar y Borbón y compuesta por los miembros más prestantes de la oligarquía criolla. No hay duda de que la revolución sufrió un golpe muy duro. Pero la lucha continuó ardorosamente hasta el día en que nuestro pueblo, de la mano de sus libertadores, pudo emprender el sublime vuelo hacia la libertad.

(Publicado en: Revista Plancha Masónica No. 39. Organo de información de la Gran Logia del Norte de Colombia. ISSN 0124-7433. Barranquilla, Colombia. Diciembre de 2010)
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[1] INGENIEROS, José. Las fuerzas morales. Editorial Losada. Buenos Aires, 1994. p. 101.
[2] Para ampliación y documentación de los hechos presentados en esta reseña, remito al libro de LIEVANO AGUIRRE, Indalecio, titulado: Los Grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia. Dos volúmenes. Ediciones Tercer Mundo. Bogotá, Colombia, 1973. p. 970
[3] El mismo Nariño dice, refiriéndose a las mazmorras de Bocachica y de la Inquisición: «De Bocachica se me pasó a las cárceles de la Inquisición, y se me alivió de las cadenas a instancias de D. Antonio Villavicencio, que desde su llegada a Cartagena tomó el mayor interés en mi alivio, y que en este paso me salvó del terrible y último golpe de que me remitieran a Puerto Rico» (Citado por: SANTOS MOLANO, Enrique. Antonio Nariño, filósofo revolucionario. Editorial Planeta. Santafé de Bogotá, 1999. p. 310.
4] Documento citado por: LIEVANO AGUIRRE, Indalecio. Op. Cit. Tomo 2. p. 565.
[5] Ibíd. p. 575.

[6] En este punto es importante recordar que Fernando VII, consciente de que la Masonería representaba una fuerza intelectual peligrosa para la estabilidad de sus colonias en América, produjo una Cédula Real «mediante la cual ordenaba perseguir a los Masones sin tener en cuenta rango ni privilegio de ninguna naturaleza» (CARNICELLI, Américo. La Masonería en la independencia de América. Tomo I. Bogotá, 1970. p. 106.
[7] LIEVANO AGUIRRE, Indalecio. Op. Cit. pp. 597 y 598.
[8] Ibíd. p. 608.
[9] Es de anotar, que un río caudaloso de mujeres participó, no sólo el 20 de julio de 1810, sino en toda la Campaña Libertadora. Sin embargo, no se les menciona a pesar de estar políticamente muy por encima de aquellos a quienes las consagraciones oficiales han querido endiosar. (Véase: GUTIÉRREZ ISAZA, Elvia. Historia de las mujeres próceres de Colombia. Imprenta Municipal. Medellín, 1972).
10] PARDO UMAÑA, Camilo. Narraciones coloniales. Colección Navegante 16. Librería Suramericana. Bogotá, 1948. pp. 139 – 140.
11] SANTOS MOLANO, Enrique. Op. Cit. p. 303.