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viernes, 21 de agosto de 2009

LA RESISTENCIA APUNTA HACIA LA ESPERANZA

EDITORIAL

Plancha MASÓNICA. Año 8 No. 37 Barranquilla, Colombia. Abril del año 2009

Saint - Simón, uno de los socialistas utópicos, distingue en la historia “períodos críticos” y “períodos orgánicos”. Estos últimos se caracterizan por una relativa calma, tranquilidad y sosiego. En cambio, los “períodos críticos” son episodios de tensión, de inseguridad e inestabilidad permanente.


A nosotros nos ha tocado cerrar un período crítico en la historia de la Gran Logia del Norte de Colombia. Este hecho es digno de ser analizado, si se tiene en cuenta que toda crisis, además de las dificultades, también nos brinda sus oportunidades. Sobre este particular, la historia muestra ejemplos a granel. Cuando la España de finales del siglo XIX perdió las últimas colonias (Cuba, Puerto Rico y las Filipinas), se vio envuelta en una crisis que la conmovió desde el punto de vista moral, político y social. Sin embargo, los escritores españoles, de aquella época, se enfrentaron a la amarga situación, y de allí surgió la “Generación del 98”, constituida principalmente por Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Azorín, Antonio Machado, Jacinto Benavente y Ramón del Valle-Inclán, personajes que dieron lustre a la literatura universal y permitieron que la "noble Iberia levantara su frente dolorida, y soplos de gloria apartaran la bruma de sus penas"[1].


Este preámbulo, con ribetes líricos, es apropiado para una buena reflexión, que sirva para extraer, a manera de epílogo, las enseñanzas éticas sobre el caso que nos ha ocupado durante gran parte de este período Masónico, en el cual unos Hermanos violaron las normas constitucionales y estatutarias de la Gran Logia del Norte de Colombia, abjuraron del Rito Escocés antiguo y Aceptado, que practica el Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia, y se fueron para otro Oriente.


Queridos Hermanos: tengo en mis manos el Mallete que me entregó la Gran Logia el 7 de agosto de 2008 (e:. v:.). Nuestra Augusta Institución nos enseña que éste es el símbolo de la autoridad, con el cual debemos manejar a los obreros de la Gran Obra, con “golpes suaves, pero oportunos”, como lo recomienda la Liturgia para Juramentación de Venerables Maestros[2].

Nada distinto se ha hecho, con el objeto de asegurar la paz, el orden y la armonía en este Gran Oriente.


Pero el Mallete ha de estar acompañado por un conjunto de virtudes, que nos depara la Orden, las cuales debemos sacar a relucir en el momento oportuno. Nosotros no necesitamos ir al Olimpo y robar el fuego sagrado de los dioses, como hizo Prometeo. Los Masones llevamos por dentro la antorcha que ilumina a todo aquel que obra de acuerdo a la función social de la virtud. Sólo necesitamos avivar ese fuego, para que irrumpa en llamas el entusiasmo que nos impulsa con vigor hacia determinado fin, el cual siempre tiene que ver con nuestra contribución, en mayor o menor grado, con las grandes realizaciones que hacen más amable la vida sobre la Tierra. El entusiasmo es la fuerza que nos mueve a favor de una causa común. Por eso decimos que “Sin entusiasmo no se sirven hermosos ideales”[3], como asevera el Venerable Hermano José Ingenieros, en su libro titulado Las Fuerzas Morales.


En ese sentido, en medio de las dificultades, pero con fervor masónico y ganas de salir adelante, los Masones de la Gran Logia del Norte de Colombia desplegamos algunas de nuestras cualidades, que es preciso destacar a continuación:


1. Los masones tenemos capacidad de superación. En eso consiste y se fundamenta el trabajo sobre la piedra bruta, la cual se labra diariamente en busca de la perfección. Por ese afán de superación, el Masón se enfrenta con éxito a todos los problemas, y lucha con tesón en medio de las incertidumbres. De esa manera, la Gran Logia del Norte de Colombia ha cerrado filas contra la adversidad, en aras de seguir edificando nuestro propio ser y el de la sociedad profana en general. Y tengo la certeza de que esta noble institución, después de resistir con dignidad los intentos para desintegrarla, se ha consolidado desde el punto de vista de la unidad, de la tranquilidad y del espíritu fraternal.


2. Los masones tenemos tenacidad. Esto quiere decir, entrega total y perseverancia en la lucha. Por eso la Masonería ha vencido y seguirá venciendo. Por eso venció Bolívar; por eso triunfó Martí, José de san Martín, Bernardo O´Higgins, y otros ilustres personajes del mundo Masónico, que durante largo tiempo se debatieron en situaciones adversas.


3. La Masonería es capacidad de reflexión. Por eso, ante los problemas recientes, no nos dedicamos a reñir con los culpables, sino a buscar soluciones. Ante los ataques proferidos a la Gran Logia del Norte de Colombia, la salida la buscamos y la encontramos pensando y actuando. No olvidemos que la vida del Masón es buscar, reflexionar y generar ideas en la acción.


4. A los Masones no nos desesperan los sinsabores. Para eso tenemos la paciencia, una de las virtudes que la Masonería enseña. La paciencia nos lleva a mantener la calma en medio del conflicto. He ahí la razón por la cual no pudieron desestabilizarnos los atentados a nuestra honra, ni las murmuraciones rayanas en el atrevimiento, similares a las degradantes inmundicias del peor ambiente profano. La paciencia, para los Masones, es esa paz interior que nadie puede perturbar, porque estamos a cubierto. Ella nos ayuda para que las decisiones no sean intempestivas. Nosotros sabemos que para cada decisión hay un momento justo, que no es preciso adelantar ni tampoco demorar. Una palabra o una decisión a tiempo no causan el mismo efecto que cuando vienen a destiempo, ya pasado el momento apropiado. Por otro lado, las decisiones no pueden ser impulsivas ni irreflexivas. Así se evita que tengamos que volver hacia atrás y deshacer lo que ya se había hecho.


5. Los Masones juzgamos con equidad. Muchas veces la estricta aplicación de una norma, a los casos que regula, puede producir efectos injustos. Por eso la Masonería nos enseña la equidad, “cualidad que ilustra al hombre bien entendido y le induce a suavizar el rigor de la ley en aquellos casos en que lo aconseja la razón”[4]. Y como si esto fuera poco, la misma Orden nos dice: “Es muy propio y digno de un buen Masón, juzgar siempre a sus HH:. con equidad”[5].


6. La Masonería, mediante una ética de la comprensión, nos enseña a perdonar al que nos ofende. De esta manera, el ofensor es considerado como un instrumento parlante, que sólo instila el veneno que le inyectan sus mentores. Siendo así, la verdadera culpabilidad está en la poca libertad que da la ignorancia. Es de anotar, que si tuviéramos la misma formación cultural y axiológica que tiene el ofensor, actuaríamos en la misma forma. Por lo demás, todo el mundo sabe que cuando a un ser humano se le ofende, puede nacer en su corazón el deseo de venganza. De ahí la enseñanza de la Orden, cuando nos ilumina y nos previene diciendo que: “… la venganza es una pasión ruin y despreciable, impropia de todo hombre de honor”[6], que ciega y empobrece a cualquier ser humano; pero muy especialmente al Masón, al cual le quita la posibilidad de seguir despojando a la piedra bruta de sus asperezas. En otras palabras, le quita, al iniciado en los Augustos Misterios, la posibilidad de seguir creciendo como ser humano. Por eso la Masonería rechaza la venganza. Y “En vez de aprobarla, pedimos no sólo el perdón de la injuria, sino que exigimos su olvido”[7].


7. Finalmente, Queridos Hermanos, os dejo esta enseñanza que compendia nuestra capacidad de conciencia y de pensamiento para avanzar: Si la resistencia apunta hacia la esperanza, nuestra fe en el porvenir de la Muy Respetable Gran Logia del Norte de Colombia es inquebrantable. ¡Trabajad siempre con entusiasmo!... y como decía Abraham Lincoln: “Dejad que la virtud engalane tus pensamientos”.


¡Salud, Fuerza y Unión!

JOSÉ MORALES MANCHEGO
Gran Maestro

_____________________
[1] Palabras del poeta Alfredo Gómez Jaime, tomadas de su poema “A España”.
[2] LITURGIA PARA JURAMENTACIÓN DE VENERABLES MAESTROS. R:. E:. A:. A:. Muy Resp:. Gran Logia del Norte de Colombia (Fundada el 25 de abril de 1990). P. 14.
[3] INGENIEROS, José. Las Fuerzas Morales. Editorial Losada. Buenos Aires, 1961. P. 17.
[4] LITURGIA DEL GRADO XXXI. R:. E:. A:. A:. Supremo Consejo del Grado 33° para Colombia (Fundado en 1833). P. 5.
[5] Loc. Cit.
[6] FRAU ABRINES, Lorenzo. Diccionario Enciclopédico de la Masonería. Editorial del Valle de México. S. F. Tomo III. P. 1928.
[7] LITURGIA DEL GRADO XXX. R:. E:. A:. A:. Supremo Consejo del Grado 33° para Colombia (Fundado en 1833). P. 21.

martes, 11 de agosto de 2009

MURIÓ DISTINGUIDA COLUMNA DE LA MASONERÍA Y LA JURISPRUDENCIA

SEGUNDO SANTIAGO CONSUEGRA Gr:. 31

POR JOSÉ MORALES MANCHEGO Gr:. 32


Ha muerto un pilar del derecho, de la probidad y de la reciedumbre moral. La Respetable y Benemérita Logia Barranquilla N° 1-8-1 y la Muy Respetable Gran Logia del Norte de Colombia, con sede en Barranquilla, han perdido a una de sus cimentadas columnas. Se trata del Querido Hermano Segundo Santiago Consuegra.

El doctor Segundo Santiago Consuegra, hombre libre y de buenas costumbres, nació en Tubará, departamento del Atlántico, el 26 de febrero de 1948. Realizó estudios primarios en el Colegio San José de Barranquilla. Pasó por las aulas de la Normal Superior del Litoral Atlántico y del Colegio de Bachillerato Simón Bolívar. El deseo de superación de este mozalbete de provincia, lo llevó a ser Normalista y Bachiller. Más tarde se graduó en Derecho y Ciencias Sociales, título que le otorgó la Universidad Libre de Colombia el 9 de abril de 1976. En esa misma Universidad, el 18 de julio de 2003, recibió el título de especialista en Derecho Laboral y Seguridad Social. El entusiasmo por el estudio, y esa búsqueda incesante de horizontes y perspectivas, lo llevaron a realizar seminarios a nivel de postgrado en Derecho Comercial (1979) y en Derecho de Familia (1990) en la Universidad Externado de Colombia, entidad de raigambre radical, dedicada a formar seres humanos para la democracia y la libertad. Además, recibió formación en los Fundamentos de la Docencia Universitaria y en Desarrollo Pedagógico y Humanístico de la Educación Superior. El Doctor Segundo Santiago se guió por la sentencia de José Ingenieros, quien decía “que no hay perfección sin esfuerzo”[1]. Por esa razón se caracterizó siempre como un estudioso del derecho y un buscador insomne de la justicia social, con el fin de encontrarle salida a las agonías y sufrimientos del hombre contemporáneo. Ese es el sentido de su libro titulado Seguridad Social en Colombia[2], donde hay un trasegar y una búsqueda, desde las primeras edades del género humano, hasta llegar a los planteamientos jurídicos de la seguridad social, vigentes en el momento histórico en que vivimos. Es de anotar, que además del libro ya citado, el doctor Segundo Santiago publicó artículos en revistas y periódicos regionales y nacionales, como El Misionero, la Plancha Masónica, El Heraldo y el Diario la Libertad.

Este Señor abogado, profesor universitario y conferencista, se desempeñó como catedrático de la Escuela Superior de Administración Pública –ESAP- y de la Universidad Libre, donde trabajó como docente durante más de 30 años. Allí realizó una invaluable labor en pro de la formación integral de las nuevas generaciones.

El doctor Segundo Santiago fue un miembro activo de la Sociedad Hermanos de la Caridad y de la Muy Respetable Gran Logia del Norte de Colombia, instituciones en las cuales tuve el inmenso honor de conocerlo, de compartir su amistad, y admirar sus virtudes y sus profundos conocimientos. En la Gran Logia del Norte de Colombia lo tuve muy cerca, fungiendo como Gran Secretario del poder Ejecutivo, hasta el día de su muerte. Durante ese tiempo, y en su lecho de enfermo, pude calibrar en mejor forma sus calidades humanas e intelectuales, y lo que es más digno de admirar: su temple de Masón. El doctor Segundo Santiago, en medio de los malestares de su erosionada salud, jamás perdió su buen sentido del humor, faceta en la cual fue ingenioso y ocurrente; con resolución estoica resistió los rigores de la cruel enfermedad, y, finalmente, como un caballero de honor, recibió la muerte con una tranquilidad socrática, propia de un hombre que supo pulir la piedra bruta, para dejar una estela luminosa en su tránsito por este mundo. He ahí la estatura del hombre; porque la estatura de un hombre se mide por sus rectas intenciones, por sus logros intelectuales, y se decora con las batallas que libra, con entereza moral, contra una realidad adversa.

Como buen caballero, el doctor Segundo Santiago Consuegra, fue indulgente con el ofensor, y jamás olvidó que la Masonería, mediante una ética de la comprensión, nos enseña a perdonar al que nos ofende. Así mismo nos dice la Orden: “Cuando el peso de tu cruz abata tu vigor corporal, imita a nuestro Gran Maestro Jesús, y la fortaleza de tu alma te dará nuevo aliento, campearás y destruirás el calvario en que tantos mártires han sucumbido, y postrarás a tus pies a los hipócritas y ambiciosos”[3].

Segundo Santiago Consuegra: el doctor en leyes, el profesor universitario, el esposo y amantísimo padre, el Querido Hermano en los principios de la Gran Obra, el amigo entrañable, murió el 18 de abril en Barranquilla, ciudad a la que le entregó el fruto de sus mejores esfuerzos. El departamento del Atlántico ha perdido a uno de sus talentosos hijos. Se ha marchado para el Oriente Eterno, el consagrado profesor y jurista de nuestra patria, que hasta el último día de su vida trabajó con entusiasmo en las actividades que colmaron su espíritu: la docencia y la investigación. Esta última actividad, ejercida con rigor en el campo del Derecho y de las Ciencias Sociales en general.

A su dignísima esposa, la doctora Teresa de Santiago y a sus encantadoras hijas, Tatiana y María Mónica, nuestras más sentidas condolencias.

Paz en la tumba del doctor Segundo Santiago, y que siga brillando, con su ejemplo, desde el claro y anchuroso Valle de la Eternidad.


__________________________
[1] Ingenieros, José. El hombre Mediocre. Ediciones Universales. Bogotá, marzo de 1987. P. 91.
[2] Santiago Consuegra. Segundo. Seguridad Social en Colombia. Sistema Pensional. Apuntes Didácticos. Ediciones Universidad Libre, seccional Barranquilla, Facultad de Derecho. Barranquilla s.f. 184 pp.
[3]Supremo Consejo del Grado 33° para Colombia (Fundado en 1833). Liturgia del Grado XXX. R:. E:. A:. A:. Barranquilla, 2006. P.24.

martes, 30 de diciembre de 2008

DISCURSO DEL MUY RESPETABLE GRAN MAESTRO EN EL CIERRE DE SESIONES ORDINARIAS DE LA GRAN LOGIA DEL NORTE DE COLOMBIA


¡Queridos Hermanos de la Gran Logia del Norte de Colombia¡ Reciban un fraternal saludo y muchas felicitaciones por la maravillosa labor que acaban de cumplir.
La Gran Logia del Norte de Colombia es el órgano legislativo de la transparencia y de la honestidad. Y digo esto, porque en este foro de la disquisición jurídica, donde se trazan derroteros de la sabia jurisprudencia, brilla la democracia, la tolerancia y la libertad. Aquí las discusiones y los acuerdos fluyen sin falacias ni componendas. En este Templo de la libertad sólo brilla la inteligencia, cuyos efluvios ideológicos se manifiestan en dilucidar ideas con el solo propósito de sacar adelante a la Augusta institución.
Hoy, Queridos Hermanos, quiero referirme a una enseñanza litúrgica que se expresa de la siguiente manera:
“Los maestros viajamos del Occidente al oriente, y del Norte al Mediodía para esparcir por toda la tierra la luz masónica y unir lo que está separado”[1].
He aquí el planteamiento central de mis palabras, que voy a analizar en dos partes, porque el tema es interesante y de candente actualidad.

1. “ESPARCIR LA LUZ MASÓNICA POR TODA LA TIERRA”.

Esa, queridos hermanos, es una de las tareas que tiene que cumplir cualquier hermano que se proclame Masón. La Masonería no puede seguir viviendo encerrada, en una especie de añejamiento, como para que sus ideales huelan a polvo de catafalco.

La Masonería de hoy tiene que buscar la experiencia social en incesante renovación de conceptos y valores. Ya sabemos que en el perpetuo devenir del universo, nada es estable, todo cambia, como decía, 500 años antes de Cristo, Heráclito, el gran filósofo griego, defensor de la teoría de la constante mutabilidad de la materia y de que el fuego es su elemento primordial.

La Masonería no puede permanecer impasible frente al estado de cosas que lacera las entrañas de nuestra patria. Los Masones tenemos que mantener una posición crítica ante la sociedad profana. De lo contrario también seremos responsables de la crisis que padece nuestro pueblo. Tenemos que hacer de la Masonería de la era planetaria un compromiso. Vamos a retomar los caminos de una Masonería emancipadora. Una masonería que pueda dar cuenta ante la historia, de la realidad regional, nacional y mundial, cuyos órdenes se encuentran quebrados en la esfera de lo ecológico, de lo moral y de lo estético.

Para ello es necesario sacar a orear nuestras ideas. En ese sentido se necesita que hagamos foros con participación de Masones y de la sociedad civil, en los cuales se jalone el desarrollo regional y la problemática colombiana en general. La Masonería tiene que trabajar por el advenimiento del nuevo orden social que requiere nuestra patria, la cual debe encaminarse por un sendero de paz, democracia y libertad, diferente al camino que buscan los nuevos mesías con perfiles monárquicos e ínfulas de sátrapas.

La Masonería nuestra debe liderar contribuciones originales e innovadoras. Para ello, las distintas Logias jurisdiccionadas a la Muy Respetable Gran logia del Norte de Colombia enviarán a la Gran Maestría copia de las Planchas que se expongan en sus Tenidas Ordinarias y Extraordinarias. Esto con el fin de someterlas a consideración de los distintos comités editoriales de los órganos de divulgación que tienen la Gran Logia y la Sociedad Hermanos de la Caridad. Esperamos que el trabajo en las Logias se encamine a esos menesteres. No olvidemos que la creatividad y la pulcritud hacen atractiva a la Masonería. Todo esto se hará sin descuidar el trabajo simbólico, puesto que toda la problemática del mundo se puede ver y estudiar a través de nuestras categorías, de nuestros símbolos, de nuestra metodología y de nuestras herramientas. Lo que tenemos es que saber articularlos con la realidad y activar nuestros trabajos.

La plenitud de la Masonería no podrá surgir de trabajos rutinarios. Toda nuestra acción debe estar encaminada hacia la perfección individual y la emancipación de la sociedad. Una Masonería que se dice adogmática y progresista no puede creer en las supuestas virtudes de quienes han hundido al mundo en la maldad y en la sangre. Por eso, la crisis de la Masonería, que es la crisis de la Modernidad, se resolverá por la vía del pensamiento crítico de la sociedad, respetando, claro está, la libertad de tendencias que se puedan dar en el seno de la Augusta Institución.

No olvidemos que la Masonería es la conciencia despierta de la humanidad. Por eso trabajamos de medio día a media noche, porque mientras el resto del mundo duerme, nosotros velamos y seremos siempre los guardianes de su conciencia dormida. Nadie duda de que nosotros los Masones discutimos y elaboramos ideas en el seno de nuestros Talleres. Pero eso no es suficiente. Tenemos que incidir en la sociedad con esas ideas, a través de los medios de comunicación. Pero esto no es suficiente todavía. Tenemos que acompañar esas ideas con la acción propia que demandan los hechos sociales y el ejemplar comportamiento del Masón comprometido con sus ideas y con sus valores. Vamos a abrir paso a una Masonería más comprometida, que deslinde claramente campos con el vicio y la corrupción social. Y aquí todos tenemos la oportunidad y la posibilidad de participar en esa lucha de alguna manera.

En ese proceso tenemos que crecer cuantitativa y cualitativamente. Pero esto no supone basarse en el ciego principio de la sumatoria aritmética. Debemos saber que en política Masónica hay que ir más allá de la simple operación de la suma. A veces nuestra visión nos dice que tenemos que hacer uso de la física y entonces nos encontramos con el paralelogramo de fuerzas y aprendemos que cuando los vectores tiran para lados diferentes, la resultante puede ser igual a cero.

2. “UNIR LO QUE ESTÁ SEPARADO”.

Todos sabemos que el fin esencial de la Masonería es el perfeccionamiento integral de cada uno y de todos los Masones. Principio normativo de esa filosofía es apartar todos los odios y buscar la solución racional de los problemas. El Masón debe dedicar su acción a atemperar los espíritus y fijar la senda del progreso dentro de la fraternidad y en medio de la convivencia social. Esta obligación se acrecienta cuando se tienen cargos de responsabilidad, porque entonces, en la pirámide del mando, los derechos se estrechan y los deberes se ensanchan.

Los Grandes Maestros y las Respetables Logias que engalanan la historia de este Gran Oriente, han señalado el sendero. Ahora me toca impulsar esta nave y llevarla a puerto seguro. Esto lo haré en compañía de todos los hermanos que llevan dignamente el título de Masón y que tienen el entusiasmo necesario. Vamos a ponerle entusiasmo a nuestros trabajos, porque sin entusiasmo no se puede servir a hermosos ideales.
Por eso tenemos que consolidar la unidad de la Gran Logia del Norte de Colombia.
En cada uno de los hermanos de la Gran Logia del Norte de Colombia existen ideales que pueden vibrar al unísono. Hay muchas cosas que nos unen. Pero, como es obvio, también hay aristas que nos separan. Trabajemos con entusiasmo en lo que nos une. Pero también trabajemos en esas aristas que nos separan y nos impiden avanzar hacia metas superiores.

Queridos hermanos: Voy a cerrar el periodo de sesiones ordinarias de esta Gran Logia, que ha sido muy fructífero. Pero en la próxima tenemos que ser mejores. No olvidemos la consigna que nos llevará a la victoria: Por encima de las dificultades, hacia la unidad.

Para todos, un abrazo fraternal y muchas gracias.

JOSÉ MORALES MANCHEGO
Gran Maestro



[1] Gran Logia del Norte de Colombia. Liturgia del Grado de Maestro. Barranquilla, 1998. P. 64.

sábado, 6 de septiembre de 2008

FALLECIÓ DIRIGENTE DE LA MASONERÍA COLOMBIANA


Por: José Morales Manchego Gr:. 32


El 3 de enero de 1928 nació en Barranquilla un gentilhombre que buscó el embellecimiento de la vida mediante la cultura del espíritu y la función social de la virtud. Recibió el título de doctor en medicina y Cirugía de la Universidad Nacional de Colombia. Más tarde recibió su título de especialista en Ginecología y Obstetricia, profesión que ejerció ética y responsablemente a lo largo de su existencia.

Se trata del doctor Leonello Marte Zapata, escritor de tremendas verdades e intelectual intenso, creador y afirmativo. En 1992 la Editorial Grijalbo publicó su obra Cartas Desde las Trincheras, en la cual nos da a conocer, documental y analíticamente, toda la correspondencia escrita por su tío, Manuel Andrés Marthe Carrasco, un barranquillero que combatió en las trincheras francesas de la Primera Guerra Mundial, y que sobre la marcha, entre combate y combate, escribía y enviaba cartas a la familia en las cuales narraba lo que sucedía en los campos de batalla, en medio del espantoso cuadro de las bayonetas, los ataques con gases irritantes, los piojos, las ratas y otras peripecias del conflicto; pero también hablaba de las alondras, las mirlas y demás aves canoras, que con su agradable trino parecían aliviar los horrores de la guerra, sus miserias y sus infamias.

En 1994 el doctor Leonello Marthe Zapata lanza su libro El Aborto en Colombia, verdadero tratado médico-legal publicado por Editorial Grijalbo. En este libro, el autor plantea la regulación demográfica mediante el uso y la prescripción médica de anticonceptivos, y defiende con argumentos científicos la legalización del aborto terapéutico como una práctica más de la libertad humana. He aquí sus palabras contundentes: “En Colombia no podemos abordar la desincriminación del aborto desde el punto de vista de los dogmas de una religión, sino desde los aspectos fundamentales de la ciencia y de las características económico-sociales de nuestro pueblo” (p. 24). Y más adelante manifiesta sin tapujos: “Se que el tema del aborto es todavía entre nosotros un tema polémico, aunque ya esté superado en los países desarrollados, en donde sólo impera un criterio científico y social; criterio completamente alejado de los prejuicios o dogmas religiosos, y temo, además, que esta obra no será bienvenida y aceptada por aquellos que todavía se rigen por criterios imbuidos de preceptos confesionales retardatarios y aún de ideas políticas de derecha” (pp. 25 y 26).

En 1996 salió a la luz pública su libro Historia de la Sociedad Hermanos de la Caridad, ilustrado con imágenes del Cementerio Universal y caracterizado como un trabajo documental y “archivo de piedra”, henchido de “textos que honran la tradición de este pergamino de mármol”, para usar los términos del historiador Alfredo De La Espriella en sus “Dos Palabras” sobre la primera edición.

En febrero de 2001 aparece su libro Los Poetas Cantores de la Muerte, un volumen de 336 páginas donde fluye el sentimiento estético de la palabra que nos pone a reflexionar sobre el paso inexorable al Valle de la Eternidad.

El doctor Leonello Marte Zapata, honorable señor de obsesión pensante y hábitos meditativos, fue director de El Misionero, órgano de divulgación de la Sociedad Hermanos de la Caridad. Además, se desempeñó como catedrático y vicerrector de la Universidad Simón Bolívar, donde fue compañero de trajines académicos e intelectuales del consagrado profesor universitario José Consuegra Higgins.

Leonello Marthe Zapata fue presidente de la Masonería colombiana en el cargo de Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia. Fue presidente de la Sociedad Hermanos de la Caridad, asociación sin ánimo de lucro, integrada por hombres libres y de buenas costumbres, que trabajan por el bien común y la ayuda a los más necesitados. En esa entidad encontró la razón vital de su filosofía, como fanal que lo iluminó para ayudar a los pobres con la educación que perfecciona y el auxilio a los que nada tienen, acción que constituía para él un deber muy diferente a la tradicional limosna que a son de trompeta realizan los hipócritas, y que sólo sirve para humillar a los humildes y enmascarar la pobreza y la desdicha humana. Por eso el doctor Leonello Marthe Zapata enarbolaba la vieja divisa: “Cuando ayudes a alguien, haz que tu mano izquierda no perciba lo que hace tu derecha”.

En esa sociedad de hombres libres y de buenas costumbres tuve el inmenso honor de compartir su amistad, admirar sus virtudes y calibrar sus profundos pensamientos, los cuales no son los de un hombre dogmático, sino los de un dialéctico respetuoso de la ley, que exponía sus ideas con claridad, sujetas al devenir histórico, nutriendo la independencia del criterio como baluarte inexpugnable contra toda claudicación.

El doctor Leonello Marthe Zapata murió el 18 de julio de 2008 en su natal Barranquilla. El departamento del Atlántico ha perdido a uno de sus valiosos hijos. Se ha marchado para el Oriente Eterno, el distinguido intelectual de nuestra patria, que a lo largo de su vida trabajó con entusiasmo en las actividades que colmaron su espíritu: la ciencia médica y los estudios humanísticos. Al mismo tiempo, este ejemplar ciudadano, se destacó como verdadero gladiador contra la ignorancia, contra la ambición y principalmente contra la hipocresía. Puede decirse que hasta en los días postreros se mantuvo en guardia, siempre con la espada enhiesta contra la maldad. Fue un ser feliz porque fue bueno. Fue un luchador porque fue justo. Por eso el doctor Leonello Marthe Zapata se marchó con “el rostro en paz y el corazón en guerra”, como dice el cuarto verso del poema “Huesped sin Sombra” de la inmortal Meira Del Mar.